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Cecilia Giménez y el 'Ecce Homo'

Cecilia Giménez y el 'Ecce Homo'

Muere Cecilia Giménez, autora de la catastrófica restauración del ‘Ecce homo’ de Borja

La restauración fallida del ‘Ecce homo’ de Borja a manos de Cecilia Giménez desató un fenómeno viral de resonancia global

Cecilia Giménez, la pintora aficionada que se convirtió en protagonista involuntaria de un fenómeno viral global tras su catastrófica restauración del Ecce Homo de Borja, ha fallecido este lunes, 29 de diciembre, a los 94 años.

La noticia la confirmaron a Europa Press fuentes del Santuario de la Misericordia, lugar donde se encuentra la obra y donde Giménez pasó sus últimos años, aquejada de demencia senil y con un estado de salud delicado.

Natural de esta localidad zaragozana, Cecilia Giménez alcanzó fama internacional en el verano de 2012 cuando trascendió la peculiar restauración que había realizado de un fresco del Cristo coronado de espinas, obra original de Elías García Martínez, en una de las paredes del santuario.

Su intervención, realizada con buena intención y sin formación profesional, dio lugar a un resultado insólito que pronto fue bautizado en internet como el «Ecce Mono», desatando una oleada de comentarios y memes en redes sociales.

La catastrófica intervención de Cecilia Giménez, colaboradora habitual de la parroquia de Borja y pintora aficionada, en el Ecce Homo original de Elías García Martínez causó un revuelo que trascendió las fronteras nacionales. El resultado fue una pintura totalmente irreconocible y de rasgos propios de una pintura infantil. La debilidad de la pintura original, pintada al fresco sobre el muro de la iglesia, hizo imposible la intervención para recuperar el original. Además, el eco mediático convirtió el Santuario de la Misericordia de Borja en un reclamo turístico.

El 'Ecce homo' de Borja antes y después de la intervención de Cecilia GiménezRedes Sociales

Giménez defendió desde el principio que no se trataba de una restauración acabada, sino de un trabajo en proceso. Sin embargo, el revuelo inicial la afectó profundamente, sumiéndola en días difíciles marcados por la exposición mediática y las burlas.

No obstante, con el paso del tiempo, la percepción pública se transformó: las mofas dieron paso a una corriente de simpatía, y tanto Borja como buena parte del país se volcaron en el apoyo a Cecilia, que pasó de ser objeto de escarnio a símbolo de ternura y espontaneidad.

Sin embargo, restauradores e historiadores del arte advirtieron de los riesgos de reivindicar el resultado de la intervención de Cecilia Giménez, ya que podría suponer un aliciente para actuaciones similares por parte de personas sin formación con resultados graves para el patrimonio artístico.

La singular imagen restaurada por Giménez se convirtió en un inesperado atractivo turístico. Desde entonces, decenas de miles de personas se han desplazado hasta Borja para contemplar en directo el célebre fresco, que ha sido objeto de reportajes internacionales, estudios académicos y hasta producciones artísticas.

Lejos de ser una anécdota pasajera, el caso del Ecce Homo supuso un auténtico fenómeno cultural.

El impacto positivo para la localidad ha sido innegable. El dinero recaudado con las entradas para visitar la pintura se destina íntegramente a la Fundación Hospital Sancti Spiritus y al propio Santuario de la Misericordia.

Estos fondos han servido para mejorar las instalaciones de la residencia de mayores, beneficiando a personas con pocos recursos, incluido el propio cuidado de Giménez en sus últimos años.

Desde el Santuario, al comunicar su fallecimiento, han querido destacar la calidad humana de Cecilia. «Hablar de Cecilia es hablar de madre entregada, de lucha, de fuerza, pero sobre todo es hablar de generosidad, cualidades que le han servido para ganarse el cariño de todo el mundo», han expresado con emoción.

La figura de Cecilia Giménez queda, así, indisolublemente unida al relato contemporáneo de Borja. Con su fallecimiento, se cierra un capítulo insólito en la memoria cultural reciente de España que, como efecto colateral del estropicio que ocasionó en el fresco del Ecce homo, permitió una mayor concienciación social sobre las restauraciones fallidas del patrimonio histórico-artístico a manos de no profesionales.

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