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Ángel Martín en la promoción de su primera novela 'El día que lo fuimos todo'

Ángel Martín en la promoción de su primera novela 'El día que lo fuimos todo'Javier Ocaña

Entrevista al autor de 'Por si las voces vuelven' y 'Detrás del ruido'

Ángel Martín: «Recuperar la capacidad de pensar por nosotros mismos será difícil dentro de unos años»

El cómico presenta su primera novela 'El día que lo fuimos todo' en la que ahonda en la pérdida de un ser querido, la soledad y la capacidad del humor para ayudarnos a afrontar los momentos más dolorosos de la vida

Hay historias que nos devuelven a lo que fuimos y a todo aquello que, de una forma u otra, nos cambió para siempre. En El día que lo fuimos todo (Planeta) Ángel Martín invita al lector a adentrarse en una que despierta emociones y abre la puerta a la reflexión. El Debate ha hablado con el autor sobre el origen de esta obra, las reflexiones que la atraviesan y lo que permanece de nosotros cuando miramos atrás.

-Es su primera novela. ¿Por qué ha decidido dar el salto género?

-Porque nunca lo había hecho y era un formato que me apetecía explorar. Había trabajado con la comedia en muchas cosas: en los monólogos, en espectáculos, en series, en Sé lo que hiciste... Llevaba mucho tiempo escribiendo formatos de comedia, pero nunca había explorado la parte de novela. De repente me di cuenta que hay historias que a lo mejor permiten mejor ese formato. Cuando encontré una idea que parecía que podía ser interesante para embarcarme en eso, lo comenté en la editorial y les pareció que estaba bien y la aceptaron. Es mi manía por explorar cosas nuevas.

- ¿Y se ha sentido cómodo?

-Me he sentido muy cómodo, aunque a ratos, ha sido también difícil porque es mi primera novela y te enfrentas a muchas dudas e inseguridades... Es distinto cuando escribes una novela que cuando escribes otro tipo de formatos, pero es verdad que cuando piensas en que la novela te permite una intimidad un poco más grande con quien la va a consumir que otros formatos, porque el lector está a solas con el libro, pues es fascinante. Es muy divertido pensar en describir la emoción que quieres generarle a quien lo esté leyendo. Ha sido muy divertido el proceso de crearla.

-¿Qué ha querido contar en El día que lo fuimos todo?

-Lo he ido descubriendo a medida que la escribía, la verdad. Cuando empecé a escribir no tenía una intención clara sobre qué iría la historia. Sabía que quería meter a Abel, el protagonista, en situaciones complicadas que le perturbaran la paz que él quería durante el viaje, pero a medida que iba escribiendo me daba cuenta que lo que estaba escribiendo iba alrededor de la idea de cuánto puede llegar a cambiarnos descubrir que alguien cercano está a punto de morir. No sé si somos conscientes del impacto real que puede llegar a tener eso. Entonces, meterme en la cabeza de este tipo para ver todo lo que le iba provocando y cómo funcionaba su mente a medida que se acercaba a ese lugar, me parece que era un territorio bonito para explorar. Sobre todo porque es un lugar por el que yo creo que vamos a pasar prácticamente todos.

-¿Qué hay de Ángel Martín en Abel, el protagonista?

-Creo que quien lea la novela descubrirá que hay mucho. O sea, no soy yo y me he cambiado el nombre por no ser yo, pero como tiene que ver también con el hecho de ser la primera vez que escribo una novela no quería ponerme a improvisar demasiado ni intentar muchas cosas. He tenido en cuenta muchas sensaciones mías, experiencias, formas de pensar, cosas que pienso, etcétera. Y aunque algunas modifiques por completo al personaje y le ofrezcas la posibilidad de hacer algo que sea totalmente contrario a lo que harías tú, es verdad que como la base siempre he querido que fuera lo más real posible, al final me identificas con el tipo.

-¿Ese maremangum de pensamientos que 'atacan' a Abel y no le dejan descansar ni 20 minutos también le ocurren?

-Afortunadamente ya no tanto. Eso es lo divertido de escribir ficción. Soy alguien que ha aprendido a que eso no le suceda. Con el tiempo he ido consiguiendo hacer una especie de filtro de pensamientos: los que no me valen para nada los voy descartando, los voy bajando de volumen y ya está. Pero me divertía mucho que mi personaje no pudiera.

-La novela mezcla el humor con situaciones tan graves como la pérdida de un ser querido. ¿Cuál es el objetivo de esa dualidad?

-Tenía muy clara la sensación de que a la vida como vida le da igual lo grave que te ocurra. Es decir, lo que a ti te esté pasando en general a la vida le da lo mismo. O sea, uno tiende a pensar que el problema que está teniendo debería hacer que todo el universo se pare, le entienda y entre a favor suyo y no le interrumpa. Pero el universo tiene que seguir haciendo sus cosas porque el resto del mundo está viviendo por otros motivos. Entonces, buscar ese contraste ha sido a propósito.

-La novela además también presenta a la abuela como refugio para Abel, pero a la vez como a la persona que no ha visto en los últimos veinte años. ¿Es una llamada para que estemos más presentes en la vida de los que nos quieren?

