«Volver al Bilbao de siempre»: balance de una Feria histórica
Las Corridas Generales han supuesto un acontecimiento mucho mayor de lo esperado. Conviene hacer un balance sereno, sin apologías ni derrotismos, y plantear una razonable perspectiva de futuro
Roca Rey, Diego Urdiales y Borja Jiménez salieron a hombros en días de lleno en la Plaza
Es indiscutible que las Corridas Generales de Bilbao han supuesto este año un acontecimiento mucho mayor de lo esperado. Apenas concluidas, conviene hacer un balance sereno, sin apologías ni derrotismos, y plantear una razonable perspectiva de futuro.
Tradicionalmente, la Feria de Bilbao suponía una de las tres cumbres de la temporada, junto con las de Madrid y Sevilla. Se caracterizaba por la seriedad de los toros; también, por el señorío y la categoría de la Plaza, perceptible en el cuidado de todos los detalles.
Dos datos concretos significativos: el apartado de los toros que van a lidiarse, en Bilbao, es una ceremonia de una solemnidad que no tiene comparación, en toda España. Además, Bilbao ha sido siempre cuna de muy serios y exigentes aficionados: muchos de ellos han pertenecido al Club Taurino y al Club Cocherito (el más antiguo de España, junto con el de Murcia).
Borja Jiménez, acompañado de muchos jóvenes en un salida a hombros
Son propietarios de la Plaza el Ayuntamiento de Bilbao y la Casa de la Misericordia. Hace años, acudían regularmente a Vista Alegre el Lendakari y el Alcalde de Bilbao. Me temo que ya no. Y no me parece que el Ayuntamiento se ocupe mucho de apoyar esa Plaza, de la que es copropietario. Ya he señalado, por ejemplo, que ni siquiera menciona la Feria taurina en su periódico, dedicado a las Fiestas.
Se equivoca hasta por su conveniencia: las Corridas Generales continúan atrayendo a muchísimos turistas, venidos de muchos lugares. Recurro a mi modestísima experiencia: este año, he saludado yo a aficionados venidos de Madrid, La Rioja, Sevilla, Huelva, Granada, Extremadura, León… También, de Méjico y de Francia. En los hoteles más taurinos, el Ercilla y el Indautxu, por ejemplo, pueden corroborarlo.
Gestiona la Plaza el grupo empresarial BMF, formado en 2017 por la unión de la Casa Chopera, una de las españolas de más solera, y el poderoso grupo mexicano BAL, propiedad de la familia Bailleres, dedicado a negocios de minería, metalurgia, servicios financieros, petróleo… (Hace años, se llegó a hablar incluso de que este grupo aspiraba también a gestionar nada menos que la Plaza de los Toros de Sevilla: todo quedó en nada).
Todo esto forma parte ya de la historia. Como dice Jorge Manrique, en sus Coplas, «vengamos a lo de ayer». La Feria de este año anunció seis festejos mayores: una novillada picada y cinco corridas de toros. (Además, el memorial Iván Fandiño de novilladas sin caballos, en honor al último gran torero vasco: el 25 de agosto se cumplen veinte años de su alternativa).
Siguiendo la cronología, ni el festejo inicial ni el final tuvieron especial relevancia. En cambio, las tres corridas centrales, el meollo de la Feria, han acumulado una cantidad de acontecimientos superior a lo que el más optimista aficionado podía esperar.
Borja Jiménez, con el toro al que indultó en Bilbao, de nombre Tapaboca
Éstos son algunos: el martes 19 de agosto, vuelta al ruedo al toro Yegüizo, de la ganadería de Dolores Aguirre, recordada aquí siempre con especial cariño. El miércoles 20, la bomba: indulto del toro Tapaboca, de La Quinta, el primero que se otorga en toda la historia de esta Plaza, y salida a hombros de Borja Jiménez. El jueves 21, tarde rotunda de Roca Rey, que cortó tres orejas y salió a hombros. El viernes 22, faena clásica excepcional de Diego Urdiales, que había sustituido a Morante (un acierto de la empresa).
Además de los dos premiados, destacaron claramente, el jueves, el quinto toro de Victoriano del Río, Cantaor, que propició el éxito de Roca Rey; el sábado, el sobrero de Fuente Ymbro, Hostelero, al que cortó una oreja Fernando Adrián.
Roca Rey salió a hombros en un día de gran lleno en Vista Alegre
Con estos resultados, me imagino los equilibrios que tendrán que hacer este año los distintos jurados para que no queden fuera de los premios ninguno de los que lo merecen. Victoriano del Río ha ganado ya el premio a la corrida más completa y brava del ciclo.
La asistencia de público fue modesta, como era de esperar, en la novillada, la primera corrida y la última; excelente, cercana al lleno, en los tres días centrales. Queda claro que, hoy en día, en Bilbao (igual que en casi todas las Plazas españolas), el gran público sólo acude a ver a las primeras figuras. Así estamos.
