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«Joder la marrana» tiene un curioso origen vinícolaEuropa Press

«Joder la marrana»

Del lagar al refrán: el origen vinícola de esta fastidiosa expresión española

El dicho «joder la marrana» hunde sus raíces en los antiguos lagares, donde se denominaba así a una de sus piezas clave

En la vorágine de expresiones populares y castizas de las que está trufado el español, hay pocas que resulten tan expresivas, y opacas, como «joder la marrana». Este dicho se usa de forma coloquial para cuando algo se estropea, molesta o interrumpe constantemente algo que iba bien.

Contra lo que pueda parecer, no obstante, el origen de «joder la marrana» no se remonta a un animal especialmente fastidioso. En realidad, la «marrana» de la expresión es una pieza clave, de madera, en la elaboración tradicional del vino en los lagares.

Estas eran construcciones en las que, siglos atrás, se pisaba y se prensaba la uva. Los lagares estaban hechos, generalmente, de piedra y madera, y funcionaban mediante un mecanismo que iba ejerciendo presión, a través de una gran viga, contra las frutas para extraerles el zumo.

Y aquí entra en escena la marrana. Era una pieza cilíndrica o rectangular que formaba parte del sistema de prensado en el que descansaba la viga que hacía presión, accionada por un mecanismo en espiral. Era, por lo tanto, vital para obtener el vino. Y si se estropeaba creaba un problema grande.

Sin la marrana no hay vino

«Joder la marrana» era estropear el lagar, su mecanismo, por las razones que fueran. Por torpeza, desconocimiento o prisa, si se fastidiaba la pieza, se echaba a perder buena parte de la cosecha de uvas. La marrana era esencial en el mecanismo, por lo que moverla antes de tiempo o ubicarla mal podía implicar que todo el lagar dejara de funcionar.

Pasaron los siglos y el proceso de elaboración del vino cambió, y, con ellos, la expresión se fue separando de su contexto técnico y se lanzó de cabeza al habla cotidiana como sinónimo de algo que molesta, con aplicaciones infinitas.

Sin embargo, es el ejemplo perfecto de cómo el lenguaje conserva sus raíces en forma del rastro de antiguos oficios y prácticas que, aunque ya no formen parte del día a día, sí que lo hicieron en su momento. Algo tan básico y milenario como hacer vino no podía no dejar su impronta en el lenguaje español.

Hoy en día, cuando alguien jode la marrana, probablemente lo haga, además de sin ser consciente, sin saber que está invocando una escena que en otra época, casi en otro mundo, era habitual: un campesino rodeado de uvas en un lagar, luchando contra esa pieza de madera que no acababa de encajar. Y el vino, mientras tanto, espera a ser exprimido.

Aunque la expresión «joder la marrana» pueda resultar un tanto malsonante en realidad es una lección de historia popular. Es un dicho que nos habla de que la lengua, al fin y al cabo, es como un viñedo: vemos los frutos, pero para que la vid los dé tenemos que conocer las raíces.

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