Torerísima faena de Diego Urdiales a un manso
Sustituyendo en Bilbao a Morante, da una lección de clasicismo y sale a hombros
Diego Urdiales, a hombros entre decenas de jóvenes aficionados en Bilbao
Una tarde más, dos excelentes noticias. Con un toro manso pero encastado, Diego Urdiales, que sustituye a Morante, hace una gran faena, dicta una lección de torería, corta dos merecidas orejas y sale a hombros, llevado por una multitud de gente joven. Además, a pesar de la ausencia de Morante, la Plaza registra una excelente entrada, lo que llamamos un lleno aparente: ya sé que quedan entradas sueltas vacías pero la sensación de conjunto es muy buena. Talavante también corta un trofeo y Borja Jiménez lo pierde, en sus dos toros, por la espada.
Por la mañana, me paran por la calle para preguntarme: «La Feria de Bilbao está siendo muy buena este año, ¿verdad?». En realidad, no preguntan, buscan mi asentimiento, que les doy con gusto. Más allá de los problemas de fondo –que los hay y muy graves–, lo que manda es el resultado: vuelta al ruedo a un toro de Dolores Aguirre. Indulto de un toro de La Quinta y salida en hombros de Borja Jiménez. Lleno aparente en Vista Alegre, salida en hombros de Roca Rey y vuelta al ruedo a un toro de Victoriano del Río. Esta tarde, gran faena y salida a hombros de Urdiales. Todo eso anima a que se vuelva a hablar de toros, en Bilbao, y es muy bueno para la Fiesta.
Es cierto que el nivel de exigencia ha caído aquí enormemente pero eso sucede en casi todas las Plazas – aunque en Bilbao duele de modo especial: ésos son los bueyes con los que tenemos que arar… Y un dato psicológico algo más rebuscado: es muy positivo que la tradicional autosatisfacción de los bilbaínos con sus cosas se extienda de nuevo a sus corridas de toros…
Para sustituir al insustituible Morante, acierta la empresa al llamar a Diego Urdiales, un diestro con empaque clásico, muy estimado en Bilbao: recuerdo una entrega de premios que compartí con él, en el querido Club Cocherito. Aquí le he visto algunas de sus mejores tardes. Además, atrae a muchos partidarios suyos de la Rioja. Y tenemos todos la fortuna de que, esta tarde, cuaje una gran faena.
Los toros de Garcigrande dan un juego variado: en general, nobles y encastados pero justos de fuerzas. En el coloquio del Club Taurino, ha declarado Justo Hernández, el ganadero, que «hoy sale el toro más fiero, el más fuerte, el que más se mueve y el que más embiste». ¡Hombre!... Desde mi modesta opinión de aficionado, puedo estar de acuerdo con lo del toro más noble, pero el más fiero y el más fuerte, me temo que no.
Sale con pies el primero, colorado ojo de perdiz, bien armado. Va bien al caballo, miden el castigo, se viene arriba en banderillas. Después de unos doblones muy toreros, luce Diego su estilo clásico en los derechazos, aunque el toro protesta, humilla poco. Una faena reposada, de torero maduro. Mete la mano con la espada con gran facilidad y da la vuelta al ruedo.
Diego Urdiales, con el primer toro de su lote, colorado ojo de perdiz
El cuarto, recibido con alguna protesta, no se entrega en el capote, hace sonar el estribo y se va; en la segunda entrada, sale huyendo. Es un manso claro, al que el picador persigue, fuera de su jurisdicción. Sorprende Urdiales brindando al público. Los doblones iniciales, a dos manos, genuflexo, son los adecuados: hace años, se hubieran ovacionado (hoy, el público ni se entera). Así, ha ahormado la embestida. Sí reacciona la gente ante los excelentes derechazos de Diego, muy encajado, tirando del toro, con la muleta planchada: ¡muy bien! Los naturales de categoría, muy relajado, ponen al público en pie. Aunque el manso quiere huir a tablas. Urdiales lo sujeta y traza muletazos excelentes. El remate clásico, con naturales de frente y ayudados, no tiene nada que ver con la fea moda actual de mirar al tendido. Ha sido una faena madura, torerísima, que remata con una buena estocada: dos orejas indiscutibles y una vuelta al ruedo de verdad clamorosa, en la que ha recibido la felicitación del ganadero.
Esta temporada ha cosechado muchos triunfos Alejandro Talavante, con un estilo que a veces no alcanzo a comprender. Viene de Málaga, donde no tuvo una buena tarde (he leído frases muy duras sobre su actuación) pero el bondadoso público entra con facilidad en sus faenas vistosas.
Recibe con lances sin relieve al segundo, burraco, que empuja bien en el caballo, le pegan no poco. El toro embiste con bondad, Alejandro logra derechazos suaves, con el feo detalle de agarrarse varias veces a los cuartos traseros, para rematar las series. La faena es ligerita, con muy poco compromiso, aprovechando las bonancibles embestidas; nada, por la izquierda. Aunque el toro es noble, no ha llegado a sonar la música. Un pinchazo muy atravesado, que hace guardia, precede a la estocada: aviso y silencio.
