Montaje de las pinturas de Sijena y el 'Guernica'
Junts compara las pinturas de Sijena con el 'Guernica' y vuelve a convertir el arte en política
El crítico de arte Fernando Castro sostiene que la comparativa para paralizar la orden judicial de traslado de los frescos depositados en el MNAC de Cataluña responde al «espectáculo de políticos metidos a críticos artísticos»
El arte lleva semanas viéndose invadido por la política. PNV y Junts han aprovechado su incipiente protagonismo gracias al Gobierno de coalición de Pedro Sánchez para exigir concesiones llamativas. Si la formación vasca lleva semanas pugnando por que el Guernica se traslade a Euskadi, ahora la formación de Puigdemont pretende que se paralice el traslado de las pinturas de Sijena, una operación en la que la Justicia da 56 semanas al Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) para que las pinturas vuelvan a su lugar de origen.
«Primero el PNV y el Guernica, ahora Junts y Sigena, falta que aparezca algo que implique al BNG gallego. Es como si metiéramos a todos los partidos del pacto que sostiene a Pedro Sánchez y cada uno pidiera lo suyo», sentencia el crítico de arte Fernando Castro en conversación con El Debate.
Las pinturas de Sijena expuestas en el Museo Nacional de Arte de Cataluña
Pese al dictamen judicial, que desde Junts han tildado de «barbaridad», exigen que el Ministerio de Cultura de Ernest Urtasun se posicione contra el traslado de los murales desde el Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC) al Monasterio de Sijena. Con unas concesiones y con otras, Urtasun hace aguas por todos lados. Esto de Junts son disputas fronterizas penosas», apostilla Castro.
Desde el partido nacionalista catalán alegan: «Si sigue defendiendo el traslado, lo único que se demostrará es que hay una doble vara de medir sobre el traslado de obra. Si están en Madrid no se tocan, si están en Barcelona se pueden tocar. Todo responde solo a criterios políticos».
La cuestión es si ambos casos se parecen en algo más que en ser patrimonio artístico. La única relación del Guernica con el País Vasco es que la obra ilustra el bombardeo de la villa, motivo por el que el PNV pretende que Euskadi exponga la obra por el 90 aniversario.
Para el crítico de arte, las comparaciones no se sostienen: «No tienen ningún parecido. Son casos muy distintos. Cuando las ideas son vacías, derivan en propuestas patosas y banales».
Mural del Guernica en Guernica
Las pinturas de Sijena se pintaron originalmente sobre los muros de la sala capitular del Real Monasterio de Santa María de Sijena. Un incendio en el templo oscense durante la Guerra Civil desembocó en la restauración del experto catalán al servicio de la Generalitat Josep Gudiol. Pese a esa intervención, el origen de las obras sigue siendo el propio monasterio, donde hoy se reclama su retorno.
El Guernica tampoco se pintó en el País Vasco. Picasso realizó su obra en París y la mantuvo a buen recaudo hasta que en España se recuperaran las libertades, momento en el que, según sus instrucciones, el cuadro debía volver a territorio nacional.
En el marco temporal, las pinturas de Sijena se remontan al año 1200 y no se trasladaron al MNAC hasta 1936. Los datos son concluyentes: permanecieron en Sijena más de 700 años y en Barcelona apenas unas nueve décadas. El caso del Guernica es más contundente aún: el cuadro nunca ha estado en el País Vasco y lleva 44 años en Madrid.
Ambas propuestas, situadas en extremos opuestos, han tensionado el debate político y responden a intereses partidistas. «Estamos asistiendo a espectáculos de políticos metidos a críticos artísticos y analistas de los debates culturales, pero con un diálogo sin argumentación. La política cultural no tiene que ser ni partidaria ni sectaria», concluye Fernando Castro.