Jorge Corrales, autor de 'El escritor y la espía'
Entrevista a Jorge Corrales, escritor
«La Stasi hubiera dado lo que fuera por tener lo que tienen hoy todos los servicios de inteligencia»
Jorge Corrales vuelve a las librerías con El escritor y la espía (Planeta) donde muestra hasta qué nivel de sofistificación llegó la Stasi en la Alemania oriental en su búsqueda del control de los ciudadanos
El planteamiento de la novela El escritor y la espía (Planeta) es inquietante: ¿y si uno de los servicios secretos más crueles que han existido en el mundo, la Stasi, hubiera desarrollado un sistema de espionaje tan efectivo que hasta lograra extraer los pensamientos más íntimos de las personas?
Con esa premisa el escritor Jorge Corrales construye una trama desconcertante sobre hasta qué extremos llegó la Stasi a la hora de controlar a los ciudadanos en la Alemania comunista.
Un escritor bloqueado descubre en un manuscrito un breve texto calcado, palabra por palabra, a un fragmento de su única novela. El hilo del que tira le lleva hasta la Stasi y sus técnicas de control mental para someter a la ciudadanía.
Jorge Corrales recibe a El Debate para contar los entresijos de su muy recomendable novela.
–Con esta novela regresa a Berlín, ciudad en la que vivió y donde también se desarrolla la trama de su anterior novela, ‘Las chicas del muro’. ¿Qué es Berlín para usted?
–Yo siempre digo que Berlín es mi ciudad, y no lo digo como una boutade. Berlín fue el lugar al que yo llegué siendo muy joven y donde he madurado como persona y como escritor.
Yo llegué a Berlín sin ser escritor y salí de Berlín no solo siendo escritor, sino habiendo aprendido un montón de cosas. Aunque ahora viva en Madrid, realmente mi ciudad sigue siendo Berlín, es el lugar que mejor conozco –un escritor, al final, tiene que escribir sobre lo que conoce–. Sus calles, la gente que la habita y las historias de la ciudad son las que me han hecho escritor.
Cubierta de 'El escritor y la espía', de Jorge Corrales
Para mí, aunque suene raro, es mucho más fácil hablar de Berlín que de Madrid. Madrid no la siento tanto como una ciudad mía, no la acabo de comprender, no la entiendo. Sin embargo, Berlín, aunque tengo una relación de amor-odio, como se tiene con las personas que quieres, la considero más parte de mí que cualquier otra ciudad del mundo.
–Creo recordar que era Hemingway quien decía que solo se podía escribir de un lugar cuando ya no se vivía en él. ¿Comparte ese análisis?
–Sí. Yo digo que Berlín para mí es como una expareja con la que tienes una buena relación, pero de la que aún tienes buenos y malos recuerdos. Para mí eso es Berlín. La primera vez que volví a Berlín después de haberme mudado tuve unas sensaciones como no había tenido nunca: esas calles que había habitado, esos lugares donde me han pasado miles de cosas, de repente ya no eran míos.
Por eso digo que es como una expareja, porque tienes esa especie de confianza, como cuando ves a alguien con la que has mantenido una relación, pero ya no estás allí. Es una sensación complicada, pero que a la vez es muy fácil para escribir, porque te provoca emociones, que al final es lo que busca el escritor.
–Parece que vivimos en una época de idealización de los regímenes comunistas de Europa del Este. No hace tanto tiempo, el exministro Garzón difundía una fotografía con la camiseta de la República Democrática Alemana. Luego encontramos organismos como la Stasi, donde se entraba pero no se salía. ¿Echa de menos una condena generalizada de los regímenes comunistas en la Europa de hoy al igual que se condenan los fascismos?
–Uno de los temas del libro, para mí uno de los más interesantes, es que no existen blancos y negros en política. La Stasi es una de las…, es que no sé ni siquiera si llamarle organización o asociación política porque estaba por encima de la política. Era algo absolutamente deleznable.
Pero, precisamente, de eso va la novela, de que hasta en los peores lugares del mundo puede haber cosas interesantes y, sobre todo, que cuando aplicamos el blanco y el negro no encontramos contradicciones, que para mí es lo más interesante de la novela.
Un momento de la entrevista con Jorge Corrales
Esta novela está llena de contradicciones. Todos los personajes se contradicen todo el rato tanto política como sentimentalmente. Para mí eso es algo que tenía el régimen comunista de la DDR (Alemania Oriental), un gobierno supuestamente creado para el pueblo y por el pueblo y que, sin embargo, era un gobierno (ni siquiera un gobierno, porque era la Stasi que estaba por encima del gobierno) que vigilaba y mantenía en un nivel de desinformación total a su sociedad y no la dejaba ser libre.
