Los Rolling Stones conducen a toda mecha a través del tiempo en su nuevo disco, 'Foreign Tongues'
Da la impresión de que Mick Jagger puede hacer lo que quiera, una especie de semidios, un Odiseo empujado, para bien, por los grandes dioses, a no salir nunca de Ítaca y ser feliz junto a Penélope (Keith Richards) y Telémaco (Ron Wood)
Los Rolling Stones (Ron Wood, Mick Jagger y Keith Richards) en la presentación de Foreign Tongues
El guitarreo inicial de Rough and Twisted no podía ser más piedra rodante. Sin ser tan maravilla como en Angry, de su anterior y sorprendente álbum, Hackney Diamonds, resuena estupendo, sobre todo al final, con el riff de Richards que asciende acompañado de una batería poderosa (el espíritu de Charlie Watts), sobre el páramo musical de la actualidad.
Le sigue el primer sencillo, In the Stars, la presentación de este nuevo Foreign Tongues, que suena juvenil y encantador más allá del un poco inquietante videoclip con Jagger y compañía en (casi) perfecta juventud conseguida por IA. Una canción notable que, al contrario que la anterior, la primera del disco, decrece en intensidad sin que el estribillo llegue a enganchar en plenitud.
Se atenúan las luces con el falsete jaggeriano (en plena forma) de Jealous Lover. «Rollingstoneismo» puro. Mocedad artística desde la experiencia inigualable. Da la impresión de que Sir Mick puede hacer lo que quiera, una especie de semidios, un Odiseo empujado, para bien, por los grandes dioses, a no salir nunca de Ítaca y ser feliz junto a Penélope (Richards) y Telémaco (Wood).
Mr. Charm aparece como una broma de una estrella de los 70, un experimento. Los Rolling se pasan las décadas recorridas como si tuvieran una máquina supersónica del tiempo y la usaran en sus discos, conduciendo a toda mecha divertidos de canción en canción. Por Mr. Charm se llega a Divine Intervention, donde la fiesta continúa entre el rock y el buggie.
Casi se ve a la gente bailar. Los fans también pasados por la IA, como ellos, para volver a ser jóvenes, el ritmo se sale, imparable, como el agua de un vaso colocado debajo de un grifo abierto, cuya agua rebosante es la música de los Stones y la voz de Mick Jagger. Un poco de sureñismo, esta vez, en Ringing Hollow. Los Stones como tocando bajo el techado de la tienda de una gasolinera reverberante bajo el sol.
Un descanso antes de volver a la carretera marchosa con Never Wanna Lose You. «Stonismo» guitarrero y como Abba en el estribillo, cosa curiosa, Jagger esplendoroso al micrófono, también en Hit Me In The Head, salvaje, poderoso, furioso, desafiante, aullador, dejándose mecer por la guitarra de Richards y tembloroso por la percusión.
A estas alturas ya es un disco sobresaliente, a pesar de que la siguiente canción dice que sabes que no soy bueno: You Know I'm No Good. Some of Us es otro descanso, esta vez verdadero para Jagger porque canta Richards con la voz jurásica perfectamente entonada, suave en su rudeza, la melodía tranquila, serena, de vuelta.
No termina el álbum ni el tiempo. Covered In You es de los 80, incluido su recitado, su rap. Side Effects pasa sin más. No así Beautiful Delilah, como escuchada desde el respiradero de una caverna, blues auténtico, se nota la comodidad, los orígenes, como si estuvieran a gusto en ese recoveco, en la pieza-cueva que es el fin de lo último de Los Rolling Stones, la acústica-colofón de otro nuevo disco estupendo sesenta años después del principio de todo.