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Valle Inclán, en el salón de su casa tras perder el brazo por una pelea

Valle Inclán, en el salón de su casa

Cuatro datos de Valle-Inclán para recordar al padre del esperpento en el 90 aniversario de su muerte

Ramón María del Valle-Inclán dejó una trayectoria literaria y vital irrepetible. Recordamos algunos datos relevantes de su vida

Oficialmente, don Ramón María del Valle-Inclán, padre del esperpento, autor cumbre de la Generación del 98, escritor incombustible, personaje literario en su vida real y persona de carácter pendenciero, nació una feliz jornada del 28 de octubre de 1866 en la villa gallega de Vilanova de Arousa.

Sin embargo, el honor de acoger la cuna del insigne autor de Luces de Bohemia, Tirano Banderas o las Comedias Bárbaras se lo disputaba también la vecina Vilagarcía de Arousa.

Para zanjar tan absurda discusión, el escritor afirmó que no había nacido ni en una ni en otra villa, si no en mitad de la ría, en una barca, cuando su madre se trasladaba de una orilla a la otra.

Menos discusión hay respecto al lugar de su fallecimiento, la ciudad de Santiago de Compostela el 5 de enero de 1936, hace hoy 90 años.

Manco en combate, pero no como «el de Lepanto»

La fama de pendenciero de Valle-Inclán le precedía cuando el 24 de julio de 1899 se enzarzó en el Café Nuevo de la Montaña, en la Puerta del Sol, cuya tertulia frecuentaba, con el periodista Manuel Bueno Bengoechea en una discusión.

La disputa dialectal fue subiendo de tono y acabó a palos. A palos, literalmente, pues el periodista alzó el bastón y lo descargó con todas sus fuerzas contra el escritor. Valle-Inclán trató de protegerse con el brazo y el bastón terminó impactando contra el gemelo de la camisa, que se le clavó en el brazo. La herida se gangrenó, por lo que hubo que amputar el brazo.

Valle-Inclán se tomó su desgracia con filosofía y utilizó su amputación para engrandecer su figura mítica, alimentando su bohemia y su biografía legendaria.

Según parece, le gustaba compararse con Cervantes, por aquello de lo del manco de Lepanto, obviando que el autor del Quijote resultó herido con honra «en la más alta ocasión que vieron los siglos», y no en una pelea barriobajera.

El Rey Juan Carlos creó el título de Marqués de Bradomín

El Marqués de Bradomín fue uno de los personajes más recordados de Valle-Inclán, planteado como su alter ego, el Marqués protagonizó varias de sus obras, como las Sonatas o la obra de teatro Los coloquios románticos.

Sin embargo, el título era totalmente inventado, y aunque como recurso literario son muchos los que se refieren a Valle-Inclán como «el Marqués de Bradomín», nunca ostentó tal título.

Quien sí lo ostentaron fueron su hijo, Carlos Luis Baltasar del Valle-Inclán y Blanco, y su nieto, Fernando María Benito Baltasar del Valle-Inclán Alsina, después de que el Rey Juan Carlos creara el título del Marquesado de Bradomín en memoria del escritor.

Empezó siendo carlista y terminó de anarquista

Las creencias ideológicas de Valle-Inclán fueron un verdadero esperpento. Ferviente tradicionalista, defendió en su juventud y durante gran parte de su madurez la causa carlista, a la que dedicó su trilogía formada por Los cruzados de la causa, El resplandor de la hoguera y Gerifaltes de antaño.

Posteriormente evolucionó hacia el anticlericalismo, coqueteó con el anarquismo revolucionario y terminó como defensor de la república y militando en Alianza Republicana y en el Partido Republicano Radical; alabó la Italia de Mussolini, criticó «la dictadura socialista» en que se había convertido la Segunda República y coqueteó con Izquierda Republicana y con el Partido Comunista.

Max Estrella fue un personaje real

El personaje más recordado de los ideados por Valle-Inclán es el poeta ciego, miserable y bohemio Max Estrella, protagonista de Luces de bohemia, con el que inaugura el esperpento.

Aunque Max Estrella tiene mucho del propio Valle-Inclán, sus inquietudes ideológicas, políticas y culturales, su carácter pendenciero, su vida bohemia…, lo cierto es que su inspiración fue otra.

Y es que Max Estrella fue un personaje real, aunque con otro nombre. Valle-Inclán tomó prestada la figura del poeta sevillano Alejandro Sawa, hoy un tanto olvidado, pero que en tiempos de Valle-Inclán era toda una institución en Madrid de los bohemios.

Valle-Inclán no fue el único que se sirvió de Alejandro Sawa como inspiración. Pío Baroja también lo introdujo en su novela El árbol de la ciencia con el nombre de Rafael Villasús.

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