La estatua de El David de Miguel Ángel
EL ESPAÑOL DESDE DENTRO
¿Qué relación hay entre una persona 'sincera' y una estatua de mármol?
De cómo una bonita pero falsa historia etimológica puede arrinconar el verdadero origen de una palabra
Hay historias falsas que se transmiten por siglos y que acaban pareciendo reales, pero que no son más que bulos que lograron sobrevivir como auténticos y la gente los sigue creyendo, pese a no estar documentados o ser relatos muy deformados.
Tenemos el caso de la leyenda negra contra los Borgia, sobre todo contra Lucrecia Borgia, a la que se le acusaba de incesto con su padre y hermano, cuyo origen no fue más que por conflictos políticos y rumores y no pruebas sólidas.
O el caso de Nerón tocando el violín mientras Roma ardía, uno de los bulos más potentes, pero sin objetividad ninguna ya que el violín no existía en la Roma de Nerón y, además, el British Museum señala que Nerón ni siquiera estaba en la ciudad romana cuando comenzó el fuego.
Y lo mismo ocurre con el origen de ciertas palabras. La famosa historia de que una persona sincera es alguien 'sin cera', como una estatua antigua que no necesitaba cera para ocultar defectos, es una etimología popular extendida, pero no el origen real de la palabra. Y es que, en ocasiones, una etimología falsa puede ser mucho más memorable que la verdadera.
La historia que se cuenta
La explicación popular que muchos creen real porque parece plausible nos lleva a la antigua Grecia y Roma. Los escultores de la Antigüedad utilizaban cera para disimular pequeñas imperfecciones que hubiesen podido surgir en sus esculturas de mármol.
Así, una estatua 'sin cera' era una obra sin defectos ocultos, totalmente genuina y auténtica. Nadie olvida el David de Michealngelo.
Esta costumbre dio pie a que la gente relacionara el adjetivo 'sincero' con las personas transparentes, que hablan sin engaño y no muestran trampa ni cartón. De 'sin cera' a 'sincera'. Pero, insistimos, solo es una trampa etimológica que ha perdurado en el tiempo.
El origen real de 'sincero'
El término 'sincero' procede del latín sincerus, que significa, entre otras cosas, «puro, intacto, sin mezcla» y, por tanto, la palabra que tanto utilizamos a día de hoy no procede de una supuesta expresión latina sine cera ('sin cera') sino de sincerus. Tiene menos gracia, puede resultar decepcionante frente a la otra historia, pero es la realidad.
No obstante, es común encontrarse con este tipo de leyendas populares, incluso algunas resultan ciertas.
La propia Real Academia de la Lengua Española trata la etimología popular como un fenómeno real de la evolución lingüística: los hablantes establecen conexiones entre palabras basándose en semejanzas formales o de significado, y surgen nuevas palabras. Pero en este caso, la leyenda detrás de 'sincero' no es cierta.