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Castelao en una imagen de archivo

Castelao en una imagen de archivoEuropa Press

Un excelente artista y escritor, pero un pésimo político: Castelao, el nacionalista que reivindica la Xunta

La Xunta de Galicia, presidida por el Partido Popular, asume como propia la figura del político nacionalista y declara un Año Castelao

La tumba de Castelao en el Panteón de Gallegos Ilustres, en la iglesia del monasterio compostelano de Santo Domingo de Bonaval, destaca por su monumentalidad y su sencillez: un sarcófago de granito con una sencilla inscripción: «Rianxo 1886 CASTELAO B.Aires 1950», sin ningún tipo de elemento decorativo o símbolo religioso.

Sin embargo, la sobriedad no es sinónimo de austeridad. El monasterio de El Escorial es sobrio, pero es también muchas otras cosas menos austero.

La tumba de Castelao será todo lo sobria que se quiera, pero por su monumentalidad, sus materiales y su ubicación en un lugar predominante en la nave de la iglesia, no es austera en absoluto.

La tumba es la que más llama la atención, más que la de otros pesos pesados del Rexurdimento cultural gallego, como la tumba de la mismísima Rosalía de Castro.

Galicia ha construido su momento fundacional como entidad política moderna en la figura de Castelao, que se pretende que sea una suerte de padre de la patria, a imagen de Blas Infante en Andalucía, Companys en Cataluña o Sabino Arana en el País Vasco.

Un ejemplo, desde 1984, la máxima condecoración civil otorgada por el gobierno de Galicia lleva por nombre Medalla Castelao.

Esa visión ha sido aceptada por todos los estratos políticos gallegos, y unos y otros (populares, socialistas y nacionalistas) se pelean por apropiarse de su figura y de su legado.

La Xunta del Partido Popular declaró este año 2025 un Año Castelao (como si de un jubileo laicista se tratara) con motivo del 75 aniversario de su muerte y como «muestra de gratitud del pueblo gallego», como reza el comunicado de prensa de la Xunta.

Daniel Alfonso Manuel Rodríguez Castelao, nacido en Rianxo en 1886, fue un médico e intelectual que participó de los círculos galleguistas y autonomistas de la Galicia de la primera mitad del siglo XX.

Con el alumbramiento de la Segunda República entró en política y jugó un papel esencial en la redacción del Estatuto de Autonomía de 1936 (que no llegó a entrar en vigor por el estallido de la Guerra Civil). Fue diputado, presidió el Consello da Galiza, un antecedente de la Xunta en el exilio, y formó parte del gobierno republicano en el exilio.

Castelao fue un excelente artista, un dibujante sobresaliente, un historietista mordaz que supo denunciar en sus viñetas las injusticias que objetivamente, en Galicia como en otras partes de España, sufrían las clases más desfavorecidas, reunidas en su obra Cousas.

Fue también un buen escritor, con obras capitales para la literatura gallega como al sobresaliente Os dous de sempre o Un ollo de vidrio. Memorias dun esquelete, y en la obra de teatro Os vellos non deben namorarse.

Como promotor del galleguismo cultural, fue el principal impulsor de la revista Nós, donde se recogían textos literarios, ensayos históricos, artísticos y arqueológicos, y reflexiones políticas y sociales que reunía a las principales firmas de la intelectualidad gallega de la época y cuyas ilustraciones, que corrían a cargo del propio Castelao, son hoy ampliamente recordadas.

Como político, en cambio, Castelao fue un pésimo ejemplar, como ocurrió con gran parte de los políticos españoles de su época, y a su nacionalismo político se le deben muchos de los vicios y abusos de los nacionalistas de hoy.

Como político nacionalista y de izquierdas, Castelao no defendió nada muy diferente de lo que se defendía, por ejemplo, en la Cataluña de Companys, y sus modelos de autonomía como caballo de Troya hacia la independencia de la región se replicaron en los proyectos autonómicos de la Transición.

Al frente del Partido Galeguista, Castelao –que ya había resultado elegido diputado en 1931 en la candidatura de la Federación Republicana Gallega– pacta su ingreso en el Frente Popular de Manuel Azaña y sale elegido diputado en las elecciones de 1936, de manera que participó de los desmanes del gobierno frente populista que contribuyeron a deteriorar la convivencia en España en los meses previos al estallido de la Guerra Civil.

El pensamiento político de Castelao aparece recogido en su ensayo Sempre en Galiza, hoy considerado casi «libro sagrado» en la Galicia institucional y nacionalista, pero un libro de escasa calidad literaria, pensamiento político pobre y estilo panfletario.

Castelao, que a lo largo de su trayectoria galleguista peleó por recuperar la simbología y heráldica tradicional e histórica de Galicia, y que a él se le debe el que en el Estatuto de Galicia de 1936 se recuperara el cáliz y las siete cruces del Antiguo Reino de Galicia como símbolo oficial, renunció a todo ello con el estallido de la Guerra Civil y cayó en la más burda propaganda izquierdista antiespañola.

Así, diseñó según su criterio personal y sus obsesiones ideológicas un nuevo escudo para Galicia sin ninguna tradición y con claro sesgo comunista, el que hoy se conoce como «a serea».

Se trata de una sirena, inspirada en un escudo heráldico en los muros de una casona de su Rianxo natal, que sostiene entre sus brazos un escudo en cuyo interior hay una hoz labriega que envuelve una estrella roja de cinco puntas. Alrededor de esos símbolos, una cinta con el lema «denantes mortos que escravos».

El escudo se propuso en julio de 1937 en la revista Nova Galiza, como nuevo símbolo de una Galicia independiente y socialista, desprovista de toda la identidad católica y tradicional que el mismo Castelao había reivindicado desde las páginas de la revista Nós y que había plasmado en los símbolos del Estatuto de 1936.

Castelao fue también el principal impulsor del topónimo «Galiza», una fórmula adoptada del portugués con ninguna implementación en la sociedad gallega y que hoy sólo se emplea en los círculos independentistas del Bloque Nacionalista Galego, pese a lo cual pretenden imponer como nombre oficial de la comunidad.

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