La Última Cena (Juan de Flandes), El aguador de Sevilla (Diego Velázquez) y Hécate (José de Ribera)
La historia de los cuadros que Fernando VII no quiso recuperar y que el duque de Wellington se quedó
Tras la derrota de los franceses en la batalla de Vitoria, José I dejó atrás un tesoro artístico de gran valor robado de la Colección Real. Cuando Arthur Wellesley descubrió el valor de las obras, se apresuró a devolver la colección al completo de forma inmediata sin esperar la respuesta que iba a recibir
El 21 de junio de 1813, cuando el rey José Bonaparte se batía en retirada ante el avance de la coalición de tropas españolas, inglesas y portuguesas lideradas por Arthur Wellesley, tuvo lugar una de las batallas más importantes de la Guerra de la Independencia, la batalla de Vitoria.
El enfrentamiento de las tropas aliadas con las tropas que escoltaban al hermano de Napoleón supuso una victoria decisiva y propició la salida definitiva del monarca intruso, quien se vio obligado a dejar atrás el valioso tesoro artístico que llevaba consigo en su equipaje. En cuanto a pintura, José I había abandonado Madrid con más de doscientos lienzos que fueron arrancados y enrollados para facilitar su transporte.
En el caos de la batalla, muchos soldados se apresuraron a saquear parte del botín del rey como joyas, monedas o decoraciones de metales preciosos. No obstante, los lienzos enrollados pasaron desapercibidos, ya que nadie sabía realmente el valor de lo que se escondía entre ellos. Pensando que era simplemente parte del equipaje personal del rey, Wellesley los requisó y los envió a Inglaterra para que fueran custodiados por su hermano, William Wellesley-Pole (futuro lord Maryborough).
El mariscal Arthur Wellesley, quien derrotaría a Napoleón en la batalla de Waterloo, ya gozaba de una gran estima por parte de Fernando VII gracias a su labor en la guerra, lo que le valió la concesión del ducado de Ciudad Rodrigo en 1812. En 1814, el rey Jorge III del Reino Unido le otorgó el título con el que ha pasado a la historia, duque de Wellington. Su larga e impecable trayectoria le llevó a ser nombrado, en 1828, primer ministro del Reino Unido.
Arthur Wellesley, en un retrato pintado por Francisco de Goya
Una vez en Londres, el hermano de Wellesley contrató a un experto en arte, William Seguier –quien sería el primer director de la National Gallery–, para que tasara los lienzos. Para su sorpresa, descubrió que el botín no eran simples decoraciones, sino que se trataba de parte de la Colección Real y que contenía obras de grandes maestros de la pintura europea como Velázquez, Tiziano o Rubens.
Tras enterarse de lo ocurrido, el duque de Wellington escribió a otro de sus hermanos, Henry Wellesley, que ejercía como embajador en Madrid, para ofrecerse a devolver la colección al completo de forma inmediata. Al no recibir respuesta, se dirigió al embajador español en Londres, el conde de Fernán Núñez, para expresar las mismas intenciones. La respuesta de Fernando VII llegó en 1816 y no fue, en absoluto, lo que el duque de Wellington podría esperar.
El rey de España declinó su oferta y, en agradecimiento por sus servicios, le dejó conservarlas: «Adjunto os transmito la respuesta oficial que he recibido de la Corte, y de la cual deduzco que Su Majestad, conmovido por vuestra delicadeza, no desea privaros de lo que ha llegado a vuestra posesión por cauces tan justos como honorables».
Este regalo, conocido como 'The Spanish Gift', constituye el grueso de la colección de arte de Apsley House, también conocida como Wellington Museum, que se ubica en la que fue la residencia londinense del duque en Hyde Park Corner. A este repertorio se suman otros regalos que recibió de mandatarios extranjeros como agradecimiento a su labor en la liberación de Europa de Napoleón.
Pintura española
Entre los lienzos obsequiados al duque de Wellington, la gran joya del conjunto es, sin duda, la colección de pinturas del maestro barroco Diego Velázquez, entre las que se encuentra una de sus obras más célebres: El aguador de Sevilla. A este cuadro se suman otros tres del artista sevillano: Dos jóvenes a la mesa, Retrato del Papa Inocencio X y Retrato de un caballero.
El aguador de Sevilla (c. 1620), de Diego Velázquez
Por otra parte, el museo alberga tres obras del también barroco José de Ribera: Santiago el Mayor, San Juan Bautista y Hécate: Procesión a un aquelarre. Asimismo, cuenta con una pieza del artista madrileño Claudio Coello: Santa Catalina de Alejandría.
Hécate: Procesión a un aquelarre, de José de Ribera
Además de los ya mencionados, otro de los artistas barrocos españoles con mayor representación en Apsley House es Bartolomé Esteban Murillo con obras como San Francisco de Asís recibiendo los estigmas o Isaac bendiciendo a Jacob.
Isaac bendiciendo a Jacob, de Bartolomé Esteban Murillo
Pintura europea
Entre la pintura europea destacan multitud de artistas que con los siglos fueron enriqueciendo la colección de pinturas de la Corona Española. Entre ellas, se encuentra una representación de la Última Cena de Juan de Flandes, que en su día perteneció a Isabel la Católica como parte del Políptico de Isabel la Católica. El pintor, de origen flamenco, sirvió en la corte de Castilla hasta su muerte en Palencia en 1519.
Última Cena, de Juan de Flandes
Una de las mayores joyas del Renacimiento de la colección de Wellington pertenece al italiano Tiziano. La obra en cuestión, Dánae, ha sido identificada por expertos del Museo del Prado como parte de un grupo inspirado en las Metamorfosis de Ovidio para el futuro Felipe II. La pinacoteca madrileña logró reunir en 2014 el conjunto bajo el título: Dánae, Venus y Adonis. Las primeras poesías de Tiziano para Felipe II.
Dánae, de Tiziano
Otra de las grandes piezas renacentistas que atesora el museo, Oración en el huerto, es obra del italiano Correggio. El lienzo muestra el episodio de la vida de Jesús de Nazaret en el que reza en Getsemaní antes de ser detenido y empezar su Pasión.
Oración en el huerto, de Correggio
La muestra de Apsley House se ve enriquecida con muchas más obras procedentes tanto del botín de Vitoria como del resto de Europa, que nada tienen que envidiar a las colecciones de otros museos de referencia. Luca Giordano, Rubens, Jan Brueghel el Viejo o Mengs son solo algunos de los grandes maestros de la historia del arte que, por azares del destino, se han visto reunidos en el palacio de un militar inglés que dio la estocada final al emperador Napoleón.
Dentro del debate que pueda seguir existiendo en torno al expolio napoleónico, hay que señalar que estas obras fueron legítimamente regaladas por el rey. Un caso aparte lo constituyen las numerosas obras que los franceses sacaron de España a la fuerza y que hoy en día están dispersas por el mundo.