Después del clasicismo de Urdiales, los faroles de recibo de Talavante en el quinto resultan estrambóticos, aunque se aplaudan. El toro va pronto al caballo y mide el castigo muy bien Manuel Cid. Tiene el buen detalle Alejandro de brindar el toro a Urdiales. Si, además de eso, intentara seguir su camino de torería clásica, sería mejor. Pero no lo hace: embarullados muletazos cambiados de rodillas, series muy cortas, encimismo, desplantes… Metido entre los pitones, no nos sorprende la voltereta. No se puede discutir el valor que hace falta para torear así pero, en arte, no todo vale igual, ni mucho menos. Mata con facilidad y se arrodilla delante del toro: oreja. En el callejón, se abrazó con Urdiales.
Alejandro Talavante sufrió una voltereta en el quinto de la tarde
Borja Jiménez alcanzó el cielo el miércoles con el histórico toro Tapaboca, el primero indultado en Bilbao. Es una suerte que te toque un toro tan bravo pero también es una papeleta no quedar desbordado por su bravura y Borja lo consiguió. Le corresponde ahora la difícil tarea de no bajar de ese nivel. Lo reciben con una ovación.
Acude a porta gayola en el tercero. (¿Por qué, en esta suerte, se colocan ahora tan lejos, casi en el centro del ruedo? Me parece exagerado). El toro sale con pies, Borja encadena faroles de rodillas, verónicas y chicuelinas: una mezcla heterodoxa pero que muestra su voluntad. Lo que más aplauden, como siempre, lo peor: rematar mirando el tendido. Debería suprimirlo. El toro se mueve con alegría pero flojea mucho, la suerte de varas es mínima y, aún así, la evidente flojera levanta una fuerte protesta. La acalla brindando al público y citando de rodillas, en el centro, para derechazos que el toro toma con codicia. Ya de pie, conduce con templanza las embestidas del noble toro: habría sido excelente, si hubiera tenido más fuerza. Alguna caída desluce el trasteo; pronto, además, se para. Entra a matar Borja desde muy lejos, dando varios pasos, como suele: deja media perpendicular y descabella a la segunda. Entre la flojera del toro y la espada, todo se ha diluido.
También acude a porta gayola en el último, que queda cortito y huye, rebotado, de un caballo a otro: recibe sólo algunos picotazos. Sin una duda, Borja lo engancha en seguida en la muleta y el toro responde, repitiendo. Se lo enrosca a la cintura, mandando mucho, aunque el toro embiste desigual: logra muletazos largos, limpios, pero también pasa algún momento de apuro. Es una faena de entrega y de técnica. Vuelve a entrar a matar desde muy lejos y pincha, aunque el toro se eche: vuelve a perder el triunfo. Lamento repetirme, pero creo que se equivoca. Con esa técnica, está perdiendo muchos triunfos: él y su apoderado sabrán por qué no lo corrigen.
Muletazo de rodillas de Borja Jiménez, que salió este miércoles a hombros tras indultar a un toro
En el momento actual, es frecuente que, cuando sale un toro claramente manso, el diestro se inhiba. Es un error: los toros mansos tienen también su lidia. Muchas grandes figuras se han consagrado lidiando toros mansos. Lidiar a un toro manso puede tener mucho más mérito y más emoción que una faenita a un torito que «se deja». El no verlo así nace de la ignorancia del público y de la falta de criterio de los que atienden solamente a la estética.
Recordaremos esta tarde de Bilbao por la gran faena de Diego Urdiales a un toro manso. A lo largo de los años, le he visto muchas faenas: ésta ha sido, para mí, una de las mejores: una lección de torería, de madurez, de sabiduría, de buen gusto.
Con un diestro riojano, es lógico recordar a su paisano Gonzalo de Berceo. Con su encantadora ingenuidad, se disculpaba por escribir versos «en roman paladino, / en el cual suele el pueblo fablar a su vecino». Y, con modestia, pedía, como recompensa, «un vaso de bon vino». De la Rioja, naturalmente. Ese mismo vaso de buen vino, con sabor y aroma de torería clásica, levanto yo hoy en honor del riojano Diego Urdiales.
Diego Urdiales, tras cruzar la Puerta Grande de la Plaza de Toros de Vista Alegre
POSTDATA. He conocido, como espectador, espectáculos de entrada sin numerar y numerada. Lo que nunca había visto es lo que ahora mismo sucede en la Plaza de toros de Bilbao: las entradas son numeradas pero los acomodadores no saben colocarte y la gente, muy amable, en la zona donde yo estoy, te tranquiliza: «No se preocupe. Póngase donde quiera. Aquí, nadie está en su sitio». ¿Y si ocupo sin querer la localidad que le corresponde a otra persona? «¡No pasa nada! Se coloca en otra que esté libre y todo arreglado». Me imagino lo que sucedería en un campo de fútbol, con este criterio: las broncas serían épicas. En contra de lo que algunos creen, el espectador de toros suele ser apasionado pero pacífico, educado: no pasa nada, todos acaban sentándose, en cualquier sitio libre. El barullo de movimiento de gente puede imaginarse. Sí me avisan algunos espectadores para que no me ponga al lado de una de las escaleras que suben hasta lo alto del tendido: durante toda la corrida, también durante la lidia de los toros, hay gente que sube y baja. Van al bar, a por copas; vuelven del bar, con las copas en la mano; van al baño; vuelven del baño… No importa que te tapen la visión, todo el mundo es muy amable, pero el trajín es constante; la sensación de falta de seriedad, también. ¿Está esto a la altura de lo que han sido los toros en Bilbao?