Fundado en 1910
Gilbert Keith Chesterton, en una imagen de archivo

Gilbert Keith Chesterton, en una imagen de archivoWikimedia

Opiniones que no sostengo

Con «Opiniones que no sostengo», el Club Chesterton de Madrid (Fundación Herrera Oria y CEU) y Ediciones Encuentro lanzan un nuevo volumen de los artículos que Chesterton escribió para el Illustrated London News (ILN): los artículos que escribió en 1913

El otro día tuve que ayudar a mi hija a poner en su cuarto un cuelgacollares. Ahora, recordando los abalorios colgados y escribiendo este artículo me he dado cuenta de que Chesterton es como un cuelgacollares petado, donde de cada gancho penden docenas de collares pero con una diferencia con respecto al cuelgacollares de mis hijas -lástima-. Que todo Chesterton, da igual que haya pulsera, collar o abalorio, (sea: novela, ensayo, poema, biografía, libro de viajes, artículos…) está lleno de joyas de gran valor.

Y es que cada artículo tiene algo que lo hace valioso. Todos juntos son un tesoro y toda su obra es como es como la Isla de Muerta de los piratas del Caribe, una riqueza inabarcable.

Con «Opiniones que no sostengo», el Club Chesterton de Madrid (Fundación Herrera Oria y CEU) y Ediciones Encuentro lanzan un nuevo volumen de los artículos que Chesterton escribió para el Illustrated London News (ILN): los artículos que escribió en 1913.

¿Por qué siguen siendo interesantes artículos de 1913?

Pues ahí está el misterio. Chesterton era ese tipo de pensador que rastrea y conoce las consecuencias antropológicas de las conductas, aunque se manifiesten mucho después en el tiempo, ya afecten a personas, ya a sociedades ya a civilizaciones.

Tomemos la «paz». Un tema menor, quizá, en Chesterton, pero que está presente como cara B de un tema del que sí hablo mucho: la guerra. Y claro, estamos en 1913 cuando escribió, pero lo que quedaba retratada es la psicología de la naturaleza humana. ¿Quién no prefiere la paz a la guerra? Todo el mundo. Bien, pero paz, ¿a cualquier precio…? «El hombre que se ata al simple ideal pacifista nunca podrá estar seguro de conservar cualquier otro». Y encierra en cuatro párrafos un mini-manual de la virtud de la fortaleza con ejemplitos claros y simpáticos. Un periodista antropólogo, psicólogo, filósofo moral y hasta teólogo. Imposible encontrar más en menos. Ciertamente esa idea pacifista es una de las opiniones que Chesterton no sostenía. Bendito sea.

Tampoco Chesterton era ni nocturnista ni diurnista. De esto algo sabemos. El político A insulta, responsabiliza y criminaliza al político B por un desastre climático sucedido en territorio de B, pero se lava las manos e inculpa a otros por una grave negligencia humana sucedida en el su propio negociado A. ¿La razón? Es un nocturnista: alaba o perdona todo lo sucedido en la noche, insulta y denigra todo lo sucedido durante el día, aunque sea lo mismo. No es consuelo, pero políticos como Puente son lo habitual, hoy y siempre. El poder mina y destruye lo noble de la humanidad. Así es la naturaleza caída. El poder ciega y deshumaniza. Buen argumento para la limitación de mandatos. Y para creer, como Chesterton, en el pecado original como la doctrina política más importante.

Temas que no han pasado de moda

No, no han pasado de moda. Chesterton ya fue consciente de que el suelo bajo los pies se había movido y todo lo que se sostenía iba a tambalearse y caerse, era solo cuestión de tiempo. La corriente del divorcio atacaba con fuerza desde los USA. Para algunos el divorcio formaba parte del «…poderoso proceso de liberación espiritual…» Nada menos. Para Chesterton, que afirmaba sin complejos que el matrimonio siempre es un ejercicio de libertad, «puede que sea puro sentimentalismo estúpido representar el mundo lleno de parejas felices. Pero representar el mundo lleno de divorcios felices me parece mucho más estúpido y mucho más sentimental».

Podríamos seguir con más ejemplos de la voz de Chesterton en cada artículo, pero nada sustituye la lectura de Chesterton. Me encanta encontrarme gente que le aburre leer a Chesterton, que se les atraganta, se les hace complicado. Todo eso es verdad. Su lectura no es fácil. Pero cuando encuentras la joya… a todo el mundo le gusta y todo el mundo la quiere tener en sus manos. Y joyas Chesterton tiene para aburrir, ahora sí. Porque volvemos a necesitar palabras valientes, conceptos claros, fronteras y barreras firmes, síes y noes. Creencias y firmes y opiniones que no hay que sostener.

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