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Mario de las Heras
Crítica teatralMario de las Heras

'Los duelistas' o cuando la belleza de lo clásico aún es posible en el siglo del feo y absurdo revisionismo

Emilio Gutiérrez Caba dirige con maestría la estupenda adaptación de Javier Sahuquillo del texto de Joseph Conrad del que Ridley Scott hizo su primera y celebrada película

Madrid

Una escena de Los duelistas, con Francisco Ortiz (a la derecha) en el papel de D'Huvert

Una escena de Los duelistas, con Francisco Ortiz (a la derecha) en el papel de d'HubertTFG

Cuando se estrena una obra clásica, o sobre un texto clásico, uno nunca sabe qué dosis de forzada modernidad va a recibir. Mayormente no se pregunta si la va a recibir o no, sino en qué grado.

Desde luego no es el modernismo creador al que hace referencia la modernidad citada en el párrafo anterior, sino el nefasto «wokismo» aleccionador del presente que le dice al espectador que lo que sustenta el espectáculo que ve se merece el maltrato al que se le somete.

Ortiz

Daniel Ortiz, Francisco Ortiz y Aurora García Agud en Los duelistasTFG

Y muchas veces sin que el espectador se dé cuenta, bajo la excusa, cada vez más vulgar, del revisionismo, de la adaptación al presente, como si el pasado tal y como sucedió o como lo crearon los artistas que en él vivieron no hubiera existido o peor: como si no fuera digno de hoy.

Es como si el dramaturgo sin ideas que basa su «creatividad» en darle la vuelta absurda e ideológicamente a los textos de otros les estuviera dando una lección de moralidad y de talento a los muertos geniales.

Honor a Conrad (y a Ridley Scott)

Se ve a menudo cómo «autores» o directores indocumentados e incapacitados con ínfulas proporcionadas por la subvención inoculan a los grandes sus terribles inyecciones de majadería políticamente correcta.

Esto no ocurre en Los duelistas del Fernán Gómez de Madrid porque Javier Sahuquillo no solo no falta al respeto al relato de Joseph Conrad (al que tampoco no solo faltó al respeto Ridley Scott con su primera película, premiada al mejor debut en Cannes), sino que le rinde honor como el de sus húsares, dejándolo como está para que el público pueda ver cómo era aquello y saque sus propias conclusiones.

Cubierta de una edición actual del relato El duelo de Joseph Conrad

Cubierta de una edición actual del relato El duelo de Joseph Conrad

Todo esto lo dirige Emilio Gutiérrez Caba con la maestría a la que ya suena su apellido de fresco abolengo con el fino lenguaje preparado por el adaptador talentoso, educado y profesional.

Las limitadas posibilidades del escenario se convierten en una oportunidad magníficamente aprovechada por sus hacedores: la perfección de la brevedad y el detalle exacto, la economía que parece (que es) un derroche de imaginación y conocimiento donde hasta sonó al piano y en directo la Sarabanda de Händel.

Un cofre del tesoro

No se renuncia a nada, todo lo contrario, en el mínimo proscenio donde cabe todo, desde Francia y Europa, el humor, el destino, la tragedia, el amor, la humanidad, la historia o el honor de los soldados de Napoleón, hasta emocionantes luchas a espada o el hogar de los Conrad enhebrado a la obra con brillantes y artesanales costuras.

Todo preciso, encajado en ese cofre del tesoro que son estos duelistas: una escena que brilla como si aquel se abriera para iluminar con su luz preciosa sus propias joyas que también son los intérpretes: Francisco Ortiz, Juan José Sevilla, Aurora García Agud (también pianista) y Daniel Ortiz, enormes, dominadores, graciosos, serenos e imponentes en un clasicismo tan bienvenido y moderno que casi hoy se diría bendito.

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