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Andrés Amorós
Crónica deAndrés AmorósValencia

La emoción de torear a gusto lo cura todo

Emilio de Justo, muy decidido, se impone a su lesión al viento y al frío en la última de Fallas

Act. 19 mar. 2026 - 21:32

Emilio de Justo, de rodillas ante el segundo de su lote, al que cortó la única oreja del festejo

Emilio de Justo, de rodillas ante el segundo de su lote, al que cortó la única oreja del festejoEFE

En el día grande de las Fallas, el público acude a la Plaza con el recuerdo indignado de una Presidenta que negó trofeos a Tomás Rufo, sin que nadie entendiera por qué…

De nuevo, casi se llena el coso de la calle de Ruzafa, en una tarde de mucho viento, que dificulta la lidia, fría y sin sol, con los focos encendidos desde el comienzo.

El cartel reúne a tres primeras figuras, con reses de las que ellos eligen, de Núñez del Cuvillo: toros cuatreños, bajos, con pitones, muy manejables; algunos, con las fuerzas justas; el mejor el quinto.

Talavante vuelve a tener una tarde gris, sin comprometerse de verdad. Juan Ortega apunta detalles de torería. Emilio de Justo, muy decidido, corta un trofeo y pierde el segundo por la espada.

Talavante es el único torero que repite en los carteles de Fallas. No lo justificó el pasado sábado, con una actuación gris, dentro de su tónica actual. Esta tarde, parecía obligado a mejorar su imagen pero no lo consigue.

El primero es muy noble pero se derrumba en la primera vara, queda sin picar. Quitan Talavante y de Justo; los dos, por chicuelinas. Después de unos estatuarios dejando pasar al toro, sin más, el trasteo de Alejandro es fácil, cómodo, vistoso, ligerito, casi sin despeinarse. Así, ni el bondadosísimo público valenciano se emociona. La espada queda baja y trasera pero eso no le impide hacer gestos triunfalistas. Hace años, el público no se lo hubiera consentido.

El cuarto flaquea, echa la cara arriba en el peto, apenas lo pican pero es muy manejable. Brinda al público Talavante: ¿va a cambiar de actitud? Pues resulta que no. Los muletazos dicen muy poco, la sensación es mecánica, sin alma. El toro se raja, al final. Entrando de lejos, sin fe, sin estrecharse, mata a la cuarta. El resumen de su actuación sería el título de la comedia de Mihura y Tono: Ni pobre ni rico, sino todo lo contrario. O la frase que se atribuyó a un ministro de Felipe González: «Ni frio ni calor: cero grados».

Cambio el orden de los lidiadores. Juan Ortega ha consolidado su imagen de torero artista. Los aficionados esperan sus lances y muletazos estéticos; su meta, realizar faenas completas y poderle a los toros complicados.

Núñez del Cuvillo presentó toros cuatreños y bajos

Juan Ortega, este día de San José en ValenciaEFE

El tercero echa las manos por delante y entra rebrincado, renquea de atrás, cae varias veces, le impide lucirse con el capote. El toro es pronto pero pega arreones, protesta: el problema de la casta, cuando no le acompaña la necesaria fuerza. Ortega traza bien el primer muletazo pero, como el toro protesta, no logra redondear las suertes. Sin estar mal, no ha logrado resolver las dificultades. Mata sin cruzar y la espada queda baja.

En el cuarto toro, el segundo de Emilio de Justo, Juan Ortega dibuja un bonito quite por tafalleras muy suaves, con su capote de vueltas blancas. ¡Por fin hemos visto la estética de sus lances!

El último queda corto, tampoco le deja veroniquear; acude al caballo al relance, sin apretar. Comienza Ortega su faena doblándose con torería, enlaza con un molinete y un pase de pecho: el buen sabor del toreo sevillano. Luego, el toro es pegajoso, vuelve rápido, no le deja estar a gusto. Algunos naturales son buenos pero sufre un desarme, por un derrote violento. Mata con habilidad, a la segunda. Habrá que seguir esperándole, como es habitual con los toreros de su corte.

He dejado para el final a Emilio de Justo, que acude a Valencia haciendo un gran esfuerzo, pues sufrió varias fracturas, en Olivenza. Toda la tarde demuestra su gran entrega, le corresponde el mejor lote y el público se le entrega.

