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La 'epojé' es clave en la filosofía escéptica

La 'epojé' es clave en la filosofía escépticaEl Debate (asistido por IA)

Filosofía para todos

La receta del escepticismo para alcanzar la felicidad

El filósofo Pirrón convirtió la suspensión del juicio en el camino hacia la tranquilidad

La actitud filosófica consiste, en ocasiones, en reconocer las limitaciones humanas respecto al conocimiento. Desde el famoso «solo sé que no sé nada» atribuido a Sócrates, pensadores de todos los tiempos han puesto en duda todas las estructuras de la realidad en busca de auténticas verdades.

Sin embargo, otros optan por hacer de esa limitación el único criterio y abrazan un escepticismo que determina que «no hay ningún saber firme, ni puede encontrarse nunca ninguna opinión absolutamente segura», en palabras del gran Ferrater Mora. Esta postura no está exenta de problemas porque la idea de que es imposible alcanzar la verdad se presenta como una afirmación que pretende ser verdadera, por lo que se cae en una contradicción de base.

Pero el escepticismo no solo se entendía en la Grecia clásica como una postura teórica, sino como una actitud ante la vida. Los hombres que se reunieron en torno a Pirrón de Elis, el primero de los escépticos, buscaban lo mismo que muchos otros en la época: la felicidad en forma de imperturbabilidad, la conocida como ataraxia, y que también era la meta de estoicos y epicúreos.

Para Pirrón, teoría y práctica van de la mano. Es decir, la ausencia de un conocimiento cierto de las cosas debe conllevar una actitud de corte ético. En este caso, esa consecuencia se denomina epojé, término griego que viene a significar «suspensión del juicio». Para el escepticismo, la esperada ataraxia debe conseguirse mediante un «estado de reposo mental, por el cual ni afirmamos ni negamos», según la definición de Sexto Empírico, uno de los mayores representantes de esta corriente de pensamiento.

Por lo tanto, tal y como explica el profesor Román Alcalá, la felicidad se construye sobre una especie de paradoja: «No consiste en la obtención de algo, sino, justamente, en la suspensión de nuestra decisión sobre las cosas; por eso, como las cosas son indeterminadas, sin estabilidad e indiscernibles, está claro que ni nuestras sensaciones ni nuestras opiniones pueden ofrecer nada verdadero, ni nada falso».

Aunque la epojé pirrónica tiene un sentido de búsqueda, no cabe duda de que este «escepticismo vital, que no afirma ni niega» también tiene sus limitaciones. En ese sentido, ya apuntaba Julián Marías en su clásica Historia de la filosofía lo difícil que resulta que «la vida humana pueda mantenerse flotante en esa abstención sin arraigar en convicciones». Aun así, si nos ceñimos al sentido clásico de la felicidad y la ataraxia, el camino escéptico puede ser el adecuado.

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