El rey Balduino y su inseparable esposa, Fabiola
Nieves Herrero: «La boda de Fabiola y Balduino de Bélgica tuvo un impacto similar a la de Felipe VI y Letizia»
En La prometida, la escritora y periodista madrileña Nieves Herrero combina la novela histórica del primer enlace real televisado con la crónica policiaca
La historia de Balduino de Bélgica y Fabiola de Mora y Aragón fue uno de los grandes relatos sentimentales de la Europa de posguerra. En pleno contexto de tensiones políticas y cambios sociales, el enlace entre un monarca marcado por la austeridad y una aristócrata española desconocida para el gran público despertó una atención sin precedentes. Aquella boda, celebrada en 1960, no solo simbolizó una cierta apertura internacional de la España franquista, sino que convirtió a Fabiola en un fenómeno popular y mediático.
Sobre ese telón de fondo se construye La prometida, una historia que combina reconstrucción histórica e intriga policial. Entre Madrid y París, la trama avanza por escenarios marcados por el poder, el glamur y los secretos, en un momento en el que la vida pública y la privada se entrelazan de forma constante.
Nieves Herrero
Con una trayectoria consolidada en la narrativa histórica, Nieves Herrero ha hecho de la recuperación de episodios reales una de sus señas de identidad. Tras el éxito de novelas como Lo que escondían sus ojos o El joyero de la reina, la autora vuelve a explorar las conexiones entre poder, intimidad y memoria, en un relato que sitúa al lector en una época tan fascinante como contradictoria.
- La novela se sitúa en 1959. ¿Qué le atrae de ese momento concreto de la historia europea?
- Son años en los que España, que estaba encerrada en sí misma, empieza a abrirse al extranjero. Se producen las visitas de Eisenhower o de los reyes de Tailandia. La del presidente norteamericano es clave para generar una sensación de seguridad que desemboca en dos tramas: la historia entre Fabiola de Mora y Aragón y el rey Balduino de Bélgica, que se casaron el 15 de diciembre de 1960, y la narrativa policíaca de Margot Sanz Peters, que debe resolver desapariciones, ya que por la mañana es periodista y por la noche colabora con la policía.
Es una trama real y de ficción. Todo lo histórico que aparece, las circunstancias de la época y las situaciones de mis personajes son hechos reales. Luego vinculo a Margot Sanz con Fabiola de Mora y Aragón, que forja una relación de apoyo mutuo. Todo surge cuando el diario de Fabiola desaparece y la detective Margot le ayuda a resolver la incógnita. Descubre que se lo llevaron los periodistas Jesús Hermida y Jaime Peñafiel. Este episodio estuvo a punto de provocar un conflicto entre Bélgica y España.
'La prometida', de Nieves Herrero
A Franco le interesaba muchísimo que una española se casara con el rey belga, y el hecho de que le robaran su diario suponía una mancha en el sistema de custodia policial en España. Todo esto revela que la realidad y la ficción se dan la mano, pero los acontecimientos que describo existieron. Lo único que hago es colocar a Margot en esos escenarios y a Fabiola en los que le corresponden. Lo que me atrajo de ese momento fue la enorme relevancia que tuvo la boda de Fabiola de Mora y Aragón y Balduino de Bélgica.
- La boda de Fabiola de Mora y Aragón y Balduino de Bélgica fue un acontecimiento de enorme repercusión. ¿Qué simbolizó entonces para Europa?
- Para Bélgica era una noticia necesaria. Durante todo 1960 vivieron la independencia del Congo, una de sus colonias, que desembocó en numerosas revueltas. En España despertó un gran interés por Bélgica. Aquí nadie conocía a Fabiola y el hecho de que un rey belga se casara con una desconocida llamó la atención en todo el mundo. Fue un boom similar al del noviazgo entre Felipe VI y Letizia. La atención mediática de la crónica social internacional se centró en ellos.
Hoy quizá nos hemos olvidado de Fabiola, pero protagonizó la primera boda real retransmitida por televisión en todo el mundo y, gracias a ese enlace, se vendieron muchos televisores en España.
