07 de octubre de 2022

Portada de «Platero y yo» de Juan Ramón Jiménez

Portada de «Platero y yo» de Juan Ramón JiménezAlianza Editorial

«Platero y yo»: sencillez, belleza y costumbrismo

Un clásico reciente, muy habitual entre las lecturas escolares, pero con una profundidad trágica nada infantil

platero y yo portada

Alianza editoria / 216 págs.

Platero y yo

Juan Ramón Jiménez

Dos asnos se disputan el título de «más famoso» en la literatura española: el rucio de Sancho Panza y Platero de Juan Ramón Jiménez. Este segundo animal cuenta con la ventaja de ser protagonista de su propia obra, mientras que la montura del quijotesco escudero viene y va durante toda la novela, un asunto que ha dado pie a no pocos estudios.
El poeta andaluz firmó en prosa lírica su obra más conocida. Platero y yo es un clásico que refleja a través de 138 estampas una amplia variedad de asuntos cotidianos que se mezclan con las reflexiones que Juan Ramón Jiménez comparte con ese compañero suyo «tan blando por fuera, que se diría todo de algodón».

Platero se me ha rendido como una adolescente apasionada. De nada protesta. Sé que soy su felicidad. Hasta huye de los burros y de los hombres...Juan Ramón Jiménez, «Platero y yo»

La sencilla belleza con la que el Nobel de Literatura relata los pasajes han convertido este librito en una lectura habitual en los colegios. Queda la duda de si un acercamiento demasiado temprano a Platero y yo resta capacidad para captar algunos de sus múltiples e interesantes matices. Pese a todo, la maravillosa utilización del lenguaje y el abanico de recursos que despliega Juan Ramón Jiménez pueden ayudar al despertar literario de muchos jóvenes.
Cada lector descubrirá en Platero y yo imágenes diferentes y se decantará por unas u otras. En algunas se vislumbra una sutil crítica social al tiempo que se evidencia la dureza con la que se vivía en la España rural de principios de siglo XX, en otras se redefine el tópico del Beatus ille y también hay cantos al amor, la amistad, la familia o la muerte. Las sonrisas se tornan en lágrimas con el paso de una estampa a otra, un recorrido que puede ser inverso una página más allá.
Descubrir a Platero es fascinante, releerlo también lo es. Este clásico español es de esos que se pueden disfrutar de dos sentadas u optar por sorbitos cortos, degustando cada una de las palabras que utiliza el poeta de Moguer para explicar el mundo ante su asno. Platero y yo propicia una lectura tranquila y reposada que nos recuerda el valor de lo sencillo y la belleza, a veces cruel, de lo cotidiano.
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