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Una joven pasea por el interior de una iglesiaGetty Images/Imgorthand

Filosofía para todos

¿Por qué revive la espiritualidad? Steiner y el hambre de Absoluto

El desencanto con las propuestas vitales de nuestro tiempo ha provocado un repunte en quienes buscan respuestas en lo trascendental

Es inevitable la mención a Rosalía en el inicio de este artículo. Aunque solo suponga la punta del iceberg mediático, el nuevo disco de la cantante española y las rápidas interpretaciones espirituales que de él se han hecho han puesto el foco en una tendencia al alza en nuestros días. Lo mismo ocurre con la película Los domingos.

Parece que es ya una tendencia clara en Occidente el repunte de personas que vuelven o se acercan por primera vez a Dios, la Iglesia o el hecho religioso en sí. Se buscan explicaciones de todo tipo: se menciona la pandemia, los problemas económicos y sociales, la falta de oportunidades para los más jóvenes, etc. Unido a todo esto, el pensador George Steiner ofreció en los años 70 una serie de conferencias que fueron recogidas bajo el título Nostalgia del Absoluto y que pueden ofrecer luz para comprender mejor este fenómeno.

El vacío de Dios

Sus palabras son la radiografía de un mundo que, visto lo visto, se invierte medio siglo después. El filósofo tomaba como punto de partida el evidente retroceso que la religión, y el cristianismo en particular, experimentaban en aquel tiempo. El famoso y malinterpretado «Dios ha muerto» de Friedrich Nietzsche suponía la constatación de un hecho y de una consecuencia clara: el vacío se abría paso.

Ante este panorama, Steiner reconoce que «la descomposición de una doctrina cristiana globalizadora había dejado en desorden, o sencillamente había dejado en blanco, las percepciones esenciales de la justicia social, del sentido de la historia humana, de las relaciones entre la mente y el cuerpo, del lugar del conocimiento en nuestra conducta moral». El hombre no puede vivir así y pronto llegaron lo que el filósofo denominó «metarreligiones», «antiteologías» o «credos sustitutorios».

El pensador encontró en Marx, Freud y Lévi-Strauss tres candidatos a ocupar ese planteamiento absoluto que ofrece al hombre un intento por analizar su condición humana y su lugar en el mundo como una totalidad con sentido. En su opinión, esos grandes movimientos ideológicos o intelectuales trataron de sustituir la religión desde postulados «muy semejantes a la teología que pretenden reemplazar» y todos terminan por erosionarse al no cumplir su objetivo.

«La promesa marxista ha fracasado cruelmente. El programa de liberación freudiana se ha cumplido sólo muy parcialmente. El pronóstico de Lévi-Strauss es de irónico castigo». Ante esto, el hombre ha llegado a buscar también en los zodiacos, adivinaciones o gurús, algo que «tampoco saciará nuestro hambre», explica Steiner. ¿Qué le quedaba entonces por probar para colmar el anhelo de Absoluto? ¿La ciencia?

También habla el filósofo de esa revolución científico-técnica y advierte de sus limitaciones y sus peligros. Termina sus conferencias con una larga reflexión sobre la búsqueda de una verdad absoluta que todavía parecía tener futuro en aquellos años.

Entonces, ¿por qué los jóvenes vuelven a mirar a Dios? A pesar del tiempo transcurrido entre aquellas conferencias de George Steiner y el momento actual, su lectura nos puede llevar a pensar que la gente se ha cansado de «metarreligiones», «antiteologías» o «credos sustitutorios». Ese anhelo de Absoluto, en mayúscula, parece que solo el Absoluto lo puede saciar. En este punto, la siguiente cita de san Agustín, ejemplo de búsqueda trascendental, puede servir como conclusión: «Yo te buscaba afuera y tú estabas dentro, muy dentro de mí».