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César Wonenburger
Bocados de realidadCésar Wonenburger

Cuando el amor no vale el esfuerzo

Obsesión, la nueva película que triunfa en todo el mundo, ofrece una visión particular ante las relaciones amorosas de los jóvenes, mientras Ravalear contiene el germen de otros Soprano y en Venezuela se aguarda inútilmente a sus artistas

Portada de la película 'Obsesión'

Portada de la película 'Obsesión'Filmafinity

Sí, seguramente Santa Teresa lo clavó. Por eso años más tarde Truman Capote se sirvió de aquel acierto para titular su obra postrera, la definitiva, que tantos desvelos le procuró al final de la escapada. La religiosa de Ávila dijo algo así como que se podían contar más seres desgraciados en los destinatarios de plegarias atendidas que entre el resto, aquellos que no rascaron bola a pesar de su inquebrantable fe en el poder de la súplica fervorosa.

De otro modo, se suele afirmar que hay que temer por el cumplimiento de aquello que más se desea, como si la magnitud del empeño ya anticipara el fracaso o llevara implícita una inevitable condena por la osadía.

Y ese es precisamente el punto de arranque de la película que estos días arrasa en las taquillas mundiales, sobre todo entre los miembros de la generación Z; aunque en la abarrotada sesión a la que pude asistir este pasado fin de semana, por enterarme de las razones de este éxito fulgurante (la curiosidad se niega abandonarme), había público de todas las edades.

Obsesión, de Curry Barker, un joven director de veintiséis años (Orson Welles no era mayor cuando ofreció al mundo la maravilla de su Ciudadano Kane, otra cosa), costó menos del millón de dólares y lleva recaudados ya más de trescientos, un parte aquí mismo, en España.

Portada de 'Obsesión'

Portada de 'Obsesión'

Entiendo que estos filmes de sustos, capaces de sacudir al espectador en la butaca cada cierto tiempo, bien medido, provoquen en algunos esa suerte de calambre emocional que ya no encuentran ni en el fútbol, fatalmente herido de tedio mediante las traicioneras pausas de hidratación, ni mucho menos en unas vidas programadas donde las únicas sorpresas suelen presentarse en forma de requerimiento de la Agencia Tributaria o subida del gas.

Pero en el filme, a poco que se escarbe, hay más. Puede extraerse alguna conclusión interesante acerca de los asuntos más cotidianos que preocupan ahora a los jóvenes.

Por ejemplo, se dice que los chavales ya no se relacionan como en otras épocas, que eso de ligar resulta ahora una lata, pese a las nuevas tecnologías, a la que ni siquiera la esperanza de poder calmar al perro hambriento que fielmente nos acompaña siempre, mediante un deseado acoplamiento, concedería ya el menor interés.

Seguramente se exagere, aunque quizá sea cierto que la escasa permeabilidad frente al fracaso que muchos de estos chicos llevan impresa como sello indeleble desde la cuna, por culpa de unos padres demasiado protectores, solícitos y condescendientes haya convertido la frase de Spinoza en axioma paralizante: «No hay esperanza sin temor». Y de esa manera, hubiesen decidido evitarse prudentemente el desasosiego. Muerto el perro, fuera la rabia.

Baruch Spinoza, autor del 'Tratado teológico-político'

Baruch Spinoza, autor del 'Tratado teológico-político'El Debate (asistido por IA)

El protagonista, Bear (Oso), desea a la chica (Nikki), pero también ahorrarse tanto el pesado trámite del cortejo como sus posibles funestos resultados: una vergonzante derrota. Así que recurre a un inesperado sortilegio para embaucar al objeto de sus íntimos desvelos. Privándola de su voluntad, logrará que esta se enamore al instante de él, evitando los esfuerzos.

Pero tras los fuegos artificiales de los preliminares encuentros entre las sábanas, Bear descubrirá que este amor mágico resulta demasiado intenso para sus primerizas expectativas.

Casi de inmediato comprobará que su amada posee todos los tics que seguramente lo habían prevenido frente a la posibilidad de iniciar cualquier relación: los celos asfixiantes, las extremas demandas de una entrega incondicional que cercena su libertad individual de un modo absoluto, los reproches, las broncas, el empoderamiento aquí convertido en verdadera pesadilla frente a su precaria felicidad.

Una de las posibles tesis de esta historia, bien resuelta e interpretada, puede resultar lo más sorprendente de este viaje. No valdría la pena correr riesgos, ni siquiera cuando se cree contar con todos los ases en la mano para el éxito.

Lo de probar fortuna en el amor, incluso en condiciones favorables, únicamente puede servir para complicarse la vida de un modo que seguramente resulte terrible. Casi mejor solos. Al menos, ellos. ¿Y qué dirán ellas, que también han corrido a verla contribuyendo al encumbramiento de este reciente fenómeno cinematográfico?

