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Imagen de archivo de Robert Hugh Benson

Imagen de archivo de Robert Hugh BensonWikipedia

La distopía teológica que han recomendado tres Papas y que escribió un anglicano convertido al catolicismo

El escritor Robert Hugh Benson concibió en Señor del mundo un mundo sin Dios

La búsqueda espiritual interior de todo un hijo del arzobispo anglicano de Canterbury, destinado a una carrera brillante dentro de su congregación, hizo que se convirtiera al catolicismo a principios del siglo pasado. Tras su conversión, se ordenó sacerdote y revolucionó el panorama religioso en Inglaterra.

Europa todavía no conocía ninguna de las tragedias que le sucederían diez años después. El mundo parecía dirigirse, imparable, hacia el progreso técnico.

Pero este converso, llamado Robert Hugh Benson, ya advirtió de las consecuencias de este materialismo cuando nada hacía pronosticar lo que se venía.

Y lo hizo en forma de un libro que ha conmocionado al mundo al describir, en un futuro distópico, un mundo sin Dios. Benson comprendió que la literatura constituía también una herramienta para hablar sobre lo eterno, la espiritualidad y los peligros de perderla o dejarla marchitar. Y, así, publicó en 1907 Señor del mundo.

Y tal fue el calado de la obra que Benedicto XVI, Francisco I y León XIV la han recomendado.

En su novela, Benson se adelantó con lucidez a un futuro en el que impera una tendencia pacífica en apariencia pero profundamente anticristiana, abordando temas como la tecnocracia, la eutanasia o la merma de la libertad religiosa. Señor del mundo no es solo un libro, fue una advertencia.

Los peligros de un mundo sin Dios

La obra de Benson es una de las primeras distopías del siglo pasado, el libro que plantó la semilla para las que vendrían después, como Un mundo feliz o 1984, entre muchas otras. Pero, a diferencia de las novelas distópicas venideras, el tema central de Señor del mundo es la apostasía y el abandono de la fe cristiana.

En el mundo en que se desarrolla la novela, el cristianismo, y especialmente el catolicismo, se permite florecer como una especie de superstición residual. Así, el protagonista, el padre Percy Franklin, acaba convirtiéndose en el pontífice de una Iglesia acuciada por el acoso y la clandestinidad.

La trama describe un futuro muy actual. El sufrimiento del hombre se resuelve a través de una eutanasia institucionalizada, la religión se sustituye por una espiritualidad global un tanto peregrina y la tolerancia es una forma de represión.

Una lectura actual de Señor del mundo incomoda porque nos pone delante de un espejo porque nos advierte, todavía y desde hace más de un siglo, del peligro de sustituir la fe por una distopía tecnocrática.

El libro es una reflexión sobre la fragilidad de la libertad humana cuando se la separa abruptamente de sus raíces religiosas.

Benson es el recordatorio de que una visión espiritual del ser humano es el antídoto contra la idolatría. Más que un relato de ciencia ficción, Señor del mundo es un acto de fe.

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