Borja Jiménez se estrella contra los toros flojos y contra sus fallos con la espada
En la corrida In Memoriam de Ignacio Sánchez Mejías, pincha un bravo sobrero de El Torero, el único con el que ha estado de verdad a gusto
Borja Jiménez, este domingo en Las Ventas, durante la corrida In Memoriam de Ignacio Sánchez Mejías
Concluye la serie continuada de festejos de la Feria de San Isidro. (Queda, para el domingo próximo, la corrida de la Beneficencia). El de esta tarde hace el número veintisiete y se coloca el decimoctavo cartel de «No hay billetes»: ése es el primer gran éxito de Borja Jiménez, que mata seis toros en solitario.
Como se decía en tiempos remotos, en aquellas asambleas de Facultad que han traído tantos lodos, «esto no hay quien lo pare». Les guste o no a los antitaurinos, todos estos llenos suponen un triunfo histórico para la Tauromaquia.
Dentro de esta singular serie anual de las corridas In Memoriam, se dedica ésta a Ignacio Sánchez Mejías. Nada me parece más justo ni más oportuno, el año anterior al del centenario de la Generación. Parece un mensaje directo a quien más necesita que se lo recuerden: el ministro Urtasun, que intentó prescindir de Ignacio, en esa conmemoración. (Ya ha tenido que recular, por pura conveniencia política).
Debo repetir, en mínima síntesis, lo que he escrito ya muchas veces (esta semana, en la revista Aplausos). Además de haber inspirado una de las dos mejores elegías de la literatura española, el Llanto, de Federico García Lorca (la otra son las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique), Ignacio Sánchez Mejías es una figura imprescindible de nuestra cultura y un personaje fascinante, por su pluralidad de intereses y de talentos.
Fue una gran figura del toreo, dentro de la línea clásica de Joselito, su maestro y su ídolo. Amigo y mecenas de los poetas de la Generación del 27. Autor de teatro, escribió Sinrazón, uno de los primeros dramas españoles que muestran la clara huella de Freud. Organizador de un espectáculo de baile con La Argentinita. Presidente del Betis Club de Fútbol y de la Cruz Roja de Sevilla, su ciudad natal. Piloto de automóviles y de aviones, jugador de polo. Conferenciante en la Universidad de Nueva York. Crítico periodístico de las corridas en las que él mismo había toreado…
Por eso, poco importa que se acuerde o no de él ahora un ministro. Suelo decir que, si Ignacio hubiese sido norteamericano –una hipótesis muy absurda– en Hollywood ya le habrían dedicado más de una película biográfica…
En la conmemoración de Sánchez Mejías, se encierra con seis toros en Las Ventas Borja Jiménez. Se trata, sin duda, del máximo reto de toda su carrera. No olvidemos que unas cuantas primeras figuras no lograron triunfar, cuando lo hicieron. Además de valor y oficio, este desafío exige variedad, inteligencia, resistencia física y mental… Y toros bravos, por supuesto.
Ha logrado superar Borja la etapa oscura y lleva un par de temporadas de indudable mérito. Ya sabe lo que es abrir tres veces la Puerta Grande de Las Ventas e indultar un toro de La Quinta en Bilbao (el primero de la historia).
Se ha situado entre las primeras figuras, gracias a su decidida y constante entrega y a su ambición. A veces, el afán de triunfo le hace arrebatarse demasiado. Ha frenado sus éxitos un error técnico evidente: entra a matar desde muy lejos y pincha. No entiendo cómo él y su apoderado no lo advierten y no intentan ponerle remedio.
Se lidian esta tarde reses de dos ganaderías (cosa que no agrada a muchos aficionados): los impares, de Domingo Hernández, nobles pero muy flojos, incluidos los sobreros. Los pares, de Cortés, nobles pero flojos; se salva el cuarto, Soleares, de ilustre nombre. Destaca sobre todos el muy bravo sobrero de El Torero, lidiado en quinto lugar: el único de la tarde con el que Borja Jiménez se siente muy a gusto pero, después de una vibrante faena, lo pincha…
Muestra el diestro su actitud yéndose a porta gayola en el primer toro y sale perseguido pero repite de rodillas, cerca de tablas. Traza buenas verónicas pero el toro toma el capote con muy poco celo. Después de un puyazo trasero, ya flaquea. Vemos un buen par –uno más, como suele– de Fernando Sánchez. Brinda Borja a su apoderado, Julián Guerra, su compañero de pelea. El toro, justo de fuerza y casta, es obediente. Corre bien la mano en naturales templados; corrige la colocación pero el toro, muy manejable, no da para más. Entrando desde lejos, deja un espadazo vertical, trasero y caído que emborrona la pulcra faena: ovación.
Jiménez recibió a varios de sus toros a porta gayola
Borja Jiménez pasó apuros al recibir a ese toro a porta gayola
Jiménez salta al callejón tras arriesgar en el recibo a porta gayola
El segundo, de Cortés, bien armado, sale con pies pero pronto flojea de atrás. Queda prácticamente sin picar: tienen razón los que protestan. Borja lo ha llevado al caballo por chicuelinas y quita por el mismo palo. (No habrá otro quite, en toda la tarde). En banderillas, el toro se derrumba: pañuelo verde. No pueden levantarlo y hay que apuntillarlo: una triste estampa.
