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¿Merece el triunfo de España en el Mundial un gran libro como gran hito del deporte?

Ali y Foreman en El combate de Norman Mailer. André Agassi en su fantástica biografía Open... ¿Es ese grado de inspiración y excelencia narrada el que puede alcanzar esta segunda Copa del Mundo de fútbol española?

Madrid

Rodri Hernández levanta al cielo de Nueva York el Mundial 2026

Rodri Hernández levanta al cielo de Nueva York el Mundial 2026

Grandes hitos del deporte han inspirado grandes narraciones de grandes escritores. Tres veces el adjetivo «grandes» en una sola frase. ¿Es tan «grande» la victoria de España en el Mundial de 2026 como para compararse a aquellos (grandes) hitos e inspirar nuevas (y grandes) narraciones de otros grandes escritores?

No hay malas historias

Se supone que depende de la inspiración que pueda producir en el autor correspondiente y en la calidad del mismo. Pero, ¿hay verdadero buen material en esta historia? Se dice que dijo Cormac McCarthy que «no hay malas historias, sino malos escritores».

El triunfo del equipo español ha despertado pasiones inusitadas y generalizadas. Completos desinteresados y legos en fútbol, e incluso contrarios a él, se han transformado en esta Copa, sobre todo en las rondas finales, en aficionados pasionales. Bastó con ver las calles llenas de camisetas rojas o blancas. Por todas partes.

El fenómeno es extraordinario, pero no tanto porque es multitudinario. Es más extraordinaria la individualidad. La misma individualidad que inspiró gestas extraordinarias también en el sentido de la singularidad. Desde luego, es singular ganar una Copa del Mundo. España ya tiene dos.

Brasil es la número uno con cinco. Le sigue Italia (que no se clasificó para intentar conseguir la quinta) con cuatro, las mismas que Alemania, que tiene una más que Argentina. Después ya va España, que ha igualado a Uruguay, Inglaterra y Francia. En el tema mundialista hay atisbos de literatura, por ejemplo en los mitos de Pelé o Maradona, cimentados en estas citas internacionales más que en sus equipos profesionales.

Hay futbolistas míticos de Mundiales, mayormente, como Paolo Rossi. España no tiene ninguno de estos. Sus solitarios goles de la victoria, el de Iniesta en 2010 y el de Ferrán en 2026, son «simplemente» la consecuencia del colectivo, curiosa contradicción de la desunión atávica española. Los libros sobre gestas deportivas tienen mayormente protagonistas individuales.

Cubierta de El Combate de Norman Mailer

Cubierta de El Combate de Norman Mailer

Ali y Foreman en El combate de Norman Mailer. André Agassi en su fantástica biografía Open. De sobra se conocen las crónicas y relatos deportivos de Hemingway. Su rival Faulkner escribió para la prestigiosa revista del ramo Sports Illustrated. Gay Talese escribió en El silencio del héroe sobre el boxeador Joe Louis o el beisbolista, marido de Marilyn Monroe, Joe DiMaggio. David Foster Wallace escribió sobre tenis y Roger Federer y Rafael Nadal.

El malogrado autor de La broma infinita tituló su ensayo El tenis como experiencia religiosa. ¿Es ese grado, y los anteriores, de inspiración y excelencia narrada la que puede alcanzar el triunfo de España en el Mundial? Si le preguntaran a Pasolini, apasionado amante del fútbol, se presentaría voluntario para afrontar la tarea propia de un hombre que dijo que «Todas las tardes que pasé jugando al balón en los Prados de Caprara fueron indudablemente las tardes más bellas de mi vida».

El genio solitario

¿Podría alguien, lejos de la algarabía de la muchedumbre, escribir sobre la España campeona del mundo con la delicadeza de Budd Schulberg en Más dura será la caída? U otra pregunta más precisa o más incisiva: ¿merece la gesta española, tan plana en su desarrollo, tan ahíta del genio solitario, del chispazo torero, un libro como todos los citados?

Cubierta de El tenis como experiencia religiosa de David Foster Wallace

Cubierta de El tenis como experiencia religiosa de David Foster Wallace

Pues seguro que sí, pero tendrá que ser distinto a lo conocido. Hasta en Hoosiers, aquella película de baloncesto colegial estadounidense donde Gene Hackman era De la Fuente y el colectivo la esencia, había una estrella, el jugador que vuelve para liderar al equipo renacido. Claro que merece un libro el triunfo de España porque, además, como dijo McCarthy, no hay malas historias (y esta no lo es, ni mucho menos, donde hay un esperanzador fondo humano), sino malos escritores, pero hasta los buenos escritores necesitan al menos una brizna de bello talento peculiar para empezar a construir sus grandes historias.

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