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El escritor Juan Pérez-Foncea

El escritor Juan Pérez-FonceaCedida

Entrevista a Juan Pérez-Foncea, escritor

«España es un país de grandes héroes y santos, pero también de grandes traidores»

Almuzara reedita 'Fuego en el Misisipi', de Juan Pérez-Foncea, donde se narra el papel central de España en la independencia de EE.UU.

El escritor Juan Pérez-Foncea se ha convertido en pocos años en uno de los referentes de la novela histórica española, por el rigor y, al mismo tiempo (nadie dicho que estén reñidos) la amenidad de sus libros y la audacia de los argumentos.

Como hacía Benito Pérez Galdós en sus célebres Episodios Nacionales, Pérez-Foncea aúna en sus novelas un contexto histórico real, documentado con una gran precisión, con un argumento novelado, donde casi siempre trasciende una historia de amor y con el acento puesto en las relaciones familiares del protagonista.

Pérez-Foncea regresa a las librerías con Fuego en el Misisipi. La novela, inicialmente publicada por Libros Libres, la reedita ahora Almuzara en una edición cuidada con un impresionante diseño de cubierta.

Fuego en el Misisipi se desarrolla en el contexto de la Guerra de los Siete Años y la Guerra de Independencia de Estados Unidos y, en ella, se resalta el papel capital jugado por España para la independencia de las Trece Colonias.

El Debate conversa con Juan Pérez-Foncea sobre su novela y el papel de España en la independencia de Estados Unidos, de la que en este 2026 se cumplen 250 años.

—Esta novela es una reedición, pero está más de actualidad que nunca, ¿no le parece?

—Sí, porque va a ser el aniversario de la Declaración de Independencia de Estados Unidos, se cumplen 250 años. Que no es nada, comparado con España, que nacimos en mayo del 589, en el Tercer Concilio de Toledo…

—La participación española en la Guerra de Independencia de EE.UU. fue, quizás, la última gran actuación de España en política internacional, donde logró imponer una vez más, el poderío de su imperio frente a los británicos. Sin embargo, en los prolegómenos España comenzó perdiendo la Florida, que recuperaría tras la debacle británica. ¿Hemos perdido esa asombrosa capacidad de recuperación mostrada por España y sus ejércitos en el pasado?

—El principal enemigo de España en este momento está dentro de España. Acabo de estar en Israel, un mes. Es asombroso. Israel son 10 millones de habitantes. De esos 10 millones, 2 y medio son árabes, cristianos y musulmanes. Millón y pico son ultraortodoxos, que ni pagan impuestos ni hacen la mili.

Por lo tanto, quedan 5 millones de israelíes judíos. Esos 5 millones de israelíes están muy unidos, y estando muy unidos no les tose nadie.

Cubierta del libro

Cubierta del libroAlmuzara

Es decir, mil y pico millones de musulmanes no pueden con ellos, con 5 millones de tíos que están unidos, porque los musulmanes están divididos.

Yo creo que el gran problema de España es ese mismo. Quiero decir, cuando España estaba unida ha dominado el mundo. Ahora que estamos divididos estamos en tercera división, ni siquiera en segunda. En la Unión Europea no pintamos nada, en América e Hispanoamérica pintamos más bien poco…

En cambio, si tuviéramos una visión de unidad, si hiciéramos una unión hispanoamericana –no digo unirnos como si fuera un país, sino una especie de unión como la Unión Europea– seríamos una gran potencia.

Y si tuviéramos un ejército común, el idioma en el que se hablaría sería el español, porque ahora se habla mucho de un ejército europeo. ¿En qué idioma se va a hablar en ese ejército europeo? Pues seguro que en inglés, que ni siquiera es un idioma originario de ningún país de la Unión Europea. Francia no querría que se hablara en alemán, Alemania no querría que se hablara en francés, por su puesto en español tampoco, en italiano tampoco…

Yo pienso que tiene un gran pueblo pero unas élites en muchos casos traidoras, en otros casos egoístas. Nos faltan buenas élites. Yo creo que desde los Habsburgo hemos perdido las grandes élites.

De todas maneras, uniendo esto con lo de América, Washington lo dijo y lo dejó por escrito: hasta que España no entre en la guerra jamás conseguiremos la independencia. Francia claro que ayudó a la independencia de Estados Unidos, pero la ayuda de España fue la ayuda decisiva, no la francesa.

Ahora bien, yo tengo mis dudas de si nos convenía haber contribuido a la independencia de Estados Unidos. Ya se ha visto lo que ha pasado después. Ya ahí, con los Borbones, íbamos a rebufo de Francia. De hecho, entramos en la guerra en gran medida por influencia francesa. Perdimos Florida porque entramos en la Guerra de los Siete Años, que es una guerra en la que Gran bretaña dio estopa a Francia y perdió todas sus colonias. En esa Guerra entramos al final y mal y perdimos Florida y estuvimos a punto de perder La Habana.

Nuestra entrada en la Guerra de la Independencia de Estados Unidos fue por desquitarnos de aquellas pérdidas territoriales que habíamos sufrido por entrar tarde y mal en una Guerra de los Siete Años que ni nos iba ni nos venía.