El segundo toro es pronto y bravo; aunque renquea de atrás, transmite mucho. Lo pican trasero. Se desploma em el primer par y al correrlo, a una mano. Comienza Emilio bien, con doblones clásicos. Molesto por el viento, la faena es desigual pero muy decidida, conecta mucho con el público. La espada queda trasera y ha de contentarse con la petición.

Pase de pecho de Emilio de Justo al primero de su lote, de nombre Cacareo

Pase de pecho de Emilio de Justo al primero de su lote, de nombre CacareoEFE

El quinto, colorado, es un toro muy bonito, bajo, corniapretado, que embiste con bravura. Lo recibe Emilio con verónicas, cargando la suerte, y el público no reacciona. Con listeza, cambia a chicuelinas, las quintas de esta tarde (¡qué exageración!). Éstas sí que levantan un clamor: así está ahora el público de casi todas las Plazas… Brinda al cielo. Comienza de rodillas. Liga derechazos de mano baja y naturales clásicos; busca el aplauso con una arrucina. Concluye con naturales de frente y bonitos ayudados por bajo una faena que ha tenido mucho eco: hubiera sido de dos orejas pero la espada queda trasera y baja, se ha de contentar con una.

Aunque Emilio de Justo está dolorido y no respira bien del todo, su decisión ha podido con todo: con su lesión, con el viento, con el frío, con el público fallero… La emoción de torear a gusto puede con todo. Queda así como el último triunfador de estas Fallas.

Concluye una Feria taurina en la que ha habido mucho público, mucha pasión y algunas faenas importantes: en mi memoria quedan, sobre todo, el estallido de Samuel Navalón y el temple de Tomás Rufo, que no recibió el merecido premio…

Valencia se prepara para la «cremá», esta noche, la gran fiesta del fuego: arderán los «ninots»; estallarán las tracas; se llenará el cielo con las luces multicolores de los cohetes…

Un año más, rabiarán los independentistas de esa entelequia llamada «los países catalanes» cuando suene la solemne belleza del himno de Valencia y miles de valencianos coreen su rotunda afirmación de patriotismo: «Por ofrendar nuevas glorias a España».

He presenciado yo todo esto, hace años, con amigos que ya no están: Rita Barberá, Luis García Berlanga, Luis Sánchez Polack, Alfredo Landa… Para contemplar bien el espectáculo, nos asomábamos a una ventana lateral del edificio del Ayuntamiento pero en seguida teníamos que retirarnos, porque el calor de las llamas nos tostaba la piel. Un año, mi malvado amigo Antonio Gala me dijo: «Tú estás ahora derramando lágrimas, como buen valenciano». Me limité a asentir: «Desde luego»…

Además de un hermoso espectáculo, la «cremá» tiene un sentido profundo muy claro: de un impresionante monumento, levantado con tanto trabajo y tanto arte, ya sólo quedan las cenizas.

La lección barroca es evidente. Con la llegada de la primavera, tenemos que quemar muchas cosas que se han quedado viejas, inservibles. Cuántas de ellas vemos, cada día, en la política, en la educación, en el periodismo, en la vida cotidiana: la mentira, la ignorancia, el sectarismo, la grosería, la falta de amor a España… Resume magistralmente San Pablo: «Tiene que morir el hombre viejo para que nazca el hombre nuevo».

Tampoco es difícil encontrar cosas inservibles en la Tauromaquia actual: efectismos, modas populistas, demagogias… No nos equivoquemos: lo inútil no es lo que ya ha cumplido años sino lo mentiroso, lo tramposo, lo cómodo. Decía Salvador Dalí que el pintor más moderno es Velázquez. Tenía razón.

También en el arte del toreo, el clasicismo es lo que nunca pasa de moda, lo que no se puede hacer mejor. Lo define perfectamente Roberto Domínguez: «El toreo es un milagro constante».

FICHA

  • VALENCIA. Feria de Fallas. Jueves, 19 de marzo. Muy buena entrada: 9.100 espectadores.
  • Toros de Núñez del Cuvillo, bajos, con pitones, manejables; varios, justos de fuerzas; el mejor, el quinto.
  • TALAVANTE, de morado y oro, estocada trasera y caída (saludos). En el cuarto, tres pinchazos y estocada trasera (aviso, silencio).
  • EMILIO DE JUSTO, de verde y oro, estocada trasera (aviso, petición y vuelta). En el quinto, estocada defectuosa (aviso, oreja).
  • JUAN ORTEGA, de tabaco y oro, estocada baja (silencio). En el sexto, pinchazo y estocada desprendida (ovación).
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