Víctor Hernández asusta al público con su valor impávido
Nuevo «No hay billetes», con preciosos toros encastados de Jandilla y Santiago Domecq y siete avisos
Víctor Hernández, con la chaquetilla arrancada por una cogida durante la lidia del sexto de la tarde
En el vigésimo cuarto festejo de la Feria de San Isidro, se ha colocado el décimo quinto cartel de «No hay billetes». (Sería injusto no agradecer su parte de mérito al ministro Urtasun). Con toros de dos grandes ganaderías, cuatro de Jandilla (que acaba de recibir el Premio del año pasado) y dos de Santiago Domecq, hemos vivido muchos momentos emocionantes. Los fallos con los aceros han impedido que se cortaran más de un trofeo. Al final, Víctor Hernández se ha jugado la vida y ha sufrido dos tremendas cogidas, aparentemente sin cornada.
La festividad del Corpus Christi (‘cuerpo de Cristo’) es una de las más solemnes del año litúrgico, celebra la presencia real de Jesús en el Santísimo Sacramento. Se instituyó como fiesta de la Iglesia ya en el siglo XIII. En muchas ciudades de España, ha sido una de las fiestas religiosas con mayor tradición. Cuando yo era chico, todos nos sabíamos el poemita: «Tres jueves hay en el año / que relumbran más que el sol: / Jueves Santo, Corpus Christi / y el día de la Ascensión». Dudo de que los jóvenes actuales se lo sepan.
Celebran el Corpus Christi con procesiones muchas ciudades españolas: en Sevilla, han bailado los seises, las calles del casco histórico se engalanan con altares efímeros… y torea Morante. En Toledo, desfila la monumental custodia de Arfe. En Valencia, admiran las «Rocas», monumentales carros alegóricos. En Granada, la Tarasca vence al dragón…
Como es una fiesta vivida con fervor por el pueblo español, ha ido muy unida a la historia de nuestro teatro (Bataillon señaló su conexión con el auto sacramental) y a la historia de la Tauromaquia. En Madrid, esta tarde vemos un cartel de figuras, en Las Ventas; León XIV presidirá una histórica procesión.
El primer toro de Jandilla luce una hermosa capa: es ensabanado, capirote, botinero. Saca nobleza pero hinca los pitones en la arena cuando Emilio de Justo se dobla con él. La faena, seguida con interés por el público, es desigual, con momentos buenos y algún enganchón. Logra al final una serie vibrante pero pincha antes de la estocada y se atasca con el descabello, escucha dos avisos.
Emilio de Justo, con el primero de la tarde, un ensabanado capirote botinero de 591 kilos
Protestan algunos de salida el cuarto toro por su justo trapío. Lo recibe Emilio con verónicas y chicuelinas. Brinda al público su último toro de esta Feria, en la que todavía no ha cortado trofeos. El toro es pronto, embiste con alegre bravura, repite. Lo embarca en seguida en clásicos naturales, con la muleta arrastrando por la arena, rematados con trincherillas, molinetes y de pecho. Acaba con muletazos genuflexos, con el bravo toro embistiendo incansable. Es una pena que el espadazo caiga trasero y surge la división de opiniones. Con un toro muy bravo, Lacerado, candidato a premio, ha sido una faena emocionante, arrebatada, pero mal rematada con la espada: dos avisos y ovación.
Se presenta en la Feria Borja Jiménez, que se encerrará con seis toros el domingo, en recuerdo de Ignacio Sánchez Mejías. El segundo toro derriba espectacularmente a Tito Sandoval (como es habitual, actúan con mucho valor en ese trance los monosabios). Quita Víctor Hernández con el capote a la espalda, muy ceñido. Se luce Juan Carlos Rey, con los palos. Brinda Borja Jiménez al público. Comienza genuflexo, muy mandón, pero surgen ráfagas de viento, que impiden la limpieza de los muletazos. Además, el toro a veces protesta y sale rebrincado. He visto a Borja firme, centrado, pero la faena no ha llegado a cuajar. Como acostumbra, entra a matar desde muy lejos y pincha dos veces, antes de la estocada.
