Toledo recupera su esplendor al mostrar el impresionante tesoro artístico de la Catedral Primada
Más de la mitad de las obras expuestas nunca han sido vistas. Un auténtico viaje no solo a la antigua capital del imperio sino a la antigua Europa en Primada, VIII Centenario de la Catedral de Toledo, del 26 de mayo al 14 de octubre
Vista de la exposición Primada, VIII Centenario de la Catedral de Toledo
No iba uno a pedir pan, como hace cinco siglos, pero entró a la Catedral Primada por la Puerta del Mollete. Uno imagina allí al Lazarillo esperando su turno. Pero el Lazarillo nunca entró allí. Si lo hubiera hecho puede que se asustara del niño tras el portalón al que los judíos raptaron, crucificaron y arrancaron el corazón.
Está allí, tras la puerta, pintada esa escena apócrifa, casi al pie del claustro. El más grande de España. Un jardín del edén con vistas a la torre única y otras maravillas. Por el camino un carro de madera viejísima, secular, impresiona al imaginar quien viajó sobre él, qué llevó o quién lo manejó. Una escena del pasado, como toda esta experiencia impresionante.
Vista de la exposición Pirmada VIII Centenario en la Catedral de Toledo
La Primada se oscurece en la escalera de Tenorio que asciende (el claustro está seis metros por debajo del nivel de la calle) hasta los pisos superiores donde se han ubicado los tesoros que se pueden ver desde el 26 de mayo hasta el 14 de octubre. No se lo pierdan. Isabel la Católica pisó esas estancias que fueron las suyas. En soledad o en completa abstracción uno puede llegar a creer que se puede topar con ella.
O con el cardenal Cisneros. Allí está su casulla. Más de una. Y las del cardenal Jiménez de Rada, como si fuera su armario, seda y lino. Lujo superior, joyas de tela y bordados apabullantes por la impronta que emanan. Sus cuerpos reales fueron cubiertos por esas prendas cuasi divinas: calzas, guantes, estolas, tibialías...
Vista de la exposición, a la izquierda el Tapiz del Astrolabio
Y hay mitras, palios, capelos, báculos... el ajuar funerario del arzobispo Primado y todopoderoso como un faraón. Esa es la impresión, valga la consonancia. El mundo se asombra con los tesoros de Egipto, pero debiera impresionarse igual con los tesoros de Toledo, la ciudad de las tres culturas en los ricos tiempos de quien dirigió a las tropas cristianas contra los almohades en Las Navas de Tolosa.
En la Primada un ciprés se eleva en el claustro a falta de torres. Solo hay una, pero también está la cúpula de la capilla mozárabe, tesoro extraordinario donde todos los días a las nueve se celebran misas por el antiguo rito de los cristianos visigodos de Al-Ándalus. Hay ruido como de canteros. Los últimos antes de la apertura este jueves de la gran exposición, ¿es el XXI o el XVI? La gran muestra por el VIII centenario de la catedral de Toledo desde el 26 de mayo al 14 de octubre de 2026. Es como si se siguiera construyendo, desde el XV hasta el XVIII.
La historia de Europa
Son los últimos retoques del esplendor renovado en las joyas ocultas durante ocho siglos. Más de la mitad de lo expuesto nunca había sido visto antes. Es el esplendor de Toledo y de España y de Europa y del culto: misales, pontificales, homiliarios, un Canon de medicina de Avicena. Reliquias impresionantes, como la que conserva un pedazo del manto púrpura de Cristo en el que se inspiró Velázquez. La túnica de Jesucristo ante los ojos.
La historia del cristianismo. La historia de Europa en el retablo italogótico primitivo, en sus tablas expuestas que fueron reutilizadas en el retablo de San Eugenio. La cosmovisión del tiempo, como las esculturas que provienen de la mezquita antigua sobre la que se eleva la catedral, enorme banco de los relicarios delicados: de santa Leocadia, de santa Úrsula o de san Ildefonso.
Y de las esculturas de plata de Vaccaro, Las cuatro partes del mundo, y de Luca Giordano y de El Greco, de Zurbarán y de Velázquez, que pintó a san Ildefonso con el rostro de Luis de Góngora. Todo parece nuevo y limpio en la Catedral de Toledo, donde vuelve a cobrar importancia Mariana de Neoburgo, la María Antonieta española, odiada por el pueblo y que vivió tanto tiempo en el Alcázar tras morir el rey Carlos II, el último de los Austrias.
La Primada como nunca antes mostrada en un gran esfuerzo de varios años (con Javier Martínez de Aguirre y Benito Navarrete como comisarios sobre el proyecto del arquitecto Francisco Bocanegra) para enseñar la grandeza del pasado que es presente, para reivindicar una memoria que es real y está viva. La exposición que acoge «la Rica Toledana», nunca más rica o nunca antes vista tan rica donde, al final del suntuoso recorrido, bajo los arcos y las bóvedas y las vidrieras que contienen la maravillosa exposición, espera El prendimiento de Goya, casi como firma floreciente de arzobispos y capitulares (Borja, Lorenzana o Portocarrero) como faros de la humanidad.