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24 de julio de 2024

Manuel Borja-Villel y la consejera de Cultura de la Generalidad de Cataluña, Natalia Garriga

La consejera de Cultura de la Generalidad de Cataluña, Natalia Garriga, y Manuel Borja-VillelEFE

Borja-Villel, ideólogo de la descolonización, presenta su proyecto ideológico para «repensar» los museos catalanes

La Generalidad contrató al exdirector del Reina Sofía como asesor de los museos de Cataluña sin ninguna función concreta que ahora se aclara

Manuel Borja-Villel, comisario artístico y exdirector del Museo Reina Sofía da vueltas y vueltas sobre la misma idea desde hace tiempo. Dalí, que era un artista y no un político del arte, daba vueltas, por ejemplo, en torno al huevo o al rinoceronte. Como el curador, como dicen ahora, no tiene qué pintar, que es casi como decir que no pinta nada, decidió en su día, y a eso se dedica, dar vueltas y vueltas sobre la idea de «repensar» los museos en Cataluña en calidad de «asesor».

Se trata mayormente de inventarse un nuevo camino que no hace falta, aunque él, por supuesto, crea que sí, y no es improbable que tampoco lo crea, sino que solo lo quiera llevar a cabo para tener algo que decir y hacer, y que además le paguen (muy bien) por ello, casi el objetivo de una vida, más exactamente: «repensar el esquema museístico».

Cuántas más palabras se añadan en las frases que se utilizan para definir los propósitos, mejor. Así nadie se entera de nada y es más fácil seguir adelante con una verborrea como de Antonio Ozores, pero progre y «artística», aunque no mucho, más bien política e ideológica en medio de la confusión generada. Si uno lo piensa bien, «repensar» los museos es una buena idea para no tener que trabajar en ellos. Como el niño y las construcciones de juguete, que se divierte más, porque es más fácil, destruyéndolas que construyéndolas.

Es una técnica que utiliza incluso mejor que Borja-Villel su sucesor en el Reina Sofía, Manuel Segade, autor de textos y discursos asombrosos que ocultan finalidades que a la fuerza son doctrinarias, ya que no lo son artísticas. Museu habitat es el nombre que ha pergeñado para un proyecto que consiste en no hacer nada, o en nada más que «reflexionar sobre la transformación de los museos» a través de una serie de exposiciones cuyos títulos o nombres bien podría haber recitado, para solaz del oyente, Luis Sánchez Pollack, «Tip» en la «investigación militante» o en la «praxis transformadora».

Borja-Villel quiere abrir los museos catalanes a «nuevas formas de pensamiento». Dichas exposiciones se proponen abordar «temas de análisis centrales para la concepción de un nuevo modelo de museo como las fronteras, la redistribución, la memoria y el archivo, y la industrialización y la colonialidad». Parece ininteligible, pero en realidad está muy claro. Hay palabras clave, «colonialismo», «memoria», siempre lo mismo aunque se trate de hacer ver que es nuevo. Otra exposición va a reflexionar sobre «procesos extractivos y memoria material tomando como caso de estudio el papel de Cataluña en diferentes campañas coloniales».

En realidad es lo mismo, si se atiende sin demasiada atención: «Colonialismo» y «memoria». Toda esta reflexión propuesta por Borja-Villel como asesor de los museos catalanes va a durar hasta 2026, con congresos y debates. Otro de los hitos será cuando distintos colectivos traten «diversos temas cruzados por el hecho artístico: formas de relación entre cuidado y cultura, la comensalidad, la decolonidad, el tránsito ecosocial o lo rural, entre otras». Un surrealismo de conceptos que la consejera de Cultura, Natalia Garriga, acogió ayer con entusiasmo en la presentación, acompañada del inefable artífice que da vueltas, como Dalí alrededor de los huevos y los rinocerontes, alrededor del colonialismo, la memoria y también, no faltaba más, el patriarcado.

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