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El cantante Bad Bunny actuando en Madrid

El cantante Bad Bunny actuando en MadridEuropa Press

Las expertas que estudian a Bad Bunny defienden lo absurdo: «Puede ser machista y feminista a la vez»

Dos profesoras que han escrito un ensayo sobre el fenómeno cultural de Bad Bunny defienden que las críticas por el perfil de las mujeres que suben a 'la casita' reflejan un problema social más amplio

Las críticas surgidas en redes sociales por el perfil de las mujeres que suben al escenario de 'La casita' durante los conciertos de Bad Bunny en Madrid han reabierto un debate que acompaña al artista puertorriqueño desde hace años: la convivencia entre un discurso progresista y feminista y elementos que algunos consideran una reproducción de los mismos estereotipos que denuncia.

Lejos de esquivar la polémica, las profesoras Vanessa Díaz y Petra R. Rivera-Rideau, dos de las académicas que más han estudiado la figura del cantante, sostienen que esa contradicción forma parte de la propia identidad artística de Bad Bunny.

«Puede ser machista y feminista a la vez», asegura Díaz en una entrevista con Europa Press al reflexionar sobre el contenido de su libro P FKN R. Bad Bunny y la música como acto de resistencia, publicado el pasado año.

Las críticas a la elección de mujeres para 'La casita' aparecieron cuando varios asistentes señalaron que las mujeres seleccionadas compartían características físicas similares. Para Rivera-Rideau, el problema trasciende a la persona encargada de escoger a las participantes.

«Si ese muchacho al que se le está diciendo que tiene la culpa porque está cogiendo a las mujeres mañana se pone enfermo, habrá otra persona que va a escoger a las mujeres y van a lucir igual», afirma la profesora. «Sí, porque es un sistema de belleza».

Las académicas consideran que centrar la responsabilidad en una sola persona simplifica una realidad mucho más compleja. Según explican, detrás de esas elecciones operan factores sociales relacionados con los cánones estéticos dominantes, la clase social y la raza.

Bad Bunny en su 'casita'

Bad Bunny en su 'casita'

Díaz apunta además a otro elemento que, a su juicio, influye en quiénes tienen más posibilidades de ser seleccionadas: el perfil económico del público que accede a las zonas más cercanas al escenario.

«Cuando estamos hablando de un contexto específico como España, el público es diferente al de Puerto Rico, Colombia o Argentina. También tiene que ver con quiénes son las personas que pueden entrar en ese espacio para ser escogidas. Hay un estudio de raza y clase detrás de todo eso», sostiene.

Un artista lleno de contradicciones

La idea de la contradicción ocupa un lugar central en el análisis que ambas profesoras realizan sobre la trayectoria del artista puertorriqueño.

«La contradicción es central en todo el libro. La contradicción de Puerto Rico, de ser machista y quizás feminista también», explica Díaz.

La portada del libro 'P FKN R. Bad Bunny y la música como acto de resistencia'

La portada del libro 'P FKN R. Bad Bunny y la música como acto de resistencia'Amazon

Para la investigadora, la figura de Bad Bunny refleja las tensiones propias de una sociedad que intenta avanzar hacia modelos más igualitarios sin desprenderse completamente de estructuras culturales arraigadas.

«Creo que es complejo y son las dos cosas porque él es una persona», argumenta. «Las contradicciones son donde está la textura para ver si es real o no. Lo importante es que haya reflexión y él siempre está reflexionando».

Esa visión contrasta con las posiciones más polarizadas que suelen dominar el debate público, donde se exige una definición clara entre culpables y víctimas o entre comportamientos aceptables e inaceptables.

Las profesoras consideran que la discusión sobre el reguetón y sobre Bad Bunny suele quedarse en la superficie cuando se atribuyen todos los problemas a un artista concreto o a un género musical determinado.

«Podemos cambiar letras o dejar de bailar perreo, pero seguimos existiendo dentro del mismo sistema», señala Rivera-Rideau. «A veces damos la culpa a una persona exitosa, a un género o a una comunidad para no pensar en el sistema que tenemos».

Pese a las críticas que recibe periódicamente por algunas de sus letras o por la estética asociada al reguetón, ambas expertas defienden que la dimensión política resulta inseparable de la carrera del cantante.

«Es un artista político», afirma Rivera-Rideau. «No puedo escuchar un disco de Bad Bunny ni ver una actuación suya sin pensar en lo político».

Para las profesoras, más que un símbolo perfecto del feminismo o del machismo, Bad Bunny representa las tensiones de una generación que intenta redefinir sus códigos culturales sin escapar por completo de ellos.

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