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Pedro Sánchez, con Pedro Almodóvar en un homenaje a Almudena GrandesEFE

Los tres manifiestos de la vergüenza de la «cultura» española a favor de Sánchez, ¿habrá un cuarto?

El primero fue en 2023, con motivo de las elecciones generales, el segundo en 2024, después de la apertura de diligencias contra Begoña Gómez, y el tercero en 2025, tras el estallido general de los escándalos de corrupción del círculo partidista y familiar más cercano al presidente

En julio de 2023, a pocos días de las elecciones que se celebraron el día 23, cientos de personajes de la llamada «cultura» española firmaron un manifiesto titulado ¡A las urnas las ciudadanas y los ciudadanos! En él llamaron a la movilización masiva para el voto nombres como los siguientes, habituales por otro lado:

Pedro Almodóvar, Joan Manuel Serrat, Luis García Montero, Javier Bardem, José Sacristán, Lola Herrera, Juan Diego Botto, María Barranco, Carmen Machi, Juan Echanove, Rozalén, Rossy de Palma, Javier Cercas, Leonor Walting, Aitana Sánchez Gijón, Rosa Montero, Anabel Alonso, Héctor Alterio, Alberto San Juan, Andreu Buenafuente o El Gran Wyoming, entre otros.

El apoyo expreso y concreto a última hora venía con la cantinela con la que continúa tres años después: la lucha contra la «ultraderecha» y la defensa delirante del entonces Gobierno de coalición de PSOE y Podemos, al que asociaban con un «resultado muy favorable», con «avances sociales, crecimiento y estabilidad del empleo». El tiempo no les dio la razón a los firmantes con la ruptura de la coalición por el PSOE, que la sustituyó por otra aún peor: con todos los independentistas.

Los firmantes no solo no protestaron por esta contradicción, sino que, menos de un año después, tras la apertura de diligencias judiciales contra Begoña Gómez, por lo que el presidente organizó una tragicomedia por una supuesta campaña de «acoso y derribo» de la oposición, los mismos firmantes acudieron a la señal.

Sánchez decidió tomarse cinco insólitos días de «reflexión» para decidir si continuaba o no como presidente, en cuyo ínterin, el grupo escribió y firmó otro manifiesto «Por la decencia democrática» que leyó en acto ad hoc el siempre atento director del Instituto Cervantes, Luis García Montero.

La banda de la cultura organizada denunció una «política de la crispación» y clamó por la «legitimidad democrática y la convivencia», simplemente porque los jueces encontraron indicios de delitos en las actividades profesionales de la mujer del presidente, empezando a convertir la cuestión en el inefable vodevil que es hoy en día.

Y, vuelto Sánchez después de la pantomima y el correspondiente manifiesto acompañante de sus acólitos estos, otro año después, volvieron a escribir y a firmar un nuevo manifiesto de rescate a Sánchez para mostrar un inconcebible apoyo tras el estallido de los escándalos de corrupción que aún rodean al presidente, desde sus hombres de confianza y jefes de organización del partido (Cerdán, Ábalos, Koldo...) a su mujer y su hermano.

Entre estos nuevos firmantes estaban los mismos de 2023 (menos Javier Cercas) y en el texto denunciaban «el ataque, desde todos los frentes conservadores y reaccionarios, al Gobierno de coalición progresista y su presidente», lo que, segun ellos, se asemejaba «más a una conspiración para derribar a un gobierno legítimo que a la crítica política propia de un sistema democrático».

También señalaban que «una parte muy importante de los medios de comunicación y redes sociales han desatado una orgía de falsas noticias o medias verdades con el fin de crear un clima político irrespirable, que no se compadece con la situación del país».

Toda una profusa diatriba que coincide exactamente con el discurso del Gobierno cuyos escándalos aparecidos hace más de un año se han ido confirmando, a la espera de que se inicien los procedimientos o juicios en el resto.

Hasta el momento actual, la citada «orgía de falsas noticias o medias verdades» ha resultado ser precisamente falsa, lo que invita a razonar que el «clima político irrespirable» es responsabilidad de quienes dijeron que era irrespirable y no de a quienes estos acusaron de hacerlo irrespirable.

A los escándalos de corrupción se refirieron de este descarado modo: «Los supuestos delitos cometidos por exsecretarios de organización del PSOE son graves y denotan crasos errores, sin embargo es inadmisible que un Gobierno, democráticamente elegido, caiga por un informe de la Guardia Civil, antes de celebrarse un juicio con todas las garantías».

La traca final llegó con la muestra de «apoyo a la continuidad de la legislatura, encabezada por el Gobierno de coalición progresista, con un programa actualizado de medidas contundentes y concretas contra la corrupción, con avances sociales y en derechos civiles, que mejoren la vida de la ciudadanía».

Un apoyo que continúa intacto, independientemente de los delitos ya probados, la corrupción conocida y demostrada, los retrocesos sociales y el pisoteo de los derechos civiles. Esta es la «cultura» española de los tres manifiestos de la vergüenza por los que es más que previsible pensar que está a punto de llegar el cuarto.