Fundado en 1910
El Capricho de Gaudí, Comillas

El Capricho de Gaudí, Comillas

La maldición de 'El Capricho', la joya de Gaudí que su dueño disfrutó solo siete días

Fue la primera casa terminada que realizó Gaudí, aunque la edificación es más un pequeño palacete nacido del sueño de un indiano melómano que compartía el amor por la naturaleza con el joven arquitecto catalán

Más de cien años antes de la colocación de la Torre de Jesucristo en la Sagrada Familia, un joven Antoni Gaudí de apenas 30 años levantó en el norte de España su «obra manifiesto»: la Villa Quijano, más conocida como El Capricho. Es una de las tres joyas gaudinianas fuera de Cataluña, junto al Palacio Episcopal de Astorga y la casa Botines, en León. Pero El Capricho fue la primera casa terminada que realizó Gaudí, aunque la edificación es más un pequeño palacete nacido del sueño de un indiano melómano que compartía el amor por la naturaleza con el joven arquitecto catalán.

La construcción fue un encargo de Máximo Díaz de Quijano, un abogado de prestigio, periodista y pianista de zarzuelas que encarna el ideal del sueño americano norteño. Regresó de Cuba habiendo hecho fortuna y, como era concuñado del marqués de Comillas, planeó asentarse en Comillas.

En una parcela junto al Palacio de Sobrellano, Gaudí proyectó, en 1883, este edificio tan peculiar a simple vista y sorprendente a nivel de detalles cuando se descubre cómo se diseñó. Recubren la fachada miles de girasoles pintados a mano sobre una cerámica vidriada fabricada en la célebre factoría Pujol i Bausis, la misma que años después dio color al Park Güell.

Que sean girasoles no es casualidad, porque Gaudí diseñó el edificio para que capturase el sol y siguiera su trayectoria. Como si fuera un girasol arquitectónico, ubicó el dormitorio en la parte este para aprovechar la primera luz del día; al oeste situó el cenador y en la fachada sur levantó un invernadero para que las plantas tropicales de Máximo sobrevivieran al clima norteño. Pero también funcionaba —y sigue funcionando— como un sistema de termorregulación mediante un hipocausto o gloria que distribuye el calor por la casa.

GAUDI, ANTONIO
ARQUITECTO ESPAÑOL. REUS 1852-1926
EL CAPRICHO ,  CONSTRUIDO COMO RESIDENCIA DE VERANO EN EL AÑO 1883 POR ENCARGO DE MAXIMO DIAZ DE QUIJANO , PARIENTE DEL MARQUES DE COMILLAS.
ARTE MODERNISTA

El Capricho de Gaudí, Comillas©KORPA

En la zona norte, donde no da el sol directo y se nota el frío del Cantábrico, Gaudí encargó ventanales con doble cristal, similar al actual climalit, para proteger el interior. Podríamos decir que fue una de las primeras casas sostenibles porque, como decía el arquitecto catalán: «Para que una obra de arquitectura sea hermosa, es necesario que todos los elementos posean una justificación».

Una casa en clave de sol

El Capricho «está escrito en clave de sol», destacó su director general, Carlos Mirapeix, durante la visita. No solo por su orientación, sino también porque la casa es un instrumento musical. Máximo Díaz de Quijano era soltero y dedicaba los días a sus plantas y a tocar el piano.

Para que esa faceta melódica estuviese presente en la casa de alguna forma, Gaudí planteó unas ventanas sonoras. Sustituyó los contrapesos que servían para alzar los cristales por campanas afinadas en forma de pera que, al abrirse, convierten el edificio en una caja de música. Un sonido que se sigue escuchando más de un siglo después. Además, la decoración de las vidrieras y los ornamentos de los techos tienen simbolismo musical: las 88 piezas de hierro macizo en forma de dientes de león floreciendo que decoran el techo de una de las estancias son exactamente el mismo número de teclas de un piano de cola. Hay muchas referencias más que se descubren al visitar El Capricho, que, más allá de su curiosa construcción, destaca por el uso que se le ha dado en todas estas décadas.

Máximo Díaz de Quijano, soltero y sin descendencia, no pudo disfrutar del que iba a ser su hogar. Gaudí le entregó las llaves un 30 de junio de 1885; apenas siete días después, el 7 de julio, el indiano falleció por complicaciones de una cirrosis hepática. La casa pasó a manos del marquesado, sufrió el abandono durante la Guerra Civil y llegó a ser un restaurante antes de que, tras su restauración en 2009, se convirtiera en la casa museo que es hoy.

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