Morante torea con la muleta sentado en una silla
¿Por qué Morante toreó sentado?: sus guiños a los cánones antiguos
La faena del jueves en Sevilla recuperó gestos y formas de la Edad de Oro del toreo, propias de Rafael 'el Gallo'
Todo invitaba a su gloria y así fue. El pasado jueves, Morante de la Puebla toreó en su Sevilla natal la segunda corrida después de su retirada y, como no podía ser de otra manera, se confirmó como «rey indiscutible del toreo», un hito que busca repetir en la faena de este lunes.
Morante salió a hombros de la Real Maestranza y, más importante aún, desató la locura en el público. En cada corrida deja detalles que confirman su pasión por la Fiesta y reafirman que ha construido una carrera desde el respeto a la historia de los toros en España.
Morante de la Puebla
El 16 de abril, el diestro quiso rememorar esa historia y se sentó en una silla de Quidiello con una pierna sobre la otra. «Un hecho que no pasó inadvertido. Con ese gesto evocó pasajes y formas de torear de otra época», afirma Carlos Rodríguez-Villa, presidente de la Asociación El Toro de Madrid, en conversación con El Debate.
«Morante es un gran conocedor y amante de la historia taurina, y muchas veces introduce guiños que remiten a tauromaquias antiguas», continúa. La hazaña del diestro de La Puebla recordó al pase de silla de Rafael 'el Gallo' en la Feria de Julio de Valencia, el 30 de julio de 1918. Rafael fue el primero en realizar esta suerte con frecuencia y sentó el precedente de ubicarse en la silla en el centro del ruedo y torear con la muleta.
Rafael 'El Gallo' y su famoso pase de la silla en 1918
La recuperación de las banderillas sentado en una silla es un pasaje que parecía confinado a las amarillentas crónicas del siglo XIX. Es una suerte de exposición máxima que rompe la inercia del toreo moderno para devolver la imagen de un héroe romántico suspendido en una fragilidad absoluta.
En el pasado, el gesto era propio de los más grandes. El estilo de Morante no busca la modernidad, sino la pureza de los cánones antiguos, en homenaje a maestros de los siglos XVIII y XIX.
Los otros guiños de Morante
En su primera faena en Sevilla, Morante llevó medias blancas y no fucsias, un nuevo abrazo al pasado y a la historia del toreo. Las medias blancas, recuerdo clásico, se atribuyen al torero gitano Rafael Albaicín, padre de la bailaora María Albaicín. Luis Francisco Esplá, Rafael de Paula, antiguo apoderado y maestro del de La Puebla, o Luis Miguel Dominguín fueron otras figuras que las usaron.
La devoción de Morante por Joselito 'El Gallo' se manifiesta con especial plasticidad en el rescate del galleo del bú. Lejos de ser un mero adorno, el gesto reivindica la lidia como un ejercicio de inteligencia y dominio técnico. Al ejecutarlo, Morante no solo conduce al toro, sino que transporta al espectador a la Edad de Oro del toreo, demostrando que elegancia y eficacia pueden convivir en un mismo trazo.
Morante de la Puebla en la Real Maestranza de Sevilla
Para Morante, el traje de luces es una declaración de principios. Su insistencia en recuperar la montera antigua —sin añadidos laterales modernos— y el uso de chaquetillas con bordados que evocan los grabados de Francisco de Goya suponen un regreso al orden establecido por Francisco Montes 'Paquiro'.
Esta arqueología indumentaria busca despojar al torero de la rigidez contemporánea para devolverle la prestancia de un dandi del siglo XVIII. Al vestirse así, el sevillano se convierte en un cuadro viviente que legitima su tauromaquia desde su propia raíz.
Más allá de los lances técnicos, los guiños de Morante se aprecian en detalles de una liturgia casi olvidada, como el gesto de secarse el sudor con un pañuelo de seda durante la faena. Es una pausa dramática que humaniza la lidia y dota a la faena de un ritmo distinto.