La pieza se consideraba una obra anónima y estaba catalogada como «busto escultórico de un artista anónimo de la escuela romana del siglo XVI». Entre los documentos, Salerno ha aportado testamentos, correspondencia, diarios, informes, inventarios notariales, actas de cofradías desde 1564 hasta nuestros días, así como bocetos de Miguel Ángel. La conclusión de la autora del estudio es que el busto, realizado en 1534, retrata a Tommaso dei Cavalieri –amigo íntimo del artista–, y que fue trasladado desde la casa de Buonarroti, tras su fallecimiento, a la Iglesia de Santa Inés. Inicialmente, el busto se conservó en una capilla cerrada, desde donde fue trasladado a la Basílica.