—¿Por qué ha olvidado España lo que fue y lo que hizo en episodios trascendentales de la historia como, por ejemplo, la Guerra de Independencia de EE.UU.?

—Hay dos factores principales. Uno es que en Estados Unidos las élites no quieren que se sepa. Hace poco vi una serie norteamericana sobre la independencia de Estados Unidos y la mitad transcurre en Francia, mientras que España aparece únicamente citada una vez, y muy de pasada.

Yo he estado en Estados Unidos para preparar este libros e historiadores de allí me decían que los historiadores serios claro que lo saben, pero que no está en el relato general. No les interesa. Es asombroso que Hollywood nunca haya hecho una película sobre Blas de Lezo, sobre Cortés, sobre Pizarro…

Aquí hay un antiespañolismo porque, evidentemente, Estados Unidos, tal y como está constituido, es un país anglosajón y ellos no quieren que se convierta en un país hispano. Es verdad que la demografía hispana crece exponencialmente y ya se calcula que para 2060, que está a la vuelta de la esquina, un tercio de la población estadounidense será hispana.

Claro, si los hispanos están unidos y están orgullosos de su pasado, pues los anglosajones ya pueden empezar a temblar.

Si los hispanos no están orgullosos de ser hispanos y a lo que aspiran es a hablar inglés y a mimetizarse con el espíritu y el amor de ser anglo, pues... Yo creo que por ahí van los tiros.

Un segundo motivo es que en España ha entrado un antiespañolismo. A mí me parece que eso es lo más grave de lo que está pasando. A mí, que todo el mundo hable mal de España pero que en España sepamos la verdad y que estemos unidos, a mí no me preocupa. El problema es que en España no se conoce la historia. Esto es muy grave porque pierdes toda la tradición y toda tu identidad.

Con todo, yo soy optimista. Pero es verdad que ahora mismo estamos en el ojo del huracán y que tenemos un problema muy serio.

—Antes comentábamos que en 2026 se cumplen 250 años de la Declaración de Independencia de EE.UU. España fue capital para lograr esa independencia. ¿Tiene EE.UU. una deuda con España? Ahí tenemos a Bernardo Gálvez, personaje central de tu novela…

—Aquí hay dos cosas: primero, todo esto que hay ahora de que España tiene que pedir perdón a México por la conquista, me parece absurdo. Es como si ahora Meloni nos tuviera que pedir perdón a nosotros por el Imperio Romano.

Lo segundo: agradecer. Agradecer siempre es más bonito. Es de bien nacidos ser agradecidos, y no es que lo diga yo, es que lo dice Washington, quien dijo que «jamás olvidaremos lo que España hizo por nosotros», que lo podrían haber olvidado, porque claro, nos robaron Puerto Rico, nos robaron Filipinas y nos quisieron robar Cuba, que a resultas de su intervención se independizó. Las barbaridades que Estados Unidos hizo en Filipinas son tremendas, barbaridades que no conoce el pueblo norteamericano, como el genocidio filipino. Lejos de agradecérnoslo nos han hecho mucho daño.

Y por cierto, el nombre de Estados Unidos lo puso un señor de Málaga, Luis de Unzaga (gobernador de Luisiana), en una carta que escribió a Washington, donde hizo alusión a esos Estados Unidos de América. A Washington le gustó el nombre y se lo pus, porque anteriormente eran las Trece Colonias. Es decir, que nuestra colaboración no fue solamente en guerra.

Y hablando de guerra, en aquel momento, durante la Guerra de Independencia, el Misisipi era español, y precisamente gracias a eso se consiguió la independencia, porque el Misisipi es navegable y a través de él les hacíamos llegar a los independentistas dinero, mucho dinero, muchísimo dinero, mantas, municiones, armas, comida…

Y de ahí viene también el símbolo del dólar, porque Oliver Pollock, un irlandés norteamericano de adopción que llevaba las cuentas de los independentistas, cada vez que marcaba en su contabilidad la mercancía proporcionada por España la anotaba con el símbolo del real de a ocho, que acabaría siendo el símbolo del dólar, es decir: las columnas de Hércules con la cinta rodeándolas, que todavía hoy está en el escudo de España.

Esas dos rayitas que figuran en el símbolo del dólar, que aparecen también en el del euro y en el de casi todas las monedas del mundo, proceden de ahí, de las columnas de Hércules que figuraban en los reales de a ocho españoles.

¿Que nos tendrían que agradecer? Hombre, desde el punto de vista moral, yo creo que sí.

—Pese a esa deuda fundacional de EE.UU. con España, decíamos antes que los estadounidenses se olvidaron pronto. Ahí están las guerras de Cuba y Filipinas…

—Bueno, nosotros le llamamos el desastre del 98, pero ahora se sabe que no fue el desastre del 98, sino la traición del 98. Quiero decir, las élites españolas entregaron Cuba y Filipinas a Estados Unidos. Estaba ya pactado. Ahí tuvo mucho que ver la masonería norteamericana y la masonería española.

Yo cada vez me doy más cuenta de que España es un país de grandísimos héroes y de grandísimos santos, pero también de grandísimos traidores. Si no hubiéramos tenido todos esos traidorazos que hemos tenido otro gallo hubiera cantado.

Desgraciadamente, por lo que sea, tenemos a la antiespaña dentro de España.

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