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‘La Virgen y el Niño apareciéndose a san Francisco de Asís’, de Mateo CerezoMuseo Meadows

El Museo Meadows adquiere una obra del maestro barroco español Mateo Cerezo

La llegada de ‘La Virgen y el Niño apareciéndose a san Francisco de Asís’ permite al Museo Meadows reforzar la presencia de la pintura barroca española en su colección

El Museo Meadows, perteneciente a la Southern Methodist University (SMU) de Dallas, ha incorporado a sus fondos La Virgen y el Niño apareciéndose a san Francisco de Asís, una pintura realizada por Mateo Cerezo (Burgos, 1637-Madrid, 1666) entre 1663 y 1664 y considerada una obra significativa dentro de la pintura barroca española.

El cuadro, ejecutado al óleo sobre lienzo, ya forma parte de la colección del museo gracias a los fondos aportados por los amigos del Museo Meadows.

La composición representa a san Francisco de Asís arrodillado ante la aparición de la Virgen y el Niño Jesús. El episodio remite a una tradición según la cual la Virgen y Cristo se aparecieron al santo después de que Francisco se arrojara a un zarzal con el propósito de resistir las tentaciones terrenales.

Las espinas del arbusto se convirtieron entonces milagrosamente en rosas, convertidas así en símbolo de la recompensa asociada a la fe y la penitencia.

‘La Virgen y el Niño apareciéndose a san Francisco de Asís’, de Mateo CerezoMuseo Meadows

Cerezo trasladó este relato al lienzo mediante una composición plenamente barroca y marcada por el dinamismo. La Virgen se presenta entre las ramas de un roble, mientras que el Niño Jesús extiende una mano hacia san Francisco sosteniendo una corona de rosas.

En la zona superior de la pintura aparecen varios querubines que animan la escena. En paralelo, el artista incorpora distintos elementos con una marcada carga simbólica, como una rosa sin espinas, un lirio, un libro abierto y una calavera. Cada uno de ellos remite, respectivamente, al triunfo espiritual, la pureza, la contemplación y la mortalidad.

Amanda W. Dotseth, titular de la Dirección Linda P. y William A. Custard del Museo Meadows, destacó la importancia del pintor dentro del Barroco español.

«Mateo Cerezo se encuentra entre los pintores más refinados y sensibles del Barroco español. Se formó en el círculo de Juan Carreño de Miranda, pintor de corte que sucedió a Velázquez y cuya obra está representada por tres pinturas en la colección Meadows. La obra de Cerezo refleja la influencia de artistas como Tiziano, Van Dyck y Rubens, cuyas obras habría conocido en las colecciones reales españolas», señaló.

Dotseth hizo también hincapié en la escasez de piezas del artista como consecuencia de su temprana muerte. «Dado que Cerezo falleció a una edad temprana, su obra es bastante escasa y, por ello, la incorporación de una pintura de carácter monumental supone una adición especialmente emocionante a la colección del Meadows», afirmó.

La pintura refleja la capacidad de Mateo Cerezo para integrar distintas tradiciones artísticas. En ella pueden apreciarse tanto el colorismo veneciano como la elegancia flamenca, junto con la influencia de relevantes pintores españoles, especialmente Juan Carreño de Miranda (Avilés, 1614-Madrid, 1685).

Cerezo se formó inicialmente en Burgos y posteriormente, todavía adolescente, se trasladó a Madrid, ciudad en la que terminó estableciéndose de manera permanente en 1660.

Pese a fallecer en 1666 con apenas veintinueve años, el pintor consiguió desarrollar un notable conjunto de obras destinadas a espacios eclesiásticos de Valladolid, Burgos y Madrid. Su trayectoria, aunque breve, le permitió abordar diferentes géneros y consolidarse especialmente en el ámbito de la pintura religiosa.

La llegada de La Virgen y el Niño apareciéndose a san Francisco de Asís permite al Museo Meadows reforzar la presencia de la pintura barroca española en su colección.

Al mismo tiempo, amplía las posibilidades de estudio de la iconografía franciscana y de la espiritualidad vinculada a la Contrarreforma.

La incorporación de esta obra abre asimismo nuevas vías para la investigación, la interpretación y la enseñanza dentro de la propia colección del museo.

La producción de Mateo Cerezo está actualmente presente en destacados museos españoles, entre ellos el Museo del Prado, el Museo Lázaro Galdiano, el Museo Cerralbo y el MNAC.

Sus pinturas también forman parte de importantes colecciones internacionales como las del Museo de Bellas Artes de Budapest, el Rijksmuseum de Ámsterdam, el Museo de Bellas Artes de México y la Hispanic Society of New York. A este grupo se suma ahora el Museo Meadows.

Un discípulo de Juan Carreño de Miranda

Mateo Cerezo nació en el seno de una familia vinculada a la pintura. Era hijo de un modesto pintor que llevaba su mismo nombre y se considera que sus primeros pasos en el mundo artístico pudieron producirse en Burgos junto a su padre. Siendo todavía muy joven se trasladó a Madrid, donde se integró en el taller de Juan Carreño de Miranda.

Dentro del entorno de Carreño, Cerezo llegó a convertirse en uno de sus discípulos más prometedores y, probablemente, colaboró también en algunos de los encargos de mayor envergadura acometidos por el maestro en torno a 1645.

Aquella formación fue decisiva en la configuración de un estilo que más adelante incorporaría influencias procedentes de otras grandes tradiciones pictóricas europeas.

Artista de notable sensibilidad, Mateo Cerezo llegó a ser un pintor muy solicitado por la calidad de sus trabajos en distintos géneros, aunque sobresalió especialmente en las composiciones religiosas.

Su interés por otros maestros le llevó a observar y estudiar la obra de Tiziano y Van Dyck. Su técnica deja entrever una ligera influencia veneciana procedente del maestro de Cadore, Tiziano, mientras que la manera de representar los ropajes muestra la elegancia asociada al pintor de Amberes, Van Dyck.

Con el paso del tiempo, su lenguaje pictórico evolucionó hacia una pincelada más fluida y ligera, acompañada por el empleo de tonalidades más claras.

Esa evolución configuró una transformación de su estilo que quedó interrumpida por su muerte prematura. Cerezo falleció cuando tenía únicamente 29 años, una circunstancia que muy probablemente privó a la pintura española de nuevas obras fruto de su talento.

Está documentado igualmente que cultivó el bodegón con un éxito considerable. Palomino se refirió a sus «bodegoncillos», muy conocidos en su tiempo, y aseguró que estaban pintados «con tan superior excelencia, que ningunos le aventajaron, si es que le igualaron algunos».

Los bodegones que conserva el Museo de Bellas Artes de México D.F. son los únicos firmados y fechados, en 1664, que se conocen de Mateo Cerezo.