Neil Young en 2012
Cinco canciones y ochenta años de Neil Young, el «voluble» antibelicista al que le gustaba Ronald Reagan
Nunca cayó en modas y sin embargo fue sumando públicos nuevos con un talento único que tenía en la sinceridad la característica más destacable
Podría decirse que la carrera musical del mito canadiense Neil Young ha corrido en paralelo a su variable ideología, o más bien su modo de pensar y de ser. Desde el folk inicial hasta el grunge de los últimos tiempos ha habido un camino largo durante los ochenta años de edad que cumple este miércoles, sesenta de ellos de inclasificable (como su existencia) carrera.
En 2021 vendió, como muchos artistas tras el cambio de paradigma musical, el 50 % de su catálogo, más de mil composiciones a una empresa británica por 120 millones de euros. Un cantante de folk que también es rockero encierra una jungla indescifrable. Todo ello unido a una voz particular, distinta, aguda, se diría incluso que poco agradable y sin embargo auténtica.
Todo era y fue nuevo en uno de los fundadores de la banda Buffalo Springfield, también miembro de Crosby, Stills and Nash, pero la unión no duró. Young buscaba el propio espacio que ya tenía por naturaleza. Música íntima. Su guitarra y su voz que de repente sorprendían por su tono en la variación. No había forma de ubicarle y no la habrá.
Su personalidad impidió que su música quedara atrás como la de otros contemporáneos frente al empuje de los nuevos estilos. Fue como si no se arredrara, asimilándolos desde su introspección casi anticomercial en muchos casos, pero resistente al final. Pearl Jam o Nirvana, antes Sonic Youth en los noventa, le nombraron su «padre».
Nunca cayó en modas y sin embargo fue sumando públicos nuevos con un talento único que tenía en la sinceridad la característica más destacable. El músico honesto que alternó el ruido con el silencio y que nunca se ha conformado. Nunca se ha acomodado. Ni en la música ni fuera de ella. Ingeniero eléctrico impulsado por la parálisis cerebral de su hijo, atesora varias patentes.
Conciencia medioambiental, enemigos por doquier, desde la ya casi vetusta MTV hasta la moderna Spotify. Azote de la industria y gurú de la progresía musical del que se dijo que votó a Ronald Reagan en los ochenta, una afirmación que de algún modo contrasta con su denuncia a Donald Trump por usar en mítines su canción Rockin' in The Free World.
¿Es cierto que era partidario de Ronald Reagan? Pues sí y no, exactamente. Lo que confirma su personalidad inamovible y su coherencia. En dos entrevistas dijo que en unas cosas le había gustado y en otras no:
«No soy liberal ni conservador», dijo en 1989. «No soy así. Con Reagan, algunas cosas que hizo fueron terribles, otras geniales. La mayoría de la gente tiende a criticar a un presidente por algo que hace que realmente no les gusta. Como construir una cantidad excesiva de ojivas nucleares o algo así. Entonces lo descartan por completo. Lo cual me parece una estupidez. Y me parece una visión muy cerrada».
En 1990 afirmó que «Nunca fui un partidario incondicional de Reagan. Simplemente pensaba que algunas de sus ideas eran buenas...»: la demostración del sentido común del singular ídolo de la música, sorprendente pareja madura de la actriz Daryl Hannah, también mito del cine como sirena o replicante, autor de éxitos discretos e inmortales, que ya es octogenario.