Tapiz de Bayeux, Escena 23: Harold jurando fidelidad sobre las santas reliquias a Guillermo, duque de Normandía
El Tapiz de Bayeux y el 'Guernica': dos joyas, dos decisiones opuestas sobre cómo proteger el patrimonio
Macron convierte el Tapiz de Bayeux en símbolo del acercamiento con Reino Unido al aceptar, casi mil años después, el traslado de una de las obras medievales más frágiles del mundo
Casi mil años después de que fuera bordado para narrar la conquista normanda de Inglaterra, el Tapiz de Bayeux ha regresado al país cuya historia inmortalizó, en concreto, al British Museum. El histórico préstamo acordado por Emmanuel Macron con Reino Unido, concebido como un gesto de acercamiento entre París y Londres, ha reabierto un debate que trasciende la diplomacia: ¿hasta dónde puede asumirse el riesgo de trasladar una obra única del patrimonio mundial?
El interrogante no es nuevo. En España, el Guernica de Picasso lleva décadas sin salir del Museo Reina Sofía porque los informes técnicos consideran que cualquier desplazamiento podría comprometer su conservación. Francia, en cambio, ha aceptado asumir ese riesgo con una de las piezas más frágiles del arte medieval europeo.
El Tapiz de Bayeux es una pieza de lino bordada con hilos de lana teñidos con pigmentos naturales que se extiende a lo largo de casi 70 metros. A modo de crónica ilustrada medieval, narra la conquista normanda de Inglaterra bajo el mandato de Guillermo el Conquistador.
Su hermanastro, el obispo Odo de Bayeux —que también era conde de Kent—, ordenó confeccionar la obra tras la batalla de Hastings (1066) con la intención de adornar la nave de la nueva catedral de Notre-Dame de Bayeux. Aunque su destino era Francia, el bordado fue realizado en Inglaterra, cuyos talleres gozaban entonces de un enorme prestigio en toda Europa.
El Tapiz de Bayeux constituye una de las fuentes más valiosas para conocer la vida en la Europa medieval. Sus escenas permiten observar desde las embarcaciones normandas hasta las armas, vestimentas y costumbres de la época. No menos relevante es su dimensión política: se trata de una de las primeras y más sofisticadas campañas propagandísticas de la historia, concebida para legitimar la conquista de Inglaterra por Guillermo.
Tapiz de Bayeux, representación más antigua conocida del cometa Halley
Su supervivencia a lo largo de diez siglos resulta excepcional. Durante siglos, el tapiz permaneció custodiado en el inventario de la catedral de Bayeux y solo se desplegaba una vez al año, colgado en la nave central con motivo de la fiesta de las Reliquias.
También sobrevivió a la Revolución francesa y, durante la Segunda Guerra Mundial, despertó el interés de las autoridades nazis, que lo trasladaron a distintos refugios para protegerlo antes de que regresara definitivamente a Bayeux en 1945.
Una joya medieval al servicio de la diplomacia
El traslado temporal del Tapiz de Bayeux ha reabierto el debate entre diplomacia y conservación del patrimonio. Conservadores, historiadores y especialistas han advertido de los riesgos inherentes al viaje y algunos han llegado a calificarlo de «verdadero crimen contra el patrimonio». La polémica ha trascendido el ámbito académico: decenas de miles de ciudadanos firmaron peticiones en Francia para exigir la cancelación del préstamo.
Macron ha defendido el préstamo como un acto de «diplomacia cultural» para estrechar los lazos con Reino Unido. Sus detractores, sin embargo, consideran que el simbolismo político del gesto no justifica asumir el riesgo que entraña el traslado de una obra de casi mil años de antigüedad.
Pese a las evidentes diferencias entre ambas obras, el debate que plantean es el mismo: hasta dónde puede asumirse el riesgo de trasladar un tesoro patrimonial. En el caso del Guernica, la respuesta ha sido siempre negativa.
El Museo Reina Sofía sostiene desde hace décadas que su estado de conservación desaconseja cualquier desplazamiento, un criterio respaldado por los informes técnicos realizados a lo largo de los años. Ni las reiteradas peticiones para llevarlo a Gernika ni su enorme carga simbólica han alterado esa decisión.
(El cuadro del Guernica expuesto en el Reina Sofía
Francia, en cambio, ha considerado que el valor diplomático y cultural del préstamo del Tapiz de Bayeux justifica asumir un riesgo que el Museo Reina Sofía lleva décadas descartando con la gran obra maestra de Picasso.
Tampoco son muchas las obras que se prestan al margen de las habituales exposiciones temporales. La Gioconda apenas ha abandonado el Museo del Louvre en el último siglo y los expertos se oponen desde hace años a nuevos traslados por su fragilidad. La cueva de Altamira es otro ejemplo paradigmático: son las réplicas las que viajan y reciben visitantes para preservar el original.
A ellas se suman algunos manuscritos medievales y códices iluminados cuyas condiciones de conservación limitan extraordinariamente cualquier desplazamiento. El Tapiz de Bayeux pertenece, precisamente, a ese reducido grupo de obras que muchos consideraban prácticamente intransportables.
El viaje más delicado de sus diez siglos de historia
Su traslado ha sido una operación sin precedentes. El Tapiz de Bayeux viajó desde una ubicación mantenida en secreto en un doble contenedor diseñado específicamente para absorber el 96 % de las vibraciones y mantener una temperatura constante de 20 grados y un nivel de humedad del 50 %.
Los equipos franceses y británicos realizaron previamente varios ensayos con una réplica de la obra para minimizar cualquier riesgo.
El tapiz de Bayeux
No es casualidad: Reino Unido se ha comprometido a indemnizar a Francia con unos 918 millones de euros en caso de deterioro grave de una pieza que muchos expertos siguen considerando demasiado frágil para abandonar Normandía.
Hace casi un milenio el Tapiz de Bayeux cruzó el Canal de la Mancha para contar una conquista. Hoy lo ha vuelto a cruzar por decisión de dos gobiernos. La pregunta ya no es si el viaje era posible, sino si una obra de semejante fragilidad debía emprenderlo.