-No, ni mucho menos. Cada uno tiene las relaciones que se van creando a lo largo de su vida. No soy de esos tipos que creen que hay una cosa general para todos. Lo que sí me apetecía era explorar un poco ese momento en el que no sabemos muy bien cuánto queremos o no a alguien. Hay ciertas relaciones que damos por sentado que son así, que a lo mejor les quieres y ya está. Me apetecía investigar un poco más en ese terreno, pero no pretendía hacer un llamado a la gente para querer a tu familiar sí o sí. Me resulta más interesante el investigar si les quieres o no les quieres y no dar por sentado las cosas.

-¿Ha cambiado la novela su manera de relacionarse con las personas que quiere?

-La verdad es que no. Hace ya muchos años que a la gente que me importa ya se lo demuestro con mucha antelación. Me aseguro que lo tengan muy claro desde hace mucho tiempo. Ya cometí el error de no demostrárselo a ciertas personas. No de ninguna forma grave ¿eh? Simplemente, de repente te das cuenta y dices: «Ay, pues a lo mejor esta persona no tuvo muy claro que la quise». Y es entonces cuando te das cuenta de que no quieres que eso vuelva a pasar e inmediatamente reconfiguras las cosas.

-¿Qué recuerdo familiar conservaría si solo pudiera quedarse con uno?

-Supongo que el recuerdo familiar que trataría de mantener intacto es el que solemos tener casi todos cuando somos pequeños, donde nos parece que todo está bien en la familia. O sea, donde te parece que todo el mundo se lleva bien con todo el mundo, porque cuando eres mayor empiezas a descubrir ya las intrahistorias de la familia. Cuando eres niño, si tienes un poco de suerte, como ha sido mi caso, la familia parece un mundo idílico. Es como si fuera siempre Navidad cuando eres crío.

Tenemos la sensación de que estamos muy conectados con todo el mundo y, sin embargo, también creo que es el momento donde más solos estamos

-La novela también habla del miedo a la soledad y el tema de no saber estar solos con nosotros mismos. ¿Hasta qué punto estamos construyendo vidas que después no vamos a poder sostener?

-En la novela hay momentos donde hablo de la incomunicación y la forma de relacionarnos con las cosas digitales, de hablar entre nosotros, etcétera. Tenemos la sensación de que estamos muy conectados con todo el mundo, porque puedes mandar un mensaje o te parece que con una red social puedes poner no sé qué y alguien te da me gusta y estás superconectado. Y, sin embargo, también creo que es el momento donde más solos estamos con nosotros mismos. Entonces, claro, para evitar eso, lo que hacemos es coger el móvil y ponerte a mirar cositas. Nos cuesta mucho estar a solas con nosotros mismos. Es verdad que asusta un poco, porque probablemente, te obliga a reflexionar sobre si estás construyendo la vida que quieres o no, y eso, a lo mejor genera vértigo.

-¿Qué cree que va a ser más difícil recuperar dentro de unos años: nuestra privacidad, nuestra atención prolongada o nuestra capacidad para pensar por nosotros mismos?

-Saber qué nos interesa de verdad. Creo que ahora mismo una de las cosas que sucede es que entras en Internet a buscar algo muy concreto, lo encuentras y sales de ahí. Y por otro lado, ahora mismo lo que suele ser más habitual es que abres los ojos, coges Internet y entras en algún medio a ver qué están diciendo. Entonces, no eres tú quien decide sobre lo que quieres pensar nada más abrir los ojos. Decides que sean otros los que te digan sobre el tema que tienes que pensar ese día. Entonces, recuperar la capacidad de pensar por nosotros mismos y decidir qué cosas nos interesan, nos gustan y nos preocupan de verdad, probablemente vaya a ser más difícil.

-¿Qué hábitos le gustaría recuperar de cuando Internet no existía?

-Los he recuperado todos, estoy muy tranquilo en ese aspecto. Me siento muy en paz. Me falta recuperar un poco el tocar el piano, pero he conseguido recuperar la lectura, la escritura, el salir a pasear con los perros, el estar tranquilo, el hablar con amigos, las cosas importantes decírnoslas a la cara... O sea, he conseguido recuperar todas esas cosas que tenía la sensación de que estaba perdiendo.

-¿Por qué hay más miedo a decir las cosas bonitas a alguien y menos a decirle las malas?

-Porque te expones, porque de repente te muestras e interpretas que el otro va a tomar ese gesto como que eres frágil. Te montas una película acerca de lo que va a interpretar el otro. O que porque a veces también nos da miedo no ser correspondidos en la misma cantidad. Pero supongo que es única y exclusivamente por eso, el miedo a ver si se van a pensar que soy débil y van a usar esto contra mí.

-¿Existe una banalización de la salud mental cuando llamamos hoy en día 'trauma', 'ansiedad' o 'depresión' a experiencias que forman parte de las dificultades normales de la vida?

-Supongo que eso depende de cómo le afecten a cada uno. El grado de dolor o ansiedad que le pueda provocar a uno cierta situación no tiene por qué ser el mismo grado de dolor que esa misma situación le genere a otro. Entonces, lo que a mí me puede parecer que no es un motivo para que la cabeza estalle, para otra persona quizás sí lo es.

-¿Cree que se ha avanzado en la forma de hablar sobre salud mental?

-Creo que hay mucha más facilidad para hablar. La gente tiene un poco menos de apuro, aunque yo no soy una buena pista porque tras la publicación de Por si las voces vuelven conmigo la gente se ha abierto mucho.

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