Portada de «La memoria del alambre» de Bárbara Blasco
«La memoria del alambre», una ruta nihilista hacia ninguna parte
Tusquets rescata la novela «La memoria del alambre» a la que da una segunda vida tras conceder su premio editorial a la autora, Bárbara Blasco
Tusquets nos presenta una reedición de la novela «La memoria del alambre», de su flamante ganadora del premio homónimo, Bárbara Blasco, por «Dicen los síntomas».

Tusquets / 192 págs.
La memoria del alambre
«La memoria del alambre», que apareció por primera vez en 2018 en la editorial Che Books, cuenta las andanzas de dos chicas adolescentes en la Valencia de los años 80, poco antes de que las drogas de diseño y la música makina arrasaran a toda una generación de jóvenes.
Las protagonistas, la narradora anónima y su mejor amiga, Carla, echan a perder sus vidas en discotecas entre alcohol, sexo promiscuo y drogas a sus poco más de 14 años.
Desarraigadas de sus familias, se dejan caer sin pensar en las consecuencias en un pozo sin fondo de hedonismo y nihilismo.
La novela sigue los pasos de las «Historias del Kronen», de José Ángel Mañas, «Lo peor de todo», de Ray Loriga, y con ecos beat de Jack Kerouac.
Sin embargo, a diferencia de todas ellas, «La memoria del alambre» padece una imperdonable falta de honestidad para convertirse en una tediosa sucesión de tópicos.
Bárbara Blasco trata de presentar a sus protagonistas como personas que, al igual que los «Kronen» de Mañas, se dejan arrastrar en una espiral nihilista.
Como el protagonista de la novela de Loriga, Carla y su amiga anónima desprecian todo convencionalismo y muestran una absoluta indiferencia por lo que les rodea.
Y como los protagonistas de «En la carretera» de Kerouac, las protagonistas de «La memoria del alambre» viven en una carrera autodestructiva.
Pero en todos esos ejemplos hay un «porqué». En «La memoria del alambre» no se entiende ese «porqué», las protagonistas son incoherentes, su historia no resulta creíble (por mucho que los hechos que narran sean el día a día de tanta gente) y el lector es incapaz de identificarse ni con la narración ni con los personajes.
La novela a ratos aburre y a ratos resulta incomprensible
La novela a ratos aburre y a ratos resulta incomprensible. Mete con calzador explícitas escenas sexuales con el objetivo de subrayar la sordidez de la vida de las dos adolescentes, pero sin que aporte nada más.
Los diálogos en ocasiones producen auténtica vergüenza ajena, como la insulsa y superficial conversación en un bar entre la protagonista y sus compañeros sobre la existencia de Dios y el sentido de la religiosidad.
Tras terminar la novela, el lector experimenta una sensación de vacío por haber perdido el tiempo con un libro que no vale la pena. Por suerte, es una novela bastante corta, no llega a las 200 páginas.
En conclusión, si se quiere perder el tiempo con un libro, mejor recurrir a las más de mil páginas de la «Broma infinita» de David Foster Wallace. Tampoco aporta nada, pero al menos proporcionará al lector semanas (o meses) de literatura magistral.