Camilo José Cela y Ernest Urtasun
Se cumplen 75 años de 'La Colmena' de Cela y Cultura no lo recuerda pese a que Franco la prohibió hasta 1963
El aniversario recuerda que en 1946 el franquismo prohibió la novela por «pornográfica e irreverente», pero la memoria democrática que tanto defiende Urtasun aquí no se aplica sorprendentemente, o no tanto
Que la política, como la vida, es puro teatro, como escribió Shakespeare y cantó La Lupe, ya lo sabe casi todo el mundo, salvo quienes tienen la convicción partidista o sectaria de sus propias querencias.
Soportamos el Ministerio de Cultura más sectario de la historia de la democracia, dirigido por el sumarísimo Urtasun, donde la coherencia o el sentido común no tienen sitio, sino tan solo el dogma y la consigna.
La Colmena de Camilo José Cela cumple 75 años y no se ve ningún movimiento gubernamental o ministerial para celebrar tan significativa efeméride. La novela del Nobel español fue prohibida en 1946 por Franco, quien la consideró «pornográfica e irreverente».
Se publicó en Argentina en 1951 y en España no se permitió hasta 1963. La historia coral de la posguerra de Cela contravenía, precisamente, «el dogma y la moral». Lo del autor gallego fue una lucha encarnizada por conseguir ver su obra publicada en España.
El descubrimiento reciente del manuscrito original de 1946 con los tachones de los censores demuestra esta cruzada contra la censura franquista, que para la Cultura de Urtasun, tan sensible a estos temas, no significa nada.
Urtasun promueve la ilegalización de la Fundación Franco, pero no celebra el señero aniversario de una de las grandes novelas de la literatura española que el mismo Franco prohibió en la fecha señalada.
La memoria democrática, mayormente base de las operaciones del ministro, aquí es amnesia palmaria. ¿Donde está la verdad, la reparación y la justicia de La Colmena, que fue tajantemente ilegalizada en 1946?.
No hay lugar en la memoria (democrática) de Urtasun y del Gobierno para reparar y recordar esta censura, en un olvido u omisión vergonzantes. Es evidente que el perfil de Cela, por su papel anterior y posterior, incómodo, no es ideal para esta política sectaria que, como escribió Shakespeare y canto La Lupe, es puro teatro.