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Fachada de la Real Academia de la Lengua

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El símbolo del español que nació del ahorro

La letra «ñ» nació en las manos de los monjes copistas, que, para ahorrar pergamino, abreviaron grafías latinas como «nn»

El español es una lengua romance. Es decir, que proviene del latín, como el italiano, el portugués, el francés o el rumano. Y, aunque nuestro idioma tiene un símbolo muy distintivo, la letra «ñ», ¿alguna vez has visto una palabra en latín con dicha letra?

No, porque no existía entonces. No hay más que fijarse en las inscripciones de algunos monumentos clásicos de Roma que aún se conservan. No hay rastro de la «ñ» en latín. Entonces ¿por qué es algo tan característico de la lengua española?

Para responder a esa pregunta hay que remontarse, o avanzar, ya que hemos empezado el artículo en la Roma clásica, a la Edad Media. En concreto, a los monasterios, donde los monjes se dedicaban a copiar, a mano, los libros.

Estos guardianes del saber clásico no solo hicieron la labor de conservar, corregir e ilustrar el conocimiento del mundo antiguo, que se dice pronto. También, en afán ahorrativo, inventaron la «ñ».

El ahorro de pergamino, el origen de la «ñ»

Los monjes copistas se dedicaron, durante siglos, a compendiar el saber antiguo. Gracias a ellos, gran parte de lo que dijeron Aristóteles, Platón o Cicerón, por ejemplo, ha llegado hasta nuestros días.

Copiaban, traducían, corregían e ilustraban a mano sobre un bien escaso: el pergamino. Por ello, había que aprovechar el poco espacio del que se disponía para compilar la mayor cantidad de información posible.

Así, en latín muchas palabras se escribían con la grafía «nn». Sin ir más lejos, «annus», que significa «año». Pues bien, los monjes, en ese conocido afán austero, escribían una «n» encima de la otra. De este modo se ahorraba espacio a largo plazo. Con el tiempo, se acható y se convirtió en la virguilla que tenemos actualmente.

No solo pasaba con la «nn». También con, por ejemplo, «mn»; como en «somnus», traducido como «sueño».

A pesar de esta tradición milenaria, no fue hasta principios del siglo XIX que la RAE no aceptó oficialmente a la «ñ». No obstante, a partir de entonces, esta letra se ha convertido en un símbolo del español

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