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Amy Winehouse durante un concierto en Madrid en 2008

Amy Winehouse durante un concierto en Madrid en 2008GTRES

Quince años de la muerte de Amy Winehouse, el último miembro del macabro «club de los 27»

La estupenda cantante londinense alcanzó el éxito en la cumbre de sus excesos de los que no consiguió salir

Brian Jones, miembro original de los Rolling Stones, murió a los 27 años en 1969. Lo encontraron muerto en su piscina un mes después de ser despedido de la banda por conflictos internos, mayormente con Keith Richards. Fue el primero del macabro «club de los 27», los artistas famosos que fallecieron a esa edad.

La última fue la cantante Amy Winehouse, muerta en 2011. En el ínterin ya habían «ingresado» Jimi Hendrix y Janis Joplin (ambos en 1970), Jim Morrison, vocalista de The Doors, un año después y en 1994 Kurt Cobain, líder de Nirvana.

Hija de un taxista y de una farmacéutica judíos, divorciados cuando ella tenía 9 años de edad, la leyenda dice que Amy, artista natural, fue expulsada de la Sylvia Young Theatre School por llevar un piercing. La directora de la escuela negó siempre esta noticia, pero ya se sabe lo que dijo el siniestro Goebbels sobre una una mentira repetida mil veces.

A Amy Winehouse nunca la echaron de la escuela por llevar un piercing, como por ejemplo Sherlock Holmes nunca dijo su famosa frase: «Elemental, querido Watson». Solo a fuerza de insistir se les atribuyó dicha publicidad.

Sí estuvo en otra escuela, la prestigiosa BRIT School, colegio al que también han pertenecido otras cantantes de éxito como Adele, Leona Lewis, el actor Tom Holland o la banda The Kooks. Al parecer, la pequeña Amy nunca dejaba de cantar, ni siquiera durante sus clases en el colegio. Su padre era cantante aficionado y sus tíos eran instrumentistas profesionales de jazz.

Su historia es la ya repetida, salvando que Amy Winehouse fue única y especial, de la artista con criterio propio sobre su arte (no tanto sobre su vida) que no acepta disciplinas. Lo que se suele llamar genio y por lo tanto precoz. Con quince años ya actuaba por los clubes de jazz y experimentaba con las drogas.

El eco de su talento desde la escuela y desde los clubes pronto llamó la atención de discográficas y representantes. Antes de los 20 ya empezó a componer su ábum de debut, Frank, publicado en 2003. Gran éxito de crítica, descubrimiento, y sin embargo desencanto de la protagonista: el inicio de las consecuencias de su interior atormentado.

Después del debut hubo un periplo del desierto, interior y exterior, personal y artístico. El principio del precipitado fin. Si uno observa las fotografías de aquel tiempo puede comprobar, casi como en el retrato de Dorian Gray, la caída a los infiernos: la delgadez extrema (padecía bulimia), la mirada rota, perdida la alegría de la juventud.

Sin embargo así llegó su gran éxito Back to Black. La imagen de fragilidad física y emocional de Amy Winehouse, con su moño negro alto y sus rayas exageradas en los ojos, tan distinto al de sus inicios fue la del éxito comercial que la encumbró. Se puede decir que a partir de que alcanzara aquella cúspide, todo lo que vino después fue un progresivo y triste desmoronamiento a la vista de todos.

Carne de tabloide, su divorcio y su comportamiento errático, sus actuaciones en estado de ebriedad, sus infructuosos intentos de volver a grabar y componer fueron todas las noticias de la cantante que estaba llamada a marcar una época por su talento, que resultó malogrado y efímero. Murió en su cama de un paro cardíaco luego de haber bebido ingentes cantidades de alcohol con la salud completamente destruida por los excesos.

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