25 de septiembre de 2022

Asesinato en el Hotel Paradise (XV)

Calisto Wagner fue hallado muerto a escasos diez minutos de terminar su discurso

Ilustración capítulo XV

Lu Tolstova

2 de agosto, 18:00
–Menudo figura.
Silvia sostenía las fotos que le había entregado Irene correspondientes a su prematura investigación del sevillano. Aunque sorprendida por la ligereza con la que había dado con algo jugoso, no pudo más que pensar en que aquello sería argumento vital para que el juez les concediera una orden con la que pudieran registrar las últimas operaciones del economista.
–Según mi contacto en Los Ángeles, llevan tras la pista de Manzanares durante algún tiempo, a la espera de que se persone en la ciudad para interrogarle. Las fotografías pueden despejar alguna incógnita sobre su relación con Wagner.
Silvia volvió su mirada a las instantáneas.
Primera: Se reconocía a Fernando Manzanares entrar en un hotel con un grupo de reconocidos banqueros y algún político de la zona.
Segunda: Manzanares charlaba en el bar con una mujer y se podía entrever cómo le pasaba un sobre abultado.
Tercera: de días más tarde, la mujer entraba en el hotel junto a cinco mujeres.
Cuarta: una foto a una pizarra que relacionaba a las cuatro mujeres de la tercera fotografía con una red ilegal de escorts de lujo extendida en el estado de California.
Se planteó una hipótesis. ¿Y si Ludwig había pactado con Manzanares trasladar esa red ilegal dirigida a peces gordos de la sociedad en sus hoteles? Si tuvieron la mínima sospecha de que la policía iba detrás de ellos quizás quisieron cambiar la localización al nuevo hotel de Madrid. Más cerca de casa para Manzanares. Siguiendo con las conjeturas, en caso de que Calisto lo averiguara y no quisiera formar parte de la treta…
–Envíaselas al juez. Llámame con cualquier noticia y ¡gracias, Irene!
Siguió aplaudiendo a su compañera hasta que el pensamiento de Ludwig se afincó en su cabeza mientras marcaba su número por tercera vez. Si no era uno, interceptaría al segundo. Así que se puso en marcha hacia el ya más que reconocido olor dulce y almendrado del Paradise.
–¿Ha llegado Wagner?
Ángel negó con la cabeza.
–¿Y Fernando?
–Nadie inspectora.
Esta chasqueó la lengua. Necesitaba hacer tiempo. Deambuló hasta el salón El Escorial y retomó los hechos.
Calisto Wagner fue hallado muerto a escasos diez minutos de terminar su discurso.
–10 minutos…
Se cronometró evacuando el salón, y recorriendo el tramo que juntaba a este hasta llegar a la puerta que conducía al cuarto del crimen. Tuvo que empujarla con fuerza ya que la madera chirriaba al contacto, probablemente ensanchada por el calor. Miró su reloj: ocho minutos.
Si se le añade un minuto de la ejecución del crimen dan nueve minutos y si se le añade uno más para salir… entonces tuvo que haberse encontrado por narices a Julieta y a Ludwig. El nuevo director gozaba de la buena fortuna de no ser tan capaz de mediar palabra. Tiene la sangría un pase, encajaba con el perfil del asesino, pero ¿Julieta? Ella fue la que dio la voz de alarma y estaba completamente consternada. Apenas había conseguido arrancarle una declaración coherente. Apuntó mentalmente hablar con ella. Sin embargo, algo no cuadraba del todo. Si Ludwig era el asesino tuvo que entrar antes y Julieta lo hubiera visto… a no ser que…
Silvia se ajustó unos guantes de látex y empezó a revisar palpando las paredes de aquella habitación pequeña llena de baúles, estanterías de libros y sillas desperdigadas con ropa encima. Se topó con una de las librerías bajas que andaba algo coja. Se agachó para colocarla en su sitio cuando notó una satisfactoria corriente de aire.
–Bingo.
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