El filósofo Jürgen Habermas en una imagen de archivo
Filosofía para todos
La batalla de Habermas contra los bebés a la carta
Temas de actualidad, como la ingeniería genética, ocuparon al filósofo alemán hasta sus últimos días
Las organizaciones provida que analizan los datos que cada año se conocen sobre abortos en el mundo ponen el foco en el aumento de las «interrupciones selectivas tardías» de los embarazos. En muchos casos, esta decisión tiene que ver con malformaciones de todo tipo, incluida la fisura labial y palatina.
Esa fue, precisamente, la afección con la que nació Jürgen Habermas en 1929. El filósofo alemán, fallecido el pasado sábado a los 96 años, desarrolló una intensísima labor intelectual hasta sus últimos días y tuvo tiempo de abordar cuestiones de total actualidad, como la incipiente ingeniería genética. El desarrollo de estas técnicas fetales es el siguiente paso lógico ante la normalización del aborto: crear bebés a la carta evita «sorpresas» y la necesidad de acabar con la vida de aquellos embriones que presenten «imperfecciones».
Es cierto que Habermas no hizo del aborto el centro de su reflexión bioética. Su ética del discurso, basada en la comunicación para establecer principios morales, se queda corta si el problema debe resolverse «en base a valores individuales o a criterios históricos y culturales de un grupo o una comunidad», como señala el profesor Dorando Michelini.
Sin embargo, si entró de lleno y de forma beligerante en la cuestión de la denominada «eugenesia liberal». Con este término se definen las técnicas mediante las cuales los padres pueden elegir los rasgos y características de sus futuros hijos. La diferencia fundamental frente a las propuestas eugenésicas anteriores está en la ausencia de coerción reproductiva por parte del Estado, que en este caso se sitúa como un elemento neutral.
Habermas trató esta cuestión, muy ligada al transhumanismo, en una obra titulada El futuro de la naturaleza humana, en la que teme que esta manipulación «restrinja la configuración autónoma de la vida del particular y socave la relación fundamentalmente simétrica entre personas libres e iguales». Es decir, que aquellos que se saben nacidos «a la carta» pueden entender que son otros los que han marcado su camino en esta vida.
El alemán retomaba la compleja cuestión de la naturaleza humana, esa esencia común tan debatida a lo largo de la historia de la filosofía. A su parecer, esta consiste en una autocomprensión ética de la especie, que se basa en un reconocimiento mutuo de la propia dignidad con bases kantianas, pero sometida también a una simetría en las relaciones que se quiebra con esa manipulación genética mencionada.
Entra, por supuesto, en la cuestión de los medios y los fines, también muy propia de la filosofía de Kant y su imperativo categórico. Como explica el profesor Hernández Mora: «Si la naturaleza ha de ser manipulada para alcanzar objetivos humanos, entonces queda reducida a un mero medio sin valor intrínseco». Se produce una instrumentalización de lo humano que cambia para siempre la relación entre personas y la propia definición de lo que es ser hombre.