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César Wonenburger
Bocados de realidadCésar Wonenburger

Trump amaña partidos, Irán ejecuta a opositores

La UEFA y los socialistas coinciden en sus críticas a Trump, mientras el fútbol se convierte en un casino y dos leyendas del balón persisten en cultivar «un complejo don de Dios»

El presidente de la FIFA, Gianni Infantino (centro), ríe mientras el presidente de EE.UU., Donald Trump, sostiene una tarjeta roja

El presidente de la FIFA, Gianni Infantino (centro), ríe mientras Donald Trump sostiene una tarjeta rojaAFP

Por una vez los intereses de los dirigentes de la UEFA y la izquierda española parecen coincidir. Ceferin debe desear el puesto de Gianni Infantino, que seguramente proporciona libre acceso a más negocios. Y, mientras, la prensa española adicta al régimen, en su afán diario por atizarle a Trump presentándolo como un lamentable enajenado tiranuelo, clama contra el pasado contubernio para indultar a la estrella de la selección de EE UU.

A estos, la eliminación de la preceptiva sanción disciplinaria en forma de suspensión, que conlleva la tarjeta roja, parece sublevarlos más que aquellos que de verdad se aplican diariamente, con extremo rigor que no admite réplica, a los defensores de las libertades individuales plenas en China, Irán o Cuba.

Pero tampoco deja de llamar la atención que la UEFA finja indignación por las barbaridades del Mundial (algo que sin embargo nunca llegó a inquietarlos en la pantomima celebrada en Catar), cuando a estas horas no se ha pronunciado sobre el mayor escándalo deportivo de las últimas décadas. Todavía ninguna de sus autoridades se ha dignado a intervenir sobre el hallazgo de la reiterada, y consentida, alteración de las reglas del juego en la liga española durante años con en el conocido caso Negreira. Algo que les concierne y apela directamente.

Infantino entrega a Donald Trump el Premio de la Paz de la FIFA

Infantino entrega a Donald Trump el Premio de la Paz de la FIFABrazil Photo Press via AFP

En el fondo, lo mismo que ocurre estos días por los hipócritas predios del izquierdismo más dogmático cuando se finge estupor ante la naturalidad con la que Trump e Infantino llevan a cabo sus particulares amaños, ante los ojos del público, con explicaciones dadas y sin trucos por debajo de la mesa.

El presidente norteamericano ha aleccionado al mundo, en rueda de prensa, sobre las injusticias del reglamento. Efectivamente, como cada día hace el ministro Bolaños con la aplicación que los jueces realizan del código penal. Trump ha apelado al lacayo Infantino para que se lo arregle, tal como el gobierno espera de su siervo Conde Pumpido en el Constitucional.

En cambio, se ponen la venda para no tener que molestar con sus críticas a los distintos aliados de sus satrapías amigas. ¿O resulta más grave el reclamo de indultar a un delantero, sorteando la normativa vigente, que asesinar a una mujer por negarse a cumplir con el denigrante precepto del velo, condenar al pueblo a padecer horribles hambrunas o meter en la cárcel al propietario del único medio crítico con la doctrina oficial, en Hong Kong?

Donald Trump en una imagen de archivo

Donald Trump en una imagen de archivoAFP

Uno y otros hechos resultan censurables. Pero hay que mojarse en todos los casos. Además, sobre lo primero, algo especialmente grave podría estar cociéndose en estos momentos. Esa nada velada amenaza de Trump contra España, que «pronto se verá», dada la entusiasta sumisión del máximo responsable de la FIFA, ¿podría augurar, aparte de algún movimiento en el seno de la OTAN, algún turbio arbitraje, siguiendo también las prácticas habituales de la otra institución ahora asombrada, la UEFA, si España continúa avanzando más en la competición?

Imaginemos por un momento que, mediante un par de decisiones discutibles (el árbitro del encuentro contra Portugal ya prolongó el desenlace más de lo justo), en un hipotético partido entre Marruecos y nuestra selección, el combinado africano resultara inesperado vencedor.

¿Se agitaría, entonces, la sombra de la sospecha, el dedo acusador contra supuestas maniobras impúdicas (que ellos mismos habrían provocado mediante su torpeza y fanatismo), o, por contra, las huestes del socialismo a ultranza estarían, más que dispuestas, encantadas de celebrar esa victoria del rival como una suerte de acto de justicia poética sobre las conciencias de los defensores de la prioridad nacional y negacionistas de la plena integración?