Fue un gran acontecimiento. España y Madrid despidieron a Fabiola como si ya fuera reina. Cuando se marchó a Bruselas antes de casarse, las calles de Madrid, en todo el recorrido hasta Barajas, estaban llenas de gente.
Ceremonia civil, previa a la religiosa, de Balduino y Fabiola de Bélgica en el Palacio Real
Quizá no era un personaje popular en las revistas, pero sí muy querido por la gente. Durante años cogía su coche y se iba a los barrios más humildes a llevar medicinas, dinero o regalos a los niños. Era tan alegre que al rey triste —como era conocido Balduino— le alegró la vida.
Surgieron muchos bulos sobre Balduino y, para acallarlos, se decidió que debía casarse. Él puso dos condiciones: que fuera española y católica. El cardenal Suenens y la monja Edel Quinn vinieron a España para buscar candidatas y consideraron que Fabiola era la mejor opción.
Ella respondió que no se casaría con el rey, sino con el hombre, y que para hacerlo debía estar enamorada. Esto llevó a organizar muchos encuentros entre ellos y, al final, como contó la propia Fabiola, su amor fue más allá de la muerte.
- ¿Qué supuso la figura de Balduino de Bélgica?, un monarca con una fuerte vocación religiosa, hasta el punto de abdicar temporalmente para no firmar la ley del aborto.
- La Iglesia reconoció ese gesto y una de las últimas decisiones del Papa Francisco fue iniciar el proceso de beatificación de Balduino. Era un rey muy comprometido con la gente y con las obras sociales. Era tan religioso que murió rezando en Motril, donde pasaba los veranos con su familia.
- ¿Hasta qué punto ese enlace real reflejaba también la España de la época, todavía bajo el franquismo?
- Fabiola se ganó al pueblo belga desde el primer momento. En cuanto pisó las Cortes se ganó a todos. La gente percibe cuando alguien tiene corazón, y a Fabiola el corazón se le salía por la boca. Era una mujer muy especial y comprometida. A Franco le vino muy bien esta boda porque abrió España al mundo. Todo el mundo quería saber de ella. Hubo una «fabiolamanía», hasta el punto de que se dio su nombre a una barra de pan.
Boda del Rey Balduino y Fabiola de Mora y Aragón
Me gusta retratar la época y el ambiente, por ejemplo, la situación de las mujeres, que no podían tener cuenta bancaria, viajar o abrir un negocio sin el permiso de su padre, marido o hermano. Para que Fabiola pudiera viajar y conocer a Balduino, tuvo que pedir permiso a su hermano. Le dijo que iba a Bruselas, pero no lo que iba a hacer.
Intento reflejar un mundo de contrastes, el de una sociedad emergente a la que le costaba salir adelante porque los sueldos eran muy bajos. No solo me interesa la parte externa, sino también cómo pensaba la gente. Un ejemplo claro es Margot, a quien están constantemente proponiendo matrimonio y que lo primero que quiere es desarrollarse profesionalmente. En ella he reflejado a esas mujeres que rechazan el matrimonio como única salida, que quieren progresar y que sus méritos sean reconocidos.
- Mirado desde hoy, ¿qué nos dice aquel 1959 sobre el presente?
- Que ningún tiempo pasado fue mejor. Eso es lo que me transmiten los hechos. Dos periodistas acabaron en comisaría y los medios fueron amenazados con el cierre si no aparecía lo que había desaparecido.
Fabiola y Balduino de Bélgica, en una imagen de archivo
Finalmente apareció, y los periodistas se comprometieron a no decir ni una palabra sobre el contenido de ese diario. Yo no soy nada nostálgica: para mí, ningún tiempo pasado fue mejor. Pero eso también se aprende al conocer la historia y ver qué ocurría en esas épocas.
A la gente se la detenía por su ideología. Cuando llegó Eisenhower, a anarquistas y comunistas se les detuvo hasta que terminó la visita por miedo a un atentado. En vida, el periodista Eugenio Suárez me contó que no podía haber un crimen cada día y que había que elegir uno a la semana. Muchas personas murieron en accidentes de tren y no se contó. Muchas cosas de aquella época no se publicaron. La censura estaba más viva que nunca.