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BTS ganó el medio tiempo del Mundial que perdió el triste colorín (colorado) de Coldplay

Que Justin Bieber sea ahora cantautor con guitarra es una de esas cosas sorprendentes, como ver a Tontxu convertido en ídolo bailón de masas haciendo dúo con Ismael Serrano

Madrid Act. 20 jul. 2026 - 14:01

Imagen del intermedio musical de la final del Mundial de fútbol 2026

Imagen del intermedio musical de la final del Mundial de fútbol 2026FIFA

A Shakira no solo se la esperaba, sino que si no hubiera estado hubiese sido como si no estuviera La Gioconda en el día especial del Louvre. Shakira es la Mona Lisa de los Mundiales del fútbol o la menina ineludible.

Si uno se la imagina en el lugar de la infanta Margarita en el cuadro de Velázquez no desentona demasiado, pero sin los flecos. Shakira es meniniana y mundialista y todo lo que canta suena a waka, waka, así que musicalmente ya se sabe.

Mi amigo Rafael Moreno me llamó la atención sobre la versión cantautora de Justin Bieber, viejoven ídolo de adolescentes, que apareció con guitarra y voz suavecita de chico de guitarra. Podría haber sido de Hakuna (esto lo advirtió Luis Ventoso), aunque también recordó al memorable Tontxu.

Que Justin Bieber sea ahora cantautor con guitarra es una de esas cosas sorprendentes, como ver a Tontxu (ya que se le ha sacado del anonimato) convertido en ídolo bailón de masas haciendo dúo con Ismael Serrano.

Los coreanos de BTS se comieron al resto del variopinto elenco donde el director de orquesta venezolano Gustavo Dudamel dirigió el éxito, casi también mundialista, de The White Stripes, Seven Nation Army, con la Filarmónica de Nueva York y los teleñecos a los instrumentos.

Antes, al principio de todo, había parecido Madonna llevada en un coche, un buggy, conducido por Ronaldo Nazario y Ronaldinho que sonreían sin moverse como si fueran también miembros de los teleñecos, incluida Madonna, que interpretó Music, así se llamaba el tema, por decirlo de alguna manera.

El colofón al batiburrillo lo pusieron los inevitables Coldplay, sempiternamente disfrazados de pintores flúor de brocha gorda e interpretando sus últimos himnos globales que son una sombra triste de los primeros, con ya lejanas décadas de edad.

Mi amigo Rafael los comparó acertadamente con Xuxa y Teresa Rabal «con perdón de las citadas», e insistió con el padre Abraham y los pitufos en la metáfora terrible del antaño gran grupo vendido felizmente al globalismo y la vulgaridad «happy».

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