El deporte, un casino moderno

A principios de los 60, Marías, el leal discípulo de Ortega, ya alertaba en uno de sus lúcidos ensayos sobre la mercantilización del deporte: «Ha perdido su atracción como ideal; ya no es una manera de vida, un incentivo, sino un espectáculo y un negocio. La enorme fuerza actual del deporte no consiste en que muchos lo practiquen ilusionadamente sino que las muchedumbres lo contemplan —a veces ni siquiera directamente, sino en las pantallas de televisión, en un local cerrado— y hacen apuestas de él. El estadio se aproxima inquietantemente al casino».

Aplicadas al fútbol, el rey de las competiciones deportivas, las oportunas reflexiones del filósofo mantienen su absoluta vigencia en estos tiempos. La FIFA ha convertido al Mundial en un extraordinario negocio hasta acotar la emoción. Más equipos artificiales (algunos representantes de estados fallidos, como Haití) solo suman tedio en vez de concentrar la máxima expectación.

Y las pausas de «hidratación», que en realidad solo buscan proporcionar tiempos muertos (como en el baloncesto o el tenis) para rellenarlos de publicidad a precio de oro, quiebran la fluidez imprescindible en un deporte que exige mayor dinamismo en estos tiempos frenéticos, donde la atención vuela de un lado a otro al albur de cualquier inaplazable reclamo.

Podría afirmarse, como Marías sugiere también en otras líneas, que la encarnación del ideal deportivo debería hallarse en lo que se conoce como «deporte de base», el que practicarían más asiduamente niños o aficionados, lejos de las expectativas comerciales que hoy parecen impregnarlo todo para desplegar su encanto primigenio: la diversión, la camaradería, la salud, la búsqueda de la excelencia sin agobios, …

Ortega y Gasset y Julián Marías

Ortega y Gasset y Julián MaríasGTRES

Pero hasta ahí ha llegado la perversión de la competitividad extrema, azuzada por el interés particular de empresas e individuos. Los padres mismos han convertido a sus hijos en billetes de lotería. Si los apuntan a clases de tenis es solo ya con la única esperanza de que se conviertan en Nadal o nada.

Sus propias frustraciones podrían quedar redimidas en la cancha, si esos ojeadores de equipos de fútbol que se dedican a asaltar las cunas en busca del próximo Lamine supieran advertir en el fantasioso regate de su retoño alguna millonaria filigrana.

De ahí que si al entrenador, otrora un aliado en la forja de valores (como el protagonista de la estupenda serie Friday Light Nights, que vuelve a emitirse), no le da por alinear al futuro Messi, aquel se convierta inmediatamente en un «hijo de puta» al que sacudirle sin contemplaciones en cualquier ocasión.

Poca diferencia se aprecia ahora entre los Ultrasur del Bernabéu y esos progenitores que en invierno acuden con espíritu marcial a los partidos de fin de semana de sus niños, dispuestos a pegarse con quien haga falta si el vástago no luce como es debido (siempre será culpa de alguien), o incluso a retirarle la palabra al chaval durante la comida familiar si resulta que no ha anotado un hat-trick.

Cristiano y Messi, el don de un Dios complejo

Y a pesar del desencanto de estos tiempos perplejos, que en realidad son como todos, a veces resulta imposible no dejarse seducir por las actitudes, sobre el terreno de juego, y el formidable despliegue de talento de ciertas leyendas actuales del deporte.

Todo parece presagiar que Cristiano Ronaldo y Lionel Messi se retirarán, al menos de la más alta competición por equipos, cuando concluya este Mundial. Más allá de la recolección de admirables récords, que constituyen solo el aporte estadístico sobre el que se construye el mito para la posterioridad, su constancia causa el mismo asombro que en Frank Bascombe, aquel periodista deportivo que alumbró Richard Ford, provocaba ver a «deportistas ya maduros que siguen ‘entregándose’ y dándolo todo. Esto no es muy frecuente y es el preciado don de un Dios complejo».

Montaje de Leo Messi y Cristiano Ronaldo

Montaje de Leo Messi y Cristiano RonaldoEuropa Press

Un don que, como todos, es preciso cultivar sin desmayo. De ahí que el ejemplo de estos dos insaciables perseguidores de sueños, fruto de la ambición, el sacrificio y la infatigable búsqueda de la perfección deba exaltarse sin temor a caer en el fanatismo o la idolatría. Aseguran que ya tienen remplazo en los Yamal, Haaland, Mbappé, .. No es cierto; aunque no considerarlo así seguramente resulte el definitivo síntoma de la inadvertida vejez.

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