Tal vez hoy resulte obvia la inhumanidad de los totalitarismos del siglo XX, pero en su momento, muchos fueron incapaces de ver el infierno en el que los fascismos y el comunismo estaban sumiendo a Europa. Hipnotizados por los cantos de sirena de los Mussolini, Hitler, Lenin y Stalin, multitudes se dejaron arrastrar por ideologías perversas que ocasionaron millones de muertos. Por eso, alguien como George Orwell puede considerarse un visionario al criticar, con gran valentía, los totalitarismos nazi y comunista en sus novelas más célebres: 1984 y Rebelión en la granja. En el caso de la segunda, las referencias al comunismo estalinista son más que evidentes, por lo que, en plena Segunda Guerra Mundial, cuando la Rusia soviética era un aliado prioritario de Reino Unido y EE.UU. en la guerra contra la Alemania nazi, una crítica tan poco sutil como la de Orwell contra Stalin era del todo inapropiada. Para no molestar al sanguinario dictador georgiano, las editoriales rechazaron, una tras otra, publicar la novela de Orwell, que tuvo que esperar a 1945 para ver la obra publicada.