Borja Jiménez, con el quinto de la tarde, un toro sardo de nombre Piernasuelta
Reciben con una ovación al quinto, el primero de Santiago Domecq, por su preciosa estampa antigua: luce dos «velas»; es sardo, con mezcla de pelos blancos, negros y colorados (como la capa de un estudiante pobre, decían en broma, hace un siglo). Podría exhibirse en un museo, como ejemplo de un hermoso toro. Además, embiste con prontitud y alegre bravura, repite incansable. Lo deja pasar Borja en tres muletazos por la espalda que no contribuyen a dominarlo. Eso es lo que necesita el toro porque tiende a rematar algo rebrincado. El diestro no acaba de entenderse con él: por fas o por nefas –decían los revisteros– la faena no cuaja. Esta vez, que no cabe premio, sí que acierta con la espada, algo atravesada, pero necesita dos descabellos.
Aunque pesa 582 kilos, no agrada a algunos la presentación del tercero. Va bien al caballo, lo cuida mucho Israel de Pedro. Víctor Hernández lo llama desde lejos y hace el poste: demuestra su valor pero eso no ayuda a someter al toro. En los naturales, surge un desarme. Víctor logra ligar una buena serie de derechazos pero la alegría inicial del toro ha durado poco. Impresionan sus impávidas bernadinas, antes de media estocada.
El último, de Santiago Domecq, se lleva por delante a Víctor Hernández, al intentar darle el primer lance: le arranca la chaquetilla, lo lleva arrastrando muchos metros, hasta el centro del ruedo. Es un milagro que no haya sufrido una grave cornada. Pretender dar lances lucidos de salida, antes de parar y fijar al toro, sólo se puede hacer con algunos toros actuales, que parecen salir ya picados; con toros fuertes, encastados, es una temeridad.
Empuja el toro en el caballo: le pegan mucho y trasero, en el segundo puyazo. No se lo pone fácil a los banderilleros. Sin chaquetilla, Víctor Hernández brinda al público. Miedo da verlo aguantar, impávido, las fuertes embestidas. El toro lo vuelve a coger, ahora por el pecho, y le arranca el chaleco: felizmente, parece que tampoco esta vez lo ha herido pero parece un Ecce-Homo y lleva una fuerte paliza, por lo menos. Acaba metido entre los pitones. Con decisión, deja una estocada tendida pero falla con el descabello y pierde el seguro trofeo.
Víctor Hernández, cogido de la chaquetilla por el segundo de su lote
Imagen de la voltereta sufrida por el torero
Muletazo de Víctor Hernández, ya sin la chaquetilla, a ese mismo toro
Con su valor impávido, Víctor Hernández ha asustado al público, que espera verlo de nuevo en la corrida de la Beneficencia. A alguien que se juega la vida con tanta verdad, no cabe hacerle reproches. Imitar la técnica quietista de José Tomás emociona mucho pero supone este riesgo evidente.
El mal uso de la espada y del verduguillo ha provocado que no haya habido trofeos: siete avisos son demasiados, en diestros de primera fila. También hay que reflexionar sobre los excesivos fallos con el descabello. ¿Cuál es la causa? Varios profesionales me lo han aclarado: antes, los toreros practicaban esa suerte en el matadero. Como ahora está prohibido hacerlo, por razones sanitarias, no la entrenan suficientemente. Habría que buscar una solución razonable para un problema evidente.
Sin corte de orejas, ha sido una gran tarde de toros. Han dado un hermoso espectáculo las reses de Jandilla y de Santiago Domecq: de bella estampa, fuertes, encastados, que han embestido con prontitud, alegría y repetición; es decir, lo que tantas tardes echamos de menos. La belleza única del toro bravo.
FICHA
- Madrid. Plaza de Las Ventas. Jueves, 4 de junio. Vigésimocuarto festejo de la Feria de San Isidro. No hay billetes.
- Toros de Jandilla, los cuatro primeros: bravos y nobles. Quinto y sexto, de Santiago Domecq, muy encastados.
- EMILIO DE JUSTO, de grana y oro, pinchazo, estocada y siete descabellos (dos avisos, silencio). En el cuarto, estocada trasera y dos descabellos (dos avisos, ovación).
- BORJA JIMÉNEZ, de añil y oro, dos pinchazos y estocada (aviso, silencio). En el quinto, estocada atravesada y dos descabellos (silencio).
- VÍCTOR HERNÁNDEZ, de gris plomo y oro, media estocada y descabello (ovación). En el sexto, estocada tendida y seis descabellos (aviso, ovación).