Vuelve a porta gayola en el sobrero, de Victoriano del Río, lidiado en segundo lugar, que pesa casi seiscientos kilos: vuela bien la larga cambiada y enlaza con lances variados, muy desiguales. Tito Sandoval se limita a señalar la vara porque este toro también está justo de fuerza. Borja no brinda. En el primer estatuario, el toro rueda por la arena; en los naturales, protesta. No puede torearlo con lucimiento por alto ni por bajo. Suena el triste grito: «¡Toros!». Ha de cortar la faena. Esta vez, que no ha podido lucirse, sí acierta con la espada.
Borja Jiménez, con la muleta este domingo en Las Ventas
No gusta al público de salida el tercero, de Domingo Hernández, que rueda por la arena antes de la primera vara. Después de la segunda, vuelve a caer. Aunque el Presidente se resiste, lo devuelve: estalla la tormenta. Continúa ésta cuando aparece el segundo sobrero, de Domingo Hernández, que sale de varas renqueante. El toro es noble pero muy flojo. Después de unos voluntariosos muletazos de Borja, el toro acaba derrumbado: ¡la Fiesta, por los suelos! Entrando desde lejísimos, lo caza con una estocada desprendida.
En este momento, me parece advertir el desconcierto del diestro: con toros tan flojos, ¿qué quiere el público que él haga, intentar mantenerlos en pie o despacharlos, sin más?
El cuarto, de Victoriano del Río, tiene un nombre ilustre, Soleares. Por tercera vez, acude Borja a porta gayola. Enlaza con verónicas, rodilla en tierra. Todos nos preguntamos: ¿aguantará este toro? Mide bien el castigo Alberto Sandoval. El toro galopa en los buenos pares de Duarte y de Fernando Sánchez. ¡Por fin puede brindar al público Borja! Desde el centro, de rodillas, traza derechazos. El toro es bravo, flaquea un poco pero repite, con casta. Borja se lo enrosca a la cintura: suena la primera ovación fuerte de la tarde. Por la izquierda, el toro va estupendamente, hasta planea. No lo cuaja del todo pero, comparado con todo lo anterior, ¡la gloria! (He de repetir: me gustan poco las manoletinas; nada, los remates, mirando al tendido). Entrando desde muy lejos, da varios pasos antes de llegar al toro y deja un feo pinchazo, atravesado; el público aplaude como algo extraordinario que descabelle a la primera: petición y vuelta.
El quinto, de Domingo Hernández, echa las manos por delante en los lances de recibo. Después de varas, se derrumba: ¡devuelto!
Hay un momento de confusión cuando va a salir el sobrero, de El Torero (que lidió una gran corrida, en la Feria): se llevan a la enfermería a un empleado de la Plaza, que ha sufrido un traumatismo craneal cuando un portón le ha golpeado, en los corrales.
Borja Jiménez malogró con la espada sus opciones de cortar oreja
Este toro, lidiado en quinto lugar, sí embiste con codicia, en los lances de recibo. Flaquea un poco después de varas pero se levanta, con casta; en la muleta, repite. El trasteo de Borja tiene emoción. Citando de frente, dando el pecho, logra algunos naturales lucidos; muy en corto, unos derechazos a cámara lenta que desatan el entusiasmo. ¡Por fin! El toro ha sido excelente, bravo y noble. Borja se ha sentido a gusto. Por eso, creo que se ha pasado de faena: el toro se distrae, no cuadra bien. Una vez más, desperdicia una faena de premio por entrar a matar desde tan lejos: cuatro pinchazos, media y dos descabellos.
Borja Jiménez recibe el consuelo de su hermano tras irse de vacío de Las Ventas
El último, de Victoriano del Río, sale suelto, con querencia a tablas. Lo ponen mal en el caballo pero cumple. En la muleta, embiste dormido, dice muy poco. La tarde está ya vencida. Esta vez, mata a la primera.
La conclusión es fácil: por mucha entrega que un torero tenga, en Madrid, si los toros son flojos y él falla, al matar, no puede alcanzar un triunfo grande.
POSTDATA. Federico García Lorca, que había armonizado canciones populares para que las cantara La Argentinita, le pidió a Sánchez Mejías que diera una conferencia sobre la Tauromaquia a los alumnos de español de la Universidad de Columbia, en Nueva York. Ignacio no les habló –como hubiera sido lógico – de técnica taurina ni contó anécdotas: desarrolló una interpretación simbólica de la Fiesta, más propia de un filósofo que de un torero.
El comienzo es claro, tajante: «Vamos a hablar de Tauromaquia, que es ciencia del toreo, y del toreo, que es la ciencia de la vida».
Y concluye con una definición de gran belleza: «El toreo no es una crueldad sino un milagro. Es la representación dramática del triunfo de la Vida sobre la Muerte».
En la corrida In Memoriam de Ignacio Sánchez Mejías, conviene conocer cómo sentía él la Fiesta. Incluso, los ministros que se dedican a atacarla.
FICHA
- Madrid. Plaza de Las Ventas. Domingo, 7 de junio de 2026. Corrida In Memoriam de Ignacio Sánchez Mejías. «No hay billetes».
- Toros de Domingo Hernández (1º, 3º), nobles y flojos, y de Cortés ( 4º y 6º), noble y apagado. Segundo, sobrero de Victoriano del Río, flojo. Tercero, sobrero de Domingo Hernández, flojo. Quinto, sobrero de El Torero, bravo y noble, muy aplaudido.
- BORJA JIMÉNEZ, único espada, de blanco y oro, en el primero, estocada defectuosa (ovación). En el segundo, estocada y descabello (silencio). En el tercero, estocada trasera desprendida (silencio). En el cuarto, pinchazo atravesado y descabello (petición y vuelta al ruedo). En el quinto, cuatro pinchazos, media y dos descabellos (aviso, saludos). En el sexto, estocada (ovación de despedida).