Fundado en 1910

'Los miserables': el rey de los musicales se corona de nuevo en Madrid con un espectacular montaje

Fe, redención y ansias de libertad se dan cita en un musical que suena a revolución en la sociedad de la postverdad

Vista del ensayo general de Los Miserables en el Teatro Apolo en Madrid

Vista del ensayo general de Los Miserables en el Teatro Apolo en MadridEFE

Han pasado 33 años desde la última vez que la versión musical de Los miserables, de Victor Hugo, se estrenaba en Madrid.

Aquello fue en 1992. La gran historia de redención de Jean Valjean, de búsqueda de la justicia de Javert, de ardor revolucionario de Marius y Enjolras, y de amor de la desdichada Fantine por su hija, del idealista Marius por Cosette, y de la huérfana Cosette por Marius, surgida del genio del escritor francés, sigue siendo una obra inmortal, y se ha convertido en todo un icono pop de nuestro tiempo gracias al musical.

Para muchos, Los miserables es el rey absoluto de los musicales. Y Madrid, que aspira a competir con Londres, París o Nueva York en la primera división de los musicales, necesitaba un reestreno del clásico de Hugo por todo lo alto.

Y lo ha logrado. Porque la versión de Los miserables que Cameron Mackintosh –productor original del musical, nada más y nada menos– ha traído al Teatro Apolo de Tirso de Molina es, sin ningún tipo de matiz, una absoluta obra maestra.

Una obra maestra que conmueve, emociona y enciende los corazones de ardor guerrero. La dirección, las interpretaciones (mención especial para ese Jean Valjean de Adrián Salzedo, que lo borda), los escenarios físicos, las proyecciones y, sobre todo, la iluminación. Una iluminación cinematográfica, pero sin artificios, que funciona como un actor más sin restar protagonismo a los verdaderos protagonistas: los intérpretes y la orquesta.

Porque ese otro elemento a destacar. Los miserables es el rey de los musicales, precisamente por su partitura, obra de Claude-Michel Schönberg, y la versión estrenada en el Teatro Apolo hace justicia a una partitura mítica con una interpretación poderosa.

La propuesta de Los miserables, que trae la productora ATG Entertainment a Madrid, destaca por su absoluta fidelidad al musical y al clásico de Victor Hugo.

La historia de Los miserables es ampliamente conocida. La acción transcurre en la Francia de la restauración borbónica tras la derrota napoleónica. Un presidiario, Jean Valjean, obtiene la libertad condicional, pero su redención no dependerá de él, sino de la compasión de terceros y, sobre todo, de su fe.

Y es que Los miserables es, principalmente, una historia cristiana. Una historia de redención cristiana. Es Cristo, quien por medio de la acción de las personas que pone en su vida, salva el alma de ese hombre cegado por el odio y el rencor y con un irrefrenable afán de venganza, deseoso de hacer a los demás todo el daño que injustamente le han hecho a él.

Sin embargo, Jean Valjean se salva, y se salva por el amor filial de Cosette y Marius hacia él. Victor Hugo planteó Los miserables como una obra religiosa, como una penitencia con propósito de enmienda, donde la acción salvífica comienza con un acto de piedad del obispo de Digne, continúa con el perdón de Fantine (¿alguna historia más conmovedora que la de la tragedia de la desamparada Fantine?) y culmina con el sacrificio del propio Valjean.

En Los miserables Victor Hugo deja de lado pasiones políticas e ideológicas y apuesta por los últimos, por los descartados de la sociedad. Los miserables es la historia de esos descartados, y los trata del mismo modo en que Cristo enseña a tratarlos en el Evangelio: con misericordia.

Con misericordia se trata a Fantine, a la desdichada Cosette, al fanático revolucionario Marius y al gamberro niño Gavroche.

En ese sentido, Los miserables es un verdadero milagro. Porque es un milagro que en este mundo, en el que se ha renunciado a todos lo valores, a todos los principios, donde la tradición se rechaza como si fuera una enfermedad infecciosa, y donde la religión se margina y ridiculiza, pueda una historia como la de Los miserables cosechar tales pasiones entre el público.

Invita a la esperanza ver cómo en un teatro lleno hasta los topes se muestra a los protagonistas hablar abiertamente de Dios, tratar con veneración y respeto la religión y representar de una forma positiva a los creyentes.

En ese sentido, Los miserables es absolutamente contracultural. Es una historia completamente revolucionaria (no es de extrañar que uno de los elementos centrales de la historia sea la revolución liberal frente al absolutismo), porque, frente al nihilismo y la postverdad woke, muestra asideros firmemente anclados en valores humanistas.

En conclusión, Los miserables es una auténtica obra maestra, un maravilloso espectáculo que fascina por su belleza, pero también por su mensaje, un mensaje que invita a la esperanza, a la caridad y al perdón.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas