Epicuro, filósofo griego
Cultura
Epicuro, filósofo: «El que menos necesita del mañana es el que avanza con más gusto hacia él»
Las lecciones de este autor se basaban en que el fin de la vida era el placer, visto desde una perspectiva espiritual y no materialista
La vida actual está plagada de preocupaciones, especialmente aquellas que miran al futuro. Muchos son los que viven condicionados a causa de lo que les esperará en los próximos años, sin saber qué sucederá exactamente. Es en estos momentos cuando las enseñanzas de Epicuro cobran más fuerza.
Este filósofo, también conocido como Epicuro de Samos, fue el fundador del epicureísmo como doctrina. Sus lecciones se basaban en que el fin de la vida era el placer, visto desde una perspectiva espiritual y no materialista.
Y es que este filósofo, uno de los más influyentes de la Antigua Grecia, dejó varias reflexiones que en la actualidad aún tienen importancia. En este sentido, una de sus frases más famosas tiene que ver precisamente con estas preocupaciones: «El que menos necesita del mañana es el que avanza con más gusto hacia él».
La filosofía del autor se basaba precisamente en lo contrario a lo que representan todos estos inconvenientes. Para Epicuro, lo importante es lo que está pasando ahora, y vivir el momento actual priorizándolo por encima de todo lo demás permite al ser humano alcanzar un mejor nivel de vida.
Por ello, centrar nuestras acciones en el día a día en lugar de en lo que pueda llegar a pasar es uno de los pasos más importantes de cara a alcanzar una vida plena. Disfrutar el camino es la clave para tener paz y bienestar, objetivo de muchos que, sin embargo, nunca consiguen alcanzar por alejarse de lo que realmente importa.
Esta lección de Epicuro resuena todavía con más fuerza en los momentos actuales. La felicidad se construye apartando las preocupaciones banales. Darle demasiada importancia a todo aquello que no podemos controlar no es más que un mecanismo para hundir a la mente humana.
Por este motivo, vivir en un estado mental de continua dependencia de los demás y de lo que ocurrirá más adelante nos priva de estar verdaderamente alegres, de no sufrir de manera constante y de no alcanzar nunca la satisfacción.