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William Shakespeare

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'50 Sonetos', la voz lírica de Shakespeare

Rigor, ritmo y revelación en la lengua de Ángel-Luis Pujante

La firma de Ángel-Luis Pujante garantiza seguir la vía más legítima para acceder a la voz genuina de Shakespeare, con todos sus matices. Del conocimiento adquirido en una vida dedicada al análisis y traducción de este autor emana una lucidez especial para captar los sentidos replegados en los dobleces de los versos, para desentrañar las ambigüedades objeto de tantas disquisiciones y conjeturas. También, para mantener el rigor intelectual, atenerse a lo expresado y evitar atribuciones infundadas.

Cubierta de '50 sonetos'

traducción y edición bilingüe de Ángel-Luis Pujante. Espasa Clásicos (2025), 131 páginas

50 sonetos/50 sonnets

William Shakespeare

A Pujante ya se debía un acercamiento a las primeras (y tardías) traducciones de los sonetos vertidas al español, publicadas en el último cuarto del siglo XIX y el primer tercio del XX. Igualmente, una edición y una selección, preparadas con motivo del cuarto centenario de su aparición en 1609, aparte de diversos artículos en torno a algunas versiones concretas. En varios de estos trabajos, el catedrático de Murcia ha ido señalando pasajes de cierta oscuridad o de no fácil resolución, para acabar exponiendo sus propuestas personales. En esta nueva edición, ha pulido más aún el modo de expresarlas en castellano, conforme a unas pautas muy estrictas.

La base de erudición filológica resulta esencial: de ahí haber elegido el facsímil de la primera edición londinense de 1609 impreso por la Universidad de Yale, junto con los comentarios pertinentes, en el volumen preparado por Stephen Booth, y asimismo tener en cuenta las aportaciones de Stanley Wells y de David West. Pero eso solo es el principio.

Aunque, ciertamente, en los últimos decenios se han multiplicado las traducciones, ninguna ha logrado reunir en conjunto, como en este volumen, elementos suficientes como para poder juzgarse de interés en sí misma, con independencia de la fuente y, más de una vez, aventajando en estética a la composición de partida.

Los versos de Pujante sumergen al lector en un lirismo y una métrica que emparejan el mundo isabelino y el Siglo de Oro español, lo que implica transmitir toda una época. Pero, además, la musicalidad lograda abre todo un panorama de sugerencias, de reminiscencias: cada soneto traducido funciona a modo de espejo que proyecta la luz del original y se la devuelve en nuevos reverberos. Además, aclara la complejidad conceptual, silogística o paradójica de Shakespeare sin simplificarla.

El catedrático de Murcia mantiene la estructura del soneto isabelino, con sus endecasílabos y rimas consonantes, como mantiene el significado y, con frecuencia, la literalidad, de los contenidos. El esfuerzo sin condiciones por ajustarse a tales límites –con las dificultades añadidas, dada la distancia expresiva entre el español y el inglés–, alimentado por toda la trayectoria anterior, genera un acierto tras otro, particularmente patente cuando se han leído otras versiones. Por ejemplo, en el soneto 87 «In sleep a king, but waking no such matter – duermo y soy rey; despierto y sueño ha sido» (pp. 90-91), el verso de Pujante reproduce las dos partes del de Shakespeare, pero con un patrón casi especular, que crea mayor ritmo y equilibrio, mientras que la tensión entre ambos estados refuerza el contraste entre ilusión y realidad. En «Mas la hoz del tiempo no podrá vencerte / si la retas con hijos a tu muerte», las aliteraciones y el verso heroico en combinación con el melódico añaden fuerza a los pareados finales y subrayan el carácter epifonemático de «And nothing ‘gainst Time’s scythe can make defense / Save breed to brave him when he takes thee hence» (pp. 32-33). En el soneto 146, se transforman los sencillos contrastes y paralelismos «Buy terms divine in selling hours of dross; / Within be fed, without be rich no more», en unas antítesis más vivas y poderosas, apoyadas por la aliteración de las bilabiales y dentales: «Compra lo eterno, vende el vano día; / por dentro nútrete, por fuera ayuna» (pp. 120-121).

Estas son solo algunas muestras que refrendan cómo cada verso de Pujante es fruto de un largo proceso de estudio y de reflexión, al que se añaden fuertes dosis de perspicacia, de sentido del ritmo y de talento poético.

La selección parece obedecer al intento de conjugar una perspectiva temática amplia, de no concentrarse en determinados asuntos y de abordar los enfoques más singulares. Solo a título ilustrativo, mencionaremos que el tópico sobre la necesidad de procrear, como modo de vencer el declive y la consunción inevitables, presente en los sonetos 1-17, se condensa en el primero, tercero, octavo, duodécimo y decimoséptimo, aunque el tema del tiempo y de la muerte se prodiga en otros muchos. Más espacio relativo se da al poder de la poesía y su ejecución por parte del yo poético, asunto de los sonetos 18-24, pues Pujante traduce los números 18, 19, 21 y 23, aparte de otros en que también comparece, como el 54, el 55, el 60, el 81 o el 100. También se concede mayor atención proporcional al valor de amar y ser amado frente a contar con una estirpe famosa, fortuna social o económica, y sobre cómo aquello compensa de las pérdidas sufridas, a través de los sonetos 25, 28, 30 y 31. Los debates internos entre el dolor y el perdón, motivo de los sonetos 33-42, se concentran en los números 33 y 34. No dejan de aparecer los dedicados a amores más o menos concretos, con disquisiciones sobre la propia actitud ante las relaciones o sobre cómo abordar, manejar o rehacerse de las ausencias, de engaños y traiciones, del amor no correspondido o del posible abandono.

En definitiva, estos sonetos aúnan la originalidad con la destreza para marcar en español la belleza del inglés y para recoger lo más granado de la producción shakespeariana.

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