Los 'Soprano' en el Raval

Las series españolas de estos días suelen ser casi todas iguales. Siempre sale Tosar haciendo de narco, y con él, o en su contra, Luis Zahera, que también hace lo mismo, en su caso forzar el acento.

Lo que en otro tiempo resultaba Xoán das Bolas, y luego Manquiña, ahora son estos gallegos, algo más sofisticados, pero únicamente empeñados en oficios de contrabandistas. Como si el cambadés forjado en el crimen fuera el único tipo susceptible de exportación en esa esquina del norte peninsular. La imagen ya cansa un poco, cambien mejor de guionistas a ver si sale otra cosa.

Pero a veces, más allá de la enésima vuelta de tuerca al éxito inicial de aquella fantástica Fariña, por otros predios aledaños de las llamadas comunidades históricas (las demás suelen serlo de pega, al parecer), los catalanes nos sorprenden con alguna novedad interesante.

'Fariña'

'Fariña'Antena 3

Acaba de ocurrir con Ravalear, cuyo título, referido al populoso barrio barcelonés, podría inducir a alguno a la huida: ya estamos con las sordideces habituales, cuando para el bien ganado descanso hogareño a veces solo se precisa algo de amor y lujo.

Pues en parte llevan razón, porque el arranque de todo surge de un asunto tan espinoso, turbio y actual como desagradable, si uno lo que desea es refugiarse entre almohadones de frivolidad bien administrada. El problema de la vivienda, la llamada gentrificación de los barrios de las grandes ciudades, los abusos de los fondos buitres que acechan a los pobres sobrevivientes del alquiler de renta antigua para asestarles el oportuno hachazo que los deje al pairo, la okupación y así.

Toda esta problemática aparece reflejada en esta nueva ficción con trazos bastante realistas, pero lo esencial es la familia protagonista que, a fuerza de inesperados golpes y contratiempos, a la manera de un thriller, va adaptándose al medio como podría hacerlo otra parentela «normal», la de los Soprano, por ejemplo.

'Ravalear'

'Ravalear'

Esa línea tenue que separa al honrado ciudadano del criminal, cuando vienen mal dadas y las instituciones se inhiben, como es natural, se encuentra aquí finamente trazada. Y, por otro lado, hasta los malvados, como el personaje de Claire (del que interpreta el gran Sergi López aún no se han desarrollado todas sus más complejas aristas), tienen sus razones poderosas, secretas heridas de un pasado poco complaciente con ellos, para comportarse como verdaderos hijos de puta.

Si la ven (está en HBO, que suele cuidar sus ficciones), mejor hacerlo en catalán con subtítulos. La versión doblada al castellano es infame, me sugieren que como resultado de ese tipo de ardides empleados desde la Generalitat para difundir lo suyo fastidiando (si la cosa es tan mala, la gente al final optará por la versión en catalán).

Pero en el original se les entiende casi todo. Desde luego, el esfuerzo vale la pena porque la serie es magnífica, venga de donde venga. Si fuese norteamericana, se hablaría mucho más de sus aciertos. Y la gente se engancharía.

El ejemplo de Domingo frente a Dudamel

Lo que no consiguió Trump con su ineficaz golpe a medias, quizá lo logre ahora el terremoto. Los venezolanos que en su día no salieron a la calle para promover el derrocamiento de los herederos del sátrapa Maduro, puede que como ya no tienen nada más que perder se muevan para sacar a su fiel discípula en el terror, Delcy, del poder.

En cualquier caso, continúan solos en esa tarea porque a la heroína Machado le están poniendo todas las trabas «para que no venga a fuñir (joder)» en buen caribeño. Qué decepción la de los mayores artistas venezolanos, con voces que en algunos casos se escuchan y respetan en todo el mundo, en la hora suprema de la tragedia, tanto para protestar como para reconstruir.

Imagen de Gustavo Dudamel

Imagen de Gustavo DudamelEP

El carismático director de orquesta Gustavo Dudamel ha salido medio compungido por las redes, afirmando que se encuentra estudiando cómo va a ayudar. Contrasta su actitud con la del hoy denostado Plácido Domingo, que, en 1986, en una situación similar, ante otra catástrofe parecida en México, se presentó en el país que acogió a su familia para remover con sus propias manos los escombros del desastre causado por otro cataclismo sísmico.

Pero ese detalle resultó incluso lo de menos. Durante un año, el tenor madrileño, hoy cancelado en España, modificó el calendario de sus actuaciones internacionales previstas para dedicarle todos sus esfuerzos a ofrecer conciertos solidarios, por todo el mundo, cuya recaudación se destinó a la reconstrucción del país hispanoamericano. Eran otros tiempos.

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