Cubierta de 'El cómic como fuente de información'
'El cómic como fuente de información': una mirada fresca para aproximarse al mundo oriental
Una atractiva investigación que nos abre el apetito para adentrarnos en el mundo del tebeo y profundizar en las complejas relaciones nacionales e internacionales asociadas con Oriente
Se ha publicado la última investigación del catedrático Antonio Malalana Ureña. Ésta lleva por título El cómic como fuente de información para investigar las crisis en Oriente Próximo (1948-2020), y es fruto de la gran experiencia del autor como conocedor de esta particular tipología de publicación. Se trata de una de sus múltiples líneas de investigación, nacida de un interés personal por el cómic, no sólo como medio de entretenimiento, sino como fuente histórica de información.

CEU Ediciones (2024). 246 páginas
El cómic como fuente de información para investigar las crisis en Oriente Próximo
Habitualmente, los cómics son percibidos por el público general como meros compendios de viñetas que, con su estilo visual y desenfadado, hacen que el lector se sumerja en su historia. Malalana nos aporta un nuevo punto de vista, innovador y poco trabajado. Este proyecto nos invita a mirar al cómic con ojos de historiador, considerándolo como una fuente de conocimiento y estudio.
El tema se delimita en base a dos parámetros principales. Por un lado, de tipo geográfico; por otro, de carácter cronológico. Así, y a lo largo de sus 246 páginas, esta obra nos conecta con Oriente Próximo y su complejo desarrollo histórico entre 1948 y 2020.
La elección de estas fechas no es baladí, puesto que el autor traza un seguimiento temporal desde la creación del estado de Israel hasta la emergente crisis contemporánea de refugiados. Para asegurar el seguimiento por parte del lector y garantizar su comprensión, aporta también diversos recursos. Desde un claro índice hasta detalladas líneas cronológicas, avanzamos por la guerra civil en el Líbano, la Revolución Islámica en Irán, el impacto del 11S o la Primavera Árabe.
Después de una primera contextualización histórica, que facilita la interpretación de las fuentes que se presentan más adelante, aparece una interesante clarificación por parte del autor. Comparte con nosotros no sólo la organización de contenidos y los objetivos que busca lograr con este proyecto, sino las principales dificultades que ha tenido que enfrentar. Entre ellas, la selección detallada de hasta 264 títulos que han sido cuidadosamente elegidos y catalogados en tablas recogidas en la segunda parte de la obra.
Todo ello va acompañado por una descripción de los géneros fundamentales entre los que se mueven los autores analizados por el historiador. Aquí podemos destacar lo interesante de profundizar en el cómic propiamente dicho, explorando algunas de sus variantes como el graphic memoir, el visual travel journey o el comic jounalism.
Sin alejarnos mucho de la disciplina periodística, que se interrelaciona estrechamente con la Historia, el punto de partida de esta tipología de fuente es de sobra conocida para el público. Malalana lo sitúa en manos de Hergé, el historietista belga gracias a cuya imaginación conocimos a Tintín. Una de sus primeras aventuras, Tintin au Pays de l’or noir, es el pistoletazo de salida para este estudio del cómic en Oriente.
A continuación y de la mano del autor hacemos un segundo recorrido por los distintos conflictos de la región. Pero en esta ocasión el contenido no se centra en el contexto histórico, sino en un análisis temático.
A través de un estudio detallado de cada uno de los conflictos elegidos, Malalana se centra directamente en las historietas más importantes para comprender cada uno de ellos. Al más puro estilo Maus, recorremos Oriente Próximo de extremo a extremo. Siempre de la mano de quienes lo han trabajado y vivido en primera persona.
Gracias a ellos podemos conocer los más íntimos detalles de la opresión, el terrorismo, el miedo y el sufrimiento. Es una ventana abierta, a la que hombres y mujeres corrientes nos permiten asomarnos para mostrarnos la realidad de sus vivencias.
Entre experiencias familiares, particularidades culturales e incluso superhéroes, el estudio de estos cómics acerca a Occidente al auténtico Oriente. El que se esconde detrás de las ideas y los prejuicios. El que nos muestra, auténticamente, toda su crudeza.
El acompañamiento de imágenes e ilustraciones, tanto de las portadas como de diversas escenas de las fuentes escogidas, nos acercan aún más si cabe a ello. Mediante una combinación de arte, diálogo e historia, la inmersión del lector está garantizada.
La redacción clara y experta de Antonio Malalana nunca pierde la rigurosidad propia de un catedrático de su experiencia. Pero con ello tampoco cae en la repetición ni el tedio que puede surgir en las investigaciones humanísticas. Su estilo didáctico y organizado invita a la lectura, y facilita el seguimiento de la misma, especialmente al abordar un momento histórico tan complejo como este.
Todo lo anterior se completa con un magnífico ejercicio de clasificación y documentación bibliográfica. La división entre fuentes de estudio sobre Oriente Próximo y fuentes sobre el cómic se junta con una tabla final organizada en base a criterios como guionista, ilustrador y título.
Estamos, en conclusión, ante un gran proyecto que trata una cuestión cada vez más en boga, y en el que el autor refleja indudablemente qué es una investigación histórica. Definitivamente recomendable para quien esté interesado en este periodo, este tipo de publicación o simplemente busque aproximarse a esta temática de una forma concisa y asequible.