En esas contradicciones me parece muy interesante esa época, y precisamente por eso he escrito este libro.
Por otro lado, dentro de esas contradicciones, también hay cosas que he aprendido y que no conocía como que la sociedad civil toleraba mucho mejor el papel de la mujer en la Alemania del este que en la del oeste.
En la Alemania del oeste la mujer ha ido recuperando derechos poco a poco. Sin embargo, en la Alemania del este, la mujer tenía muchísimos más derechos dentro de una sociedad que era muchísimo más restrictiva. Todo ese tipo de contradicciones para el escritor son muy interesante.
En cuanto a las condenas políticas, a mí me dan mucha rabia porque al final las condenas políticas no se hacen en base a una realidad, sino que se miran desde nuestra realidad.
Alemania ha hecho un trabajo maravilloso en los últimos años para que su sociedad sea cada vez más demócrata, y creo que desde España se juega a mirarlo como un blanco y negro, a hablar de una política más italianizada, que es en lo que se está convirtiendo, poco a poco, la política alemana, pero no ha sido así durante muchos años.
Alemania es un proceso de reunificación que no es completo, pero que ha puesto un empeño desde la sociedad civil y desde los gobiernos por intentar aunar los valores democráticos de la Alemania del oeste con una sociedad muy fuerte en la Alemania del este, e intentar llevarlos hacia un nuevo lugar. Creo que no lo han conseguido del todo, pero sí que han dado pasos muy interesantes.
–En la novela plantea una estrategia de la Stasi para espiar a sus propios agentes y tener acceso incluso a los más íntimos de sus pensamientos y sentimientos. ¿Llegó la Stasi a ese nivel de sofisticación en sus planes de represión y control de la sociedad?
–La Stasi hubiera dado lo que fuera por tener lo que tienen hoy todos los servicios de inteligencia. La Stasi, que quería tener un control total y una vigilancia férrea de todos sus ciudadanos, se encontraba con que sus ciudadanos hacían algo muy normal que era mentir, y no podían llegar hasta dentro de sus ciudadanos, que era lo que realmente querían.
¿Qué sucede? Que ahora nosotros, libremente, en el mundo digital, damos nuestra información sin ningún problema y con la benevolencia de los ciudadanos de todos los países del mundo. Es una información brutal que la Stasi habría soñado con ella.
Todo esto nace de la Conferencia de Finlandia (1975) en la cual los países del bloque del este dan una cierta apertura a sus ciudadanos presionados por la parte occidental de Europa y Estados Unidos.
Cuando dan esa especie de libertad se dan cuenta de que no pueden controlar lo que hacen sus ciudadanos, entonces deciden hacer una vigilancia total. Es ahí donde entra la Stasi y pasa de ser un servicio secreto, como cualquier otro servicio secreto al servicio del Estado, a ser el sistema de vigilancia más grande de la historia.
–Además de ser una novela de espías, El escritor y la espía es también una novela de escritores protagonizada por un aspirante a escritor, o un escritor frustrado. ¿Es Daniel Medina un reflejo de tantos aspirantes a escritores, desconocidos, muchos con muy buenas novelas, pero que por carecer de nombre o de padrino jamás verán su novela en librerías?
–Esto nace de una sensación en la que da igual si has publicado veinte libros o si no has publicado ninguno, que es el desasosiego por no poder escribir algo que quieres escribir.
Yo he vivido un bloqueo muy grande como escritor. Pasé cinco años sin escribir. Tuve la suerte de conocer a mi terapeuta, que logró desbloquearme. Hizo un trabajo muy grande conmigo y consiguió desbloquear esa parte. Pero hablando con compañeros, el bloqueo de escritura no tiene tanto que ver con el proceso creativo, sino con la situación personal en la que se encuentra el escritor.
Muchas veces no podemos escribir porque nuestro contexto no nos permite escribir o porque nosotros nos estamos poniendo un freno a la hora de escribir.
Es una sensación muy desasosegante, muy negativa que te impide hacer algo que amas. Ahí está Daniel Medina, ahí estuve yo una vez, y en mi novela quería hablar de cómo es el proceso de salir de ahí, de conseguir volver a amar algo que amabas.
Mi solución, y la solución de Daniel Medina, es no intentar buscar un resultado, no intentar conseguir algo, si no amar el proceso. Amar aquello que estás haciendo. Ahí es donde reside la llave para conseguir desbloquear lo que sea que te haya bloqueado.
–Usted también superó una verdadera carrera de obstáculos para publicar su primera novela…
–No, perdona que te contradiga, pero soy uno de esos pocos escritores afortunados. Yo trabajo como profesor de escritura, sé en qué consiste esa carrera de obstáculos, mis alumnos se enfrentan a ella, es muy complicada, y yo tuve la suerte de llegar y besar el santo.
Ni siquiera me había planteado ser novelista. Me propusieron escribir una novela y que directamente me la publicara. En esta segunda novela he tenido la suerte de tener a Leo Campos, que me ha ayudado un montón, y que, además, entendió la novela tal cual se la conté y le pareció una historia de la que podríamos sacar mucho.
No he tenido esa carrera de obstáculos que muchos escritores tiene, de pelearse por conseguir una publicación. Al revés, he sido un escritor afortunado. Muchas veces me preguntan si Daniel Medina es mi alter ego, y en absoluto. Yo soy todo lo contrario. Ahí donde él tiene un montón de problemas para publicar, para encontrar lectores, yo he tenido muchísima suerte y no puedo más que dar las gracias a editores y escritores por ponerme en este lugar.
–Usted es profesor de escritura en la Escuela de Escritores de Madrid, ¿qué consejo le daría a tantos aspirantes a escritor publicado que se encuentran con ese muro infranqueable que separa su libro de las editoriales?
–Esto lo he hablado mucho con editores y es un consejo práctico, no es un consejo teológico en el que se hable sobre el espíritu de la literatura. Es un consejo práctico y es saber muy bien a quién enviar tu novela.
Si estás escribiendo un thriller tendrás que moverlo por determinadas editoriales y hablar con determinada gente, y si estás intentando ganar el Pulitzer tendrás que hablar con determinadas personas, pero no mezclarlas.
Porque recibir 70 «noes» es muy duro. No sé si era Stephen King, o no recuerdo qué escritor, que tenía un tablón de chinchetas en su oficina con todos los «noes» que había recibido y era un tablón muy grande con muchas chinchetas.
Es muy duro recibir «noes», y muchas veces esos «noes» no tienen que ver con tu calidad como escritor, sino que te has equivocado a la hora de buscar tu lugar en el mundo de la literatura.
Hay que tener muy claro a dónde quieres ir y cómo llegar allí de la mejor menora posible.
–También, como escritor y profesor, ¿qué debe tener una novela para pasar de mediocre, o de una novela más del montón, a una buena novela?
–Una voz. Lo tengo clarísimo y se lo digo siempre a mis alumnos y está en la novela. Tener una voz no significa ser un gran literato, significa tener una forma de contar las cosas, una forma que es personal, que es única y que deja ver quién eres en realidad.
De esto va la novela, de que la literatura y la escritura dejan ver las partes más íntimas del escritor y lo hacen vulnerable. Para tener una voz, que es muy difícil, hay que escribir sin miedo, que es lo más difícil. No tener pudor a la hora de contar ciertas cosas, o no retrotraerse, porque puedo pensar que esto no va a interesar a nadie… Es un cambio difícil de hacer.
Los alumnos que he tenido y que han logrado publicar, que han conseguido tener una voz, lo que hacen es trabajar en la escritura. Porque para tener una voz y una forma de contar las cosas hay que escribir mucho hasta conseguir saber cómo te gusta escribir.
La escritura se parece mucho a aprender a pilotar un avión. Necesitamos muchas horas de vuelo antes de poder coger un avión solos.
Es muy importante escribir mucho y mal para llegar a escribir bien. La escritura es un oficio y, para aprender un oficio, hay que trabajar mucho. No tiene mayor misterio. Hay gente que tiene más talento, gente que tiene menos talento, pero, al final de todo, cuando pasas muchas horas de vuelto acabas pilotando un avión y cuando pasas muchas horas escribiendo acabas escribiendo.
–Usted se hizo un nombre como divulgador de temas relacionados con la cultura y la escritura en Twitter. ¿Qué opina de las redes sociales?
–Las redes sociales son muy peligrosas, pero son una herramienta de la sociedad y, como tal, la cultura y la literatura debería tratar de tener su lugar en las redes sociales y en el mundo digital.
Sé que es controvertido y que mucha gente lo critica, pero en las redes sociales también se puede encontrar profundidad y se puede encontrar pensamiento.
Es necesario que las personas que realmente pueden provocar una reflexión, puede atraer al mundo de la cultura a ciertos lectores deberían estar también en las redes sociales, deberían estar en el mundo digital, y deberíamos utilizar esas herramientas para que la cultura esté en todos los lugares de la sociedad.
Muchas veces nos quejamos de que la cultura es algo elitista, pues no lo hagamos elitista. Volvamos a los lugares donde no están las élites, volvamos a los lugares donde está la gente llana y hagamos cultura ahí.