Con el optimismo a que invitan estos resultados, uno de los empresarios, Manuel Martínez Azcárate, manifestó el último día de Feria, en los Coloquios de Vista Alegre, que la tarea pendiente era «volver al Bilbao de siempre». Estoy de acuerdo totalmente, al cien por cien, pero ¿cómo se logra eso?
Es muy bonito decir que la política no debe mezclarse con los toros pero la realidad cotidiana nos demuestra que no es así. Un ejemplo claro: toda España ha podido enterarse de que, en esta Semana Grande, ha recorrido las calles de Bilbao una manifestación (autorizada por la Audiencia Nacional) en defensa de los presos etarras. Los que simpatizan con esto, ¿cómo van a apreciar una Fiesta tan española como los toros? Y no olvidemos la permanente ambigüedad del PNV y del PSOE vasco.
El sistema educativo que desde hace años ha implantado el nacionalismo en el País Vasco no es precisamente el clima adecuado para que los jóvenes sucedan a tantos grandes aficionados de esta tierra que han ido desapareciendo.
A pesar de eso –y ésta es una de las mejores noticias– este año se ha percibido también en Bilbao un fenómeno social indiscutible: la vuelta a las Plazas de toros de muchos jóvenes. Quizá lo hacen por reacción contra las prédicas antitaurinas del ministro Urtasun o por lo que sea, pero es un hecho. Y, como en otras Plazas españolas, hemos visto también en Vista Alegre un fenómeno que empezó con Morante y que se ha extendido: cuando un diestro sale a hombros, muchos jóvenes se lanzan al ruedo para sacarlo ellos, o para acompañarlo en su triunfo. Contemplar eso en la arena oscura de Bilbao es algo realmente nuevo y muy positivo, para el futuro de la Fiesta.
La contrapartida que esto tiene es que contribuye a la bajada del nivel de exigencia, en todas partes; también en Bilbao. La dureza del entendido público bilbaíno – e temo– ya es historia. Merece elogio, aunque muchos lo censuren, el Presidente, Matías González, que lleva años luchando para que el listón de Bilbao no baje demasiado.
Matías González, Presidente de la Plaza, muestra el pañuelo naranja del indulto a Tapaboca
En Vista Alegre he escuchado varias tardes gritos de aficionados contra la empresa. No es algo exclusivo de aquí, se da también en otras Plazas –incluida Las Ventas–, en los sectores más exigentes. Pero no olvidemos que la mejor defensa de la Fiesta es acudir a la Plaza, no sólo los días de relumbrón…
En Bilbao, algunos aficionados denuncian la falta de atención y cuidado en muchos detalles, que daban categoría y señorío a esta Plaza. Ejemplo claro: ver cómo muchos espectadores ocupan cualquier entrada que quede vacía; también, cómo muchos entran y salen del tendido, vaso en mano, incluso durante la lidia. Eso es algo que hubiera sido impensable en aquella modélica Vista Alegre que yo he conocido y disfrutado.
Sin reivindicar ningún protagonismo, también la prensa juega un papel importante para la difusión y la imagen de la Fiesta. Hace años, esta Plaza fue la pionera en crear un palco de prensa, con pupitres para escribir, que funcionaba perfectamente. De hecho, lo copiaron en Valencia y en Las Ventas. Con la reforma de la Plaza, ese palco desapareció. ¿Por qué? Lo ignoro. No era ningún privilegio, no perjudicaba a nadie y facilitaba el trabajo de los periodistas.
Diego Urdiales acudió a la Feria como sustituto de Morante y salió a hombros
La Feria de Bilbao ha coincidido siempre en fechas con la de Málaga. Hace años, no había comparación entre las dos, en la importancia taurina y mediática. Ahora… Este año, al comienzo de la Feria de Bilbao éramos muy pocos los cronistas de medios de ámbito nacional, no local, que estábamos en Vista Alegre. Varios compañeros habían elegido ir a Málaga. Luego, quizá la noticia del indulto hizo que cambiaran de criterio. En todo caso, el síntoma es muy alarmante. La empresa de Bilbao debería reflexionar sobre eso.
La conclusión no es totalmente blanca ni negra: así suele ser la realidad, si uno no es fanático. Al acabar la Feria, desde luego, uno tiene que ser algo más optimista de lo que era al comienzo porque han sucedido en Vista Alegre cosas importantes. Pero el brillo indiscutible del toro indultado y de las faenas de Urdiales y de Roca Rey no debe tapar otras negruras evidentes. Mis amigos bilbaínos coinciden en estar muy preocupados por el futuro de la Plaza.
El objetivo de todos debe ser dar la vuelta a la decadencia y a la desidia, recuperar la profunda conexión que antes había entre la sociedad bilbaína y los toros; es decir, «volver al Bilbao de siempre».
Algunas de las cosas que habría que hacer, para conseguirlo, son, ahora mismo, imposibles. Pero no todas. Hay bastantes aspectos que sí se pueden remediar, si de verdad se quiere hacerlo. Es imprescindible, para ello, que trabajen juntos, cada uno en su terreno, los taurinos de la ciudad, profesionales y aficionados. Si no se hace, dentro de un año seguiremos diciendo lo mismo.