Robbie Williams vuelve pletórico de sus excesos del pasado con 'Britpop': ¿el mejor disco de su carrera?
La estrella británica regresa con un potente álbum que recuerda y supera a los de su época más exitosa y celebrada
Portada de Britpop, el nuevo álbum de Robbie Williams
Rocket es el primer tema de Britpop, el nuevo disco de Robbie Williams, y funciona como su nombre: como un cohete. Podría ser el Robbie Williams que dejó Take That y alcanzó el estrellato absoluto como icono auténticamente «british», más allá de ideas caballerescas. El mismo que quiso hacer este álbum.
Williams encantaba entonces y lo vuelve a hacer a toda velocidad. Más guitarrero, el espíritu del «britpop» está impreso en este tema que le canta a Oasis, a Blur, a Pulp con el lenguaje «robbiewilliamsesco» inconfundible. La voz perfecta, agradable, de entretenedor profesional. De crooner.
Se le imagina en los conciertos con este tema y ya emociona, como verle antaño, pero sin las sustancias, ni los líquidos. Está cambiado físicamente, pero sin verle no ha cambiado nada en este Britpop y es lo que más se agradece. El timbre conserva toda su frescura, secreto de su éxito, en sus graves y altos. En plena forma.
Y en plena forma compositiva. Semibaladas como Spies y vuelta a la guitarra y al sonido vocal más «oasístico» (o «liamgallagherístico») en Pretty Face. La melodía pegadiza. El vídeo retro, la chaqueta de chándal. Una canción que no se sabe si va a ser un éxito en 2026 (ojalá lo sea), pero que en los noventa lo hubiera sido absolutamente.
Nostalgia real, moderna y presente como para que no sea nostalgia sino regocijo. Robbie Williams está de vuelta como no se esperaba y con lo que no se esperaba. All My Life resuena como Los Beatles y como Oasis, en una mezcla que se presupone de influencia auténtica porque lo es, pero es Robbie Williams, más auténtico aún.
Agradable y poderoso. Human suena preciosamente (con Jesse & Joy) en las voces suaves y en la instrumentación suave. Morrissey suena para bailar gozosamente, con los ojos cerrados, en la electrónica de fondo y en los coros propios y ajenos de un gran Robbie Williams ¿el mejor de siempre o al menos uno de los mejores de siempre?
It's Ok Until The Drugs Stop Working es un canto de celebración a su propia recuperación, a la felicidad. Una canción feliz, casi eurovisiva de las de antes, de las que todavía se recuerdan como la buena época en que aparecieron. Se ralentiza Robbie en Pocket Rocket, como si cantara durante una sesión de yoga mecida por violines.
Una sesión de relajación que también es para el oyente, a estas alturas ya entregado por completo a Robbie Williams que ya ha cumplido todas las expectativas y más. Un disco para escuchar todo el tiempo. Lleno de himnos de estadio. Un disco alegre, potente, suave, envolvente, divertido como el hacedor, el mismo de siempre, pero mejor.