Tomás Rufo pincha una faena de Puerta Grande a un gran toro de Victoriano del Río
Emilio de Justo corta un trofeo y Roca Rey levanta división de opiniones, en otra tarde de gran expectación
Tomás Rufo, con el último toro del festejo, castaño chorreado
Uno de los carteles más redondos de la Feria: primera actuación de Andrés Roca Rey junto a otras dos primeras figuras, Emilio de Justo y Tomás Rufo, con los toros de Victoriano del Río (que ya triunfó con el gran toro Frenoso, el que propició el éxito de Fernando Adrián, el viernes pasado).
Estaba asegurado el nuevo cartel de «No hay billetes» y la gran expectación, con la asistencia de muchos espectadores poco habituales (los que solían llamarse «del clavel»). Teniendo en cuenta cómo está el ambiente, también era de esperar la división de opiniones, con el enfrentamiento de los espectadores más exigentes y los más triunfalistas.
Los toros de Victoriano de Río, bien armados, encastados, de juego variado; todos han cumplido bien en el caballo; aplaudidos, primero, cuarto y el gran sexto, al que tenía las orejas cortadas Tomás Rufo pero las ha perdido por la espada. En su segundo toro, Emilio de Justo torea de verdad y corta un trofeo. Roca Rey no consigue triunfar con un toro con genio y otro, flojo: sólo levanta la habitual división de opiniones.
Emilio de Justo, entrando a matar al segundo de su lote este viernes en Las Ventas
Emilio de Justo no tuvo mucha fortuna con los toros de La Quinta y falló con la espada. Ha de apretar, esta tarde. Recibe con verónicas cargando la suerte al primero, que embiste con templanza, y empuja bien en el caballo; humilla en las chicuelinas de manos bajas de Roca Rey; replica Emilio por el mismo palo. (Eso antes no se hacía, salvo que quisieras dar al otro torero un repaso: hay que buscar la variedad). En banderillas, el toro va a más, saca casta. El trasteo de Emilio de Justo, muy decidido, tiene emoción porque el toro es exigente. Destacan algunos derechazos mandones, de mano baja; por la izquierda, queda más corto. La faena no cuaja del todo, por eso la prolonga, y falla con la espada.
El cuarto es incierto, empuja en el caballo, lo pican mal, trasero. Quita Roca Rey con el capote a la espalda: muestra así su actitud pero no es lo más adecuado lancear por arriba a un toro que derrota alto. Acierta Emilio de Justo comenzando por bajo, flexionada la rodilla, aunque el toro flaquee un poco. Luego, liga buenas series de mano baja, con emoción, porque el toro repite. Acaba con naturales de frente, uno a uno, y un gran pase de pecho. Haciendo las cosas bien, de verdad, con torería, el animal ha sacado mejor fondo de lo que creíamos. Esta vez sí se vuelca con la espada: justa oreja y aplausos al toro.
Roca Rey sigue siendo ahora mismo el diestro de más gancho popular pero Madrid siempre examina con dureza a los que vienen como primeras figuras. (Volverá el jueves 29, con toros de El Torero).
Esta tarde, lleva abiertas las bocamangas; supongo, por alguna lesión, o por comodidad. El segundo toro se llama Impuesto: ¡hombre!, es una tentación muy grande para hacer chistes fáciles… No se luce Andrés en los lances de recibo. El toro empuja bien en el caballo, metiendo los riñones. La segunda vez, apenas lo pican y eso levanta la primera división de opiniones de la tarde: está bien medir el castigo pero hay que picar. El toro conserva su fuerza, embiste con genio, rebrincado (creo que le hubiera venido bien la segunda vara, que no le dieron). Le reprochan a Roca Rey la colocación y, como tienen razón, rectifica. El trasteo, a cierta distancia, sin confiarse ni entregarse de verdad, no satisface a nadie. Mata a la segunda.
Andrés Roca Rey brindó el quinto toro a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso
Recibe al quinto con lances abriendo el compás, una chicuelina y una larga: una mezcla poco clásica. Va el toro al caballo al relance, lo pican mal y flaquea bastante, levantando protestas. Brinda a Isabel Díaz Ayuso, que es aclamada. Aunque conduce las embestidas a media altura, el toro flaquea repetidamente, desluciendo todo; también se raja a tablas. En medio de un barullo de voces, recurre al muletazo invertido, que tampoco gusta a los exigentes. Todo queda en un trasteo correcto pero anodino, sin emoción, y la esperada división de opiniones. Igual que antes, mata a la segunda. Con un toro brusco y otro, flojo, la tarde se le ha ido sin triunfo.
Tomás Rufo es uno de los jóvenes matadores más prometedores. Apenas tomada la alternativa, encadenó una rotunda serie de triunfos. La pasada temporada, toreó 20 corridas y cortó 42 trofeos. Este año, ha decidido emprender un nuevo camino, junto a Víctor Zabala: ha triunfado en Fallas, ha toreado bien en Sevilla y ha anunciado que, por primera vez, va a matar toros de Victorino, en Santander y Valladolid. Sus tres tardes en Madrid, muy bien colocado, suponen un duro reto.
El tercero no se entrega en los lances de recibo y muestra su querencia a chiqueros; empuja en el caballo pero sale suelto; puntea el capote en el intento de quite. Como tantas tardes, Fernando Sánchez clava un gran par y saluda. Comienza Tomás citando de rodillas en los medios, aguanta la fuerte embestida inicial y logra luego unos derechazos lentos, que levantan un clamor. Ya de pie, en el platillo, intenta bajarle la mano pero el toro se apaga pronto, queda corto. Un mansito como éste hubiera embestido mejor, quizá, cerca de las rayas. El toro canta la gallina, rajándose a tablas. Allí, Rufo mata mal, de cuatro pinchazos, y suena el aviso. Lo que iba para triunfo se ha esfumado.
Tomás Rufo, durante la lidia del primero de su lote
El último, un bonito castaño chorreado, blandea en los lances de recibo, va bien al caballo, le alivian el castigo. Fernando Sánchez vuelve a dejar un gran par, saliendo apurado. Brindis al público. Dándole distancia, el toro acude con alegría. Rufo cuaja series mandonas, templadas, que culminan en naturales muy suaves, de mano baja, enroscándose a la cintura a un toro que hace el avión. Tenía las orejas y la Puerta Grande en el bolsillo pero pincha dos veces, antes de la estocada, y se queda en vuelta al ruedo. Aplauden mucho también al bravo toro.
La conclusión es sencilla: con toros encastados, hace falta dominarlos, antes de ponerse bonito. Y la afición de Madrid exige torear de verdad, sin aliviarse, citando de frente, sin desplazar hacia fuera las embestidas, entregándose. Cuando se hace esto, con un toro bravo, este público, que parece tan hirsuto, también se entrega: ésa es